EL MUNDO › LA RESISTENCIA A LA FLEXIBILIZACION LABORAL FORTALECIO A LA CGT FRANCESA

Barricadas en las calles de París

Son escenarios que parecían olvidados en el tiempo: barricadas en las calles y manifestaciones obreras. El titular de la CGT, Philippe Martínez, se fotografió prendiendo fuego una fogata en las calles.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

Philippe Martínez, el secretario general de la CGT, logró poner contra las cuerdas al primer ministro francés, Manuel Valls. Los bloqueos en la distribución de combustibles, en las refinerías, la huelga en las centrales nucleares y las 300 mil personas que salieron ayer a la calle para exigir el retiro de la ley sobre la reforma laboral son la obra social del dirigente cegetista. Aunque debieron ser medianamente aliados, Martínez y Valls son enemigos. Ambos son de origen español pero se enfrentan en el escenario francés con uno de ellos, Philippe Martínez, como principal eje de la oposición a las políticas de orientación liberal asumidas por el presidente François Hollande y el jefe del Ejecutivo. Los dos hombres representan además una transformación de sus distintas estructuras de poder. Valls es la llamada “izquierda reformista y moderna”, Martínez es la renovación de un sindicato que fue perdiendo respaldo en la clase trabajadora y que quedó herido luego de que el anterior secretario general tuviera que salir por la puerta de atrás cuando se descubrió que había gastado una fortuna para decorar su escritorio. En este combate hispano francés el jefe cegetista consiguió no sólo movilizar a la gente o acumular adhesiones significativas dentro del movimiento social sino, sobre todo, sembrar una fuerte confusión en el seno del gobierno. Aunque insistió en que no retiraría la reforma laboral, Manuel Valls dijo este jueves que podría haber eventuales “modificaciones” o “mejorías”, aunque sin cambiar por ello “el marco” de la ley, es decir, el ojo del ciclón concentrado en el artículo número dos de la ley de reforma. Hubo miembros del Ejecutivo que ahondaron en ese sentido. Michel Sapin, ministro de Finanzas, evocó un posible cambio de “rumbo” y otros dijeron todo lo contrario. Las protestas, al menos, desencadenaron una cacofonía en el seno del Ejecutivo además de las divisiones que la reforma provocó dentro de la izquierda socialista.

El conflicto social acarreó múltiples manifestaciones y perturbaciones en los ferrocarriles, los aeropuertos, los puertos, en el sector de los camioneros y en el de energía. Como en otras ocasiones, la violencia volvió a marcar las manifestaciones en varias ciudades. La CGT sigue afirmando que no cesará su movimiento y que está lista para “bloquear el país” si fuera necesario. Fuerza Obrera, un sindicato que también se aunó a las protestas, ya no exige cambios cosméticos en la reforma sino simple y llanamente “que se retire”. La confrontación entre gobierno y sindicatos no se centra en todo el texto sino en el artículo número dos de la reforma. Este, por primera vez en la historia, cambia la jerarquía de la normativa. El artículo prevé que los acuerdos salariales pactados en el seno de la empresa estén por encima de los acuerdos negociados por los sindicatos según la rama profesional a la cual pertenece el empleado. Ello, para los sindicatos, deja sin defensa a los trabajadores, los cuales se encuentran así en las manos de la empresa que puede decidir a su antojo porque la ley no la obliga a referirse a las negociaciones oficiales. Fiel a su narrativa, el jefe del Gobierno ha puesto a los sindicatos y a los huelguistas del lado oscuro de la historia, tal como lo ha hecho con la izquierda que aún tiene hondas inclinaciones sociales y a la cual retrata como pasada de moda. Valls acusa a los sindicatos de congelar la evolución y de llevar a Francia a una suerte de muerte cuya semilla son “sus aspectos conservadores”. En el lenguaje de Manuel Valls, conservador no es alguien de derecha sino quienes rehúsan que se les saquen los derechos sociales conquistados.

Philippe Martínez volvió a instalar en la calle un escenario que la tecno modernidad había casi borrado de la vida francesa:el manifestante con antorchas en la mano, los carteles en defensa de la clase trabajadora, las calles alteradas por la confrontación con la policía, las pancartas irónicas y combativas, y, también, lo imprevisible:cuando todo parecía languidecer en la aceptación de la reforma, seis franceses de cada diez dicen que no, que la oposición a la reforma laboral es plenamente “justificada”. La fuerza que fue cobrando la rebelión social dejó en la sombra al movimiento NuitDebout que nació justamente con las primeras manifestaciones contra la ley. No por nada la prensa de derecha bautizó a Philippe Martínez con el apodo de “Mister Niet”. El líder cegetista desafió al gobierno en la calle, un terreno que parecía tragado por la historia. El mismo se escenifica allí cuando se hace fotografiar prendiendo una fogata en una barricada. 5 de las 8 refinerías del país trabajan en cámara lenta mientras que 16 de las 19 centrales de Francia aplicaron la consigna de paros parciales. En el aeropuerto de Orly, 15% de los vuelos fueron anulados o sufrieron perturbaciones al tiempo que en los transportes públicos, Metros o ferrocarriles, hubo atrasos leves. Al Ejecutivo le salió un conflicto en la calle que no esperaba. La CGT armó un contra fuego que se va tornando más denso con el correr de los días y las necesidades de cada antagonista: para la CGT se trata de restaurar la palabra sindical, para el gobierno terminar de implementar una medida que los medios más liberales de la Comisión Europea le vienen exigiendo a Francia desde hace mucho. Ambas partes se juegan el todo por el todo.En sus mejores tiempos, la CGT supo contar con más de tres millones de afiliados. Hoy le quedan 600 mil. A François Hollande le falta un año de mandato. El tiempo corre en contra de ambos. Una imagen de los manifestantes resume perfectamente la situación. Unos jóvenes salieron a la calle con un cartel donde aparece el Primer Ministro Manuel Valls con la punta de una manguera de distribución de combustible en la sien. Un letrero dice:”si tocas a nuestros derechos, apoyamos en el gatillo”.

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Más de 300 mil personas en las calles para exigir el retiro de la reforma laboral.
Imagen: AFP
 
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