SOCIEDAD › LOS TABUES Y MITOS EN TORNO DE LA MENSTRUACION

“La industria necesita que sintamos vergüenza”

La investigadora Eugenia Tarzibachi explica el sentido del Día Mundial de la Higiene Menstrual, que se celebra mañana. Salud femenina, derechos humanos e intereses económicos.

 Por Mariana Carbajal

El calendario internacional tiene una nueva efemérides: desde hace dos años se celebra, cada 28 de mayo, el Día Mundial de la Higiene Menstrual, una fecha con poco glamour, pero que apunta a despertar conciencia sobre la desigualdad en el acceso a normas básicas de higiene entra la población más desfavorecida de chicas y mujeres, y sus consecuencias. En una entrevista de Página/12, la psicóloga y becaria posdoctoral del Conicet Eugenia Tarzibachi, estudiosa de la temática, analiza los tabúes y mitos en torno a la menstruación, y el papel de la industria farmacéutica y de toallas femeninas, y destaca la importancia de esta conmemoración. “En situaciones de catástrofes, como las inundaciones, o en las mujeres privadas de su libertad, el Estado provee pañales para los bebés, pero nadie les brinda a las mujeres, por ejemplo, toallas femeninas”, destacó.

Para Tarzibachi, la fecha es “una oportunidad de visibilidad social” para incorporar la gestión menstrual “como tema de agenda dentro de las políticas locales, jurisdiccionales y nacionales vinculadas a la salud y derechos humanos en general de las mujeres”. Tarzibachi es especialista en Educación y doctora en Ciencias Sociales (UBA). Su tesis doctoral constituye el primer estudio cultural sobre la menstruación en Argentina. Como becaria posdoctoral se desempeña en el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. ¿Por qué se eligió el 28 de mayo? Mayo es el quinto mes del año, representa los 5 días que dura la menstruación en promedio cada mes. Y el 28 representa el número promedio de días de un ciclo menstrual completo, explicó a este diario. La fecha coincide con el Día de Acción por la Salud de las Mujeres, una jornada del calendario feminista para reclamar en Latinoamérica la despenalización y legalización del aborto (ver aparte).

El Día Mundial de la Higiene Menstrual surgió a partir de una campaña de comunicación llevada adelante en 2013 por la organización WASH United, con sede en Berlín, para visibilizar cuántas mujeres en el mundo aún no acceden a formas de gestión de la menstruación seguras. “Si bien el trabajo de WASH está concentrado en las zonas del mundo con peor acceso a estos servicios básicos, particularmente Sudáfrica y el sur de Asia, el éxito de la campaña derivó en que un año más tarde se instaurara la conmemoración como un modo de establecer un llamamiento a todas las mujeres, las organizaciones sociales, los medios de comunicación que permita visibilizar la cuestión de la gestión de la menstruación y el etiquetamiento aún vigente en torno a ese proceso fisiológico del cuerpo de las mujeres”, contó Tarzibachi.

–Llama la atención que vuelva sobre la cuestión de la suciedad asociada a la menstruación…

–Sí, resulta desafortunado que se refieran a la “higiene” menstrual para intentar conmover el tabú. Ese significante continúa reproduciendo un modo de cargar de sentidos al cuerpo de las mujeres por su condición de menstruantes, muy presente a lo largo del siglo XX en el discurso comercial de la industria de toallas y tampones descartables sobre un cuerpo sucio que requería limpieza. En mi investigación doctoral consideré críticamente la cuestión de lo sucio como Mary Douglas lo hizo; es decir, como un cuerpo “fuera de lugar” desde el rasero normativo del cuerpo masculino, amenstrual. Tal vez sería más interesante incluirlo dentro de la agenda de educación y salud sexual y reproductiva. Muchas adolescentes y mujeres adultas en el mundo aún no tienen acceso a tecnologías de gestión menstrual seguras, ni pueden anticipar qué les ocurrirá y por qué en la primera menstruación así como las consecuencias que ello tiene en sus vidas reproductivas. Otras, la mayoría de las mujeres que vivimos en grandes ciudades, recibimos siempre el mismo relato sobre qué es la menstruación, íntimamente vinculado a la maternidad, potencial o no acontecida. Otros discursos podrían ser posibles para explicar qué es la menstruación. Y también, por omisión, entendemos que es algo que debemos esconder muy bien.

