SOCIEDAD › JORGE SAN JUAN, DEL MUñIZ, EXPLICA ALCANCES Y RIESGOS DE LA GRIPE A

Lo que se sabe, lo que todavía no

El jefe de terapia intensiva del Muñiz advierte que la mortalidad entre los 15 y 50 años “no pasaba con la influenza estacional”. Aunque aún no puede establecerse la letalidad del nuevo virus.

 Por Pedro Lipcovich

“Este año no es como otros, cuando uno tomaba un antigripal y se iba a trabajar con fiebre: hoy es responsabilidad social no contagiar a otras personas”, advirtió Jorge San Juan, jefe de terapia intensiva del Hospital Muñiz. En su diálogo con Página/12, destacó que en esta epidemia “hay una importante mortalidad entre los 15 y los 50 años; esto no pasaba con la influenza estacional”. Además, “las complicaciones graves suelen producirse muy rápido, un par de días después de aparecer la gripe”. Esta es una de las razones por las que “hoy al que tiene más de 38 grados de fiebre y síntomas de gripe, ya lo estamos medicando con antivirales”, antes de posibles complicaciones. La letalidad del nuevo virus no puede establecerse todavía “porque es imposible saber cuántos infectados hay”. Muchas incógnