SOCIEDAD › UN CONGRESO EN LA ISLA POR LA LIBRE ORIENTACION SEXUAL

Cuba diversa

 Por Flavio Rapisardi *

Desde La Habana, Cuba

Se realizó en Cuba el IV Congreso de Sexología bajo el lema “Por la libre orientación sexual y la identidad de género” en el que participaron expertos, agentes de gobierno y delegados internacionales. A menos de 45 minutos de vuelo de la ciudad de Miami, que alberga al terrorista anticastrista Posadas Carriles, a quien no le tembló la mano para hacer volar un avión de Cubana de Aviación, acto criminal en el que murieron 80 personas, la isla de Cuba debate cómo concretar más derechos y libertades.

Convocado por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), dependiente del Ministerio de Salud del Consejo de Estado, una organización de vanguardia en un continente todavía temeroso de la voz clerical, Mariela Castro Espín –hija del presidente Raúl Castro– y su equipo formado por especialistas del derecho, la salud mental, la medicina y la autoorganización de gays, lesbianas y personas trans del propio centro realizaron un maratónico congreso de seis días con distintos coloquios, conferencias magistrales y talleres. Y así, desde el mismo atrio del Palacio de Convenciones desde el que Fidel más de una vez discutió el socialismo, esta vez se escucharon llamados a la construcción de una sociedad no discriminatoria hacia gays, lesbianas y trans.

Delegados y delegadas de distintos países (por Argentina participaron el Inadi, del Ministerio de Justicia/Presidencia de la Nación, y la Federación Argentina de Lesbianas, Gays y Trans) permitieron vislumbrar los contrastes suficientes como para comenzar a derribar la errada, y por qué no tendenciosa, creencia del supuesto “atraso” cubano en materia de derechos de la diversidad sexual. Además de los/as delegados/as internacionales, una inmensa red de profesionales, referentes y encargados de la salud y programas de VIH y sida de todas las provincias cubanas (Matanzas, Santiago de Cuba, Camagüey, entre otras) se llegaron hasta La Habana para actualizarse en la materia y para acordar trabajar en red el tema de la diversidad sexual en toda la isla: organización envidiable en términos de efectividad y alcance.

Y esto no evita la autocrítica, ya que nadie niega en Cuba la homofobia que en el pasado fue materializada en los dispositivos de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) a las que eran enviados los “pájaros” (gays) de la isla por su carácter “antisocial” o lejano de la “moral socialista” de los años ’70. Esta pesadilla tan cercana al sueño vaticano y al de muchos candidatos/as del Occidente conservador contemporáneo (Rajoy en España, Le Pen en Francia, la variada diversidad de candidatos evangélicos del Partido Republicano estadounidense, políticos pentecostales brasileños o nuestra derecha criolla) hoy ya es caracterizada como un error que debe ser rectificado y como el inicio de un “déficit de la revolución”, que no deja de tener una clara relación no con una supuesta idiosincrasia machista del modus vivendi caribeño, sino con los modos en que la institucionalidad política se configuró en una región marcada por la violencia, la explotación descarnada y los intentos de cambio para los que no existían antecedentes y donde el discurso del nacionalismo siempre fue necesario para frenar el saqueo, pero limitado en términos de derechos de colectivos diversos.

Este Congreso que llevó por título “Por la libre orientación sexual e identidad de género” no es el único símbolo de cambio en Cuba. Basta citar la ceremonia de casamiento de dos lesbianas (una de ellas afro), que hicieron una bella ceremonia en la mismísima sede oficial del Cenesex perteneciente al Ministerio de Salud, decorada para el evento con globos, pastel y familiares.

En este marco de novedades, el Cenesex, retomando las iniciativas de la Federación Cubana de Mujeres que supo timonear durante tanto tiempo Vilma Espín, está impulsando cambios legislativos del Código de Familia que ya están siendo discutidos en la Asamblea del Poder Popular: proyecto de ley de identidad trans para permitir el cambio de identidad de género de las personas sin necesidad de intervención quirúrgica y proyecto de ley para la legalización de las uniones de personas del mismo sexo, propuestas que aspiramos también corran la misma suerte en nuestro país durante el 2008.

Capítulo aparte mereció el tema de las y los transexuales, término que en Cuba se utiliza como sinónimo de travesti o trans. Durante el primer día de sesión, el tema de la transexualidad fue exclusivo. En un país donde el trabajo es derecho, muchas trans no necesitan estar en estado de prostitución como modo de supervivencia ante la falta de opciones reales y dignas de trabajo. Sin embargo, la discriminación de la que son objeto tiende a producir una segregación laboral a empleos en el campo de la salud, peluquería o como secretarias. Por esto el Cenesex cuenta con programas de trabajo, capacitación y mediación para personas trans a fin de procurar vencer las situaciones de exclusión y promover o tramitar algún tipo de inserción laboral o mejorar la situación en lugares de trabajo. El caso de Angely ilustra. Hermosa rubia de un metro ochenta, esta chica trans vive con su abuelo postrado de 85 años en una vieja casona de Centro Habana. Allí vive cuidando a su abuelo, trabajando y estudiando la carrera de Psicología en la que espera graduarse pronto para trabajar dando clases o haciendo clínica, esto último algo inconcebible para algunas ortodoxias psi porteñas. Pero el caso de Angely no es el único. “Mama” vive en Santiago de Cuba, y allí coordina un grupo de trans trabajando para un programa de VIH y sida alternando reuniones y territorio con su vida de pareja que lleva ya 14 años. Otras chicas como Berkin no temen tomarse la “guagua” (ómnibus) todos los días (algo todavía sometido a miradas indiscretas en nuestro país) desde el municipio Playa hasta Vedado donde funciona el Cenesex para colaborar, capacitarse y trabajar. Y Olivia, rubia platinada siempre irónica, que vive con su marido una historia de pareja de la diversidad como en cualquier punto de América latina en el mismo centro habanero.

Estas y otras historias sonaron en el mítico Palacio de Convenciones hasta el momento del cierre, cuando el viceministro de Salud, Luis Struch, sentenció que “toda persona es importante en la revolución, por lo que la orientación sexual debe ser respetada”, frase que muy pocos ministros en América latina se atreven a pronunciar por el prejuicio siempre reavivado por sotanas púrpuras o la propia autorrestricción.

Luego de los talleres y los emocionados abrazos de despedida llegó el momento de bailar la conga santiaguera (ritmo afrocubano con mucha cadera), bailanta colectiva en la que funcionarios de gobierno, activistas de la diversidad sexual, científicos de toda Cuba no temieron rozar sus cuerpos con los de las chicas/os trans, gays y lesbianas que tuvieron su momento de clímax cuando la misma artista cantó el himno gay de los ’80, “A quien le importa”, de la cantante española Alaska, mientras Angely, Mama, Berkin y Olivia bailaban felices por lo que habían logrado para Cuba y porque para lo que vendrá, y todavía es necesario conquistar, ya no están solas.

* Area Queer-Secretario de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans.

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