–¿Cuáles son los discursos sociales en torno a la menstruación?

–El nacimiento de la ciencia moderna produjo un discurso de notable consistencia hasta nuestros días sobre qué es ese proceso fisiológico. A fines del siglo XIX proliferaron teorías sobre la necesidad del descanso durante la menstruación. A comienzos del siglo XX, esas explicaciones comenzaron a cuestionarse. Las teorías de las hormonas sexuales profundizaron la construcción del cuerpo natural. Y la insistencia en la normalidad de la menstruación, a partir de criterios promedios, supone lo patológico frente a cualquier corrimiento de esa norma. Y la industria de “cuidado personal femenino”, productora de toallas y tampones descartables, se apoyó en el discurso de la ciencia médica moderna a lo largo del siglo XX. Y colaboró de forma sinérgica a difundir la menstruación como algo normal y deseable pero que debía ocultarse eficientemente para adecuar a esos cuerpos a una norma de aceptabilidad social.

–¿Hacia dónde vamos ahora?

–Desde fines del siglo pasado algo nuevo está ocurriendo y es en lo que me estoy concentrando en mi investigación posdoctoral. Por un lado, la industria farmacéutica productora de métodos anticonceptivos comenzó a comercializar los métodos “de última generación” que produce la supresión de la menstruación en buena parte de las usuarias de esos métodos. La consideración científica que sustenta esos métodos que dejan a las mujeres amenorreicas es que la menstruación es inútil y hasta peligrosa para la salud de la propia mujer. Por otro lado, comienzan a difundirse cada vez más y también privilegiadamente entre las clases medias altas métodos reusables como la copa menstrual y las toallas lavables.

–¿La industria saca provecho del tabú y de que esté asociado a la vergüenza?

–Sí, la industria tanto de “cuidado personal femenino” como la farmacéutica capitalizó el tabú de la menstruación. La industria productora de toallas y tampones descartables necesita que menstruemos lo más posible y que sintamos vergüenza en hacerlo. La industria farmacéutica que hoy promociona en el mundo la anticoncepción de larga duración que suprime la menstruación busca que la signifiquemos como algo tedioso, inútil y hasta peligroso para nuestra salud cuando lo peligroso pareciera ser que no está demostrado a largo plazo el efecto de la supresión menstrual en nuestros cuerpos.

–¿El Estado cubre en algún país la tecnología de gestión menstrual? ¿Debería cubrirla?

–En algunos lugares los cubren. No tengo un relevamiento exhaustivo al respecto. Pienso que el Estado debería cubrir alguna tecnología de gestión menstrual –que no sea el implante subdérmico, como es hasta ahora– dentro de la canasta básica gratuita del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable. Siempre me pareció una omisión tan llamativa y armoniosa con la invisibilización social del cuerpo menstrual. Si no es posible para el Estado cubrir toallas y tampones porque son descartables, la copa menstrual es un excelente recurso y reusable; solo requeriría educación sobre el uso. Bien implementado, a mí me parecería una acción política de vanguardia.

–¿Qué consecuencias tiene en poblaciones pobres la imposibilidad de acceder a alguna tecnología de gestión menstrual?

-Parte de la campaña de WASH United se vincula a los problemas de higiene que genera para las mujeres, por ejemplo, infecciones, no tener acceso a agua potable y a toallas o tampones para contener el sangrado. Vinculado a esta pregunta, me interesa llamar la atención sobre algo que suele ocurrir en situaciones de catástrofes, como las inundaciones que recurrentemente se constatan en los últimos años en diferentes zonas de este país, o en las mujeres privadas de su libertad: el Estado provee pañales para los bebés, pero nadie les brinda a las mujeres por ejemplo, toallas femeninas.

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Eugenia Tarzibachi, psicóloga y becaria posdoctoral del Conicet .
Imagen: Bernardino Avila
 
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