SOCIEDAD › OPINION

Sanciones educativas

 Por Mara Brawer *

Restituir la autoridad del adulto es una tarea que como sociedad tenemos pendiente.

En la escuela, esta tarea implica trasmitir en acto a los jóvenes que los límites sostenidos por el adulto no son arbitrarios, sino que están fundados en el cuidado.

Cuando un niño, joven o adulto trasgrede algún tipo de norma tiene consecuencias, por lo tanto los niños y jóvenes deben aprender que las trasgresiones tienen consecuencias, ya sea en la vida, en la escuela o en la calle. A veces esas consecuencias acarrean una sanción. En este sentido, lo importante es que las sanciones o amonestaciones –no importa el nombre que les demos– sean educativos, que ayuden a las modificaciones de las conductas. Para que una sanción sea educativa no tiene que ser arbitraria, sino producto de las reglas que rigen en la sociedad y en la institución.

Por esto, las sanciones no sólo no están mal sino que en muchos casos son necesarias; porque abren la posibilidad de que el joven comprenda que en la escuela como en la vida no se puede hacer cualquier cosa, porque se vive en sociedad y esto implica reglas que hay que respetar.

¿Cuándo una sanción es educativa? En primer lugar, cuando el límite no es un fin en sí mismo, sino que está dentro de un proceso educativo, cuando percibe que la trasgresión que se le marca y por la cual se lo sanciona no es el resultado del capricho del docente, sino que es producto del consenso de todos. En segundo lugar, cuando previamente a la sanción se les da la palabra a los involucrados y se los escucha. Por último, una sanción es educativa cuando no implica en ningún caso la expulsión del alumno del sistema educativo. Frente a un hecho grave, es posible pensar en un cambio de escuela, porque nunca la sanción debe ser que un chico no concurra a la escuela. En nuestro país la educación es obligatoria hasta la secundaria y como Estado debemos cumplir con esta obligación.

Es mucho lo que tenemos que hacer los docentes para recuperar y consolidar nuestra autoridad. Pero no nos volvamos a equivocar, es a través del reconocimiento a los niños y jóvenes en sus derechos y singularidades; transmitiendo la pasión por el conocimiento, y sosteniendo los límites necesarios para su crecimiento es que vamos a reestablecer nuestra autoridad docente.

* Coordinadora del Programa para la Construcción de Ciudadanía en la Escuela. Ministerio de Educación de la Nación.

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