SOCIEDAD › LA VIDA DE LOS TREINTA Y TRES SOBREVIVIENTES DE LA MINA CHILENA SAN JOSE A UN AÑO DEL RESCATE

“Héroes” sin trabajo y desconcertados

Ninguno se hizo millonario, la mayoría sufre estrés postraumático, algunos de los más jóvenes debieron regresar a las minas, otros trabajan de verduleros o dan charlas sobre supervivencia en universidades y empresas.

 Por Emilio Ruchansky

Darío Segovia, uno de los sobrevivientes, con su camioneta de la verdulería.
Imagen: AFP.

El primer aniversario del derrumbe en la mina chilena San José encuentra a gran parte de los 33 héroes sin trabajo y desconcertados. Algunos volvieron a las labores mineras. El más joven, Jimmy Sánchez, sufre crisis de pánico y está desempleado; Yonni Barrios, el de las dos esposas, se puso un almacén en su casa, y Juan Illanes, vocero del grupo, vive de changas: “Doy charlas motivacionales en universidades, empresas y colegios”, contó a Página/12. “Para mí no corresponde conmemorar esta fecha, los tragos amargos se toman una sola vez”, opinó Illanes, aunque iba en camino a la misa en la ciudad de Copiapó, epicentro del fabuloso rescate. Varios mineros enjuiciaron al Estado y a la minera San Esteban. “Todavía tengo problemas psicológicos, no puedo dormir, sigo con deudas y no tengo trabajo”, aseguró hace poco Pedro Cortés, de 26 años, quien decidió poner a la venta la moto Kawasaki Ninja que le regaló, como al resto, la marca japonesa. Lo hizo para pagar sus estudios de mantenimiento eléctrico en el instituto Benjamín Teplizqui. Aún vive con sus padres. Cortés se encargó de desmentir que los 33 se hicieron millonarios tras el rescate y reconoció que los viajes que hicieron a Estados Unidos, Grecia, Inglaterra o Israel “son lo único bueno”. Por esas visitas, solventadas por gobiernos o instituciones privadas, no habrían recibido pago alguno.

Pasado el furor mediático y los 10 mil dólares que cada uno recibió del empresario chileno Leonardo Farkas, curiosamente varios sobrevivientes se dedican a vender frutas y verduras. Lo hacen Omán Araya y Darío Segovia en un mercado popular de Copiapó, a 800 kilómetros de Santiago. Por allí suele pasar Barrios, para ofertar lo que no vende en su almacén. Le acaban de detectar silicosis, producto de sus años en las minas. También Víctor Zamora tiene verdulería: la armó en el living de su casa en Tierra Amarilla, un pueblo minero cerca de Copiapó.

Muchos de los 33 héroes siguen sufriendo estrés postraumático y aún no recibieron el alta médica. “Por ignorancia algunos no saben que pueden volver a trabajar”, comentó Illanes ayer. “No hace falta que cobren el finiquito (la indemnización) de la minera para que puedan buscar trabajo, tienen que renunciar a la vinculación con la empresa, sólo eso. Y no van a perder el finiquito por eso”, dijo el minero, oriundo de la sureña ciudad de Chillán. La minera San Esteban, dueña de la mina derrumbada, se declaró en quiebra y se excusó de pagar lo adeudado a 240 mineros, entre ellos los 33 titanes, como se los apoda en Chile.

Sin embargo, hace una semana la Empresa Nacional de Minería (Enami) anunció que pagará los finiquitos de la compañía minera. Se haría mediante un crédito a la empresa, aunque “para poder cumplir con este paso tenemos que tener la aprobación de los acreedores”, afirmó el ministro de Minería, Hernán de Solminihac. San Esteban canceló una cuota y media y de las tres que debía, mientras afronta el juicio millonario que el propio Estado chileno le inició para cubrir el costoso rescate.

Además de Illanes, Luis Urzúa, Samuel Avalos, Omar Reygadas, Jorge Galleguillos, Mario Sepúlveda y Claudio Yáñez dan charlas motivacionales y de seguridad en el trabajo para sobrevivir. Los mineros esperan aún que se resuelva la demanda contra el Estado chileno por no controlar las condiciones laborales en la mina, donde estuvieron atrapados casi 70 días. En total, cada uno recibiría 535 mil dólares si resultan favorecidos. Buena parte de la sociedad chilena los criticó por esta demanda, tildándolos de “desagradecidos” con el gobierno, que organizó el rescate. Según consigna la prensa chilena, catorce de los 33 pidieron jubilarse anticipadamente. Otros, acorralados por la situación económica, volvieron a las minas. Es el caso de Claudio Acuña, que regresó como pirquinero, es decir, como trabajador independiente y con métodos más artesanales. También Florencio Avalos lo haría “porque se postuló para un trabajo en las minas”, comentó Illanes. El boliviano Carlos Mamani descartó una oferta laboral en su país y vive en un barrio pobre de Copiapó, donde se mantiene haciendo changas.

El único que consiguió explotar la fama conseguida fue Mario Sepúlveda, conocido como “Supermario”. Ya el mismo día del rescate, el 13 de octubre del año pasado, fue entrevistado por el canal trece de Chile. Junto a su esposa, Elvira, montó una empresa para dar conferencias y compraron campos. No es ningún secreto que Supermario fue el que más dinero ganó dando entrevistas a canales nacionales y extranjeros.

El proyecto de armar una fundación que contenga los intereses de los 33 es un misterio. Está en manos del prestigioso estudio de abogados chilenos Carey y Asociados, donde parecen más ocupados en los derechos de un libro con la historia completa (hasta ahora no se contó buena parte de lo ocurrido 700 metros bajo tierra) y una película que ni siquiera comenzó a rodarse.

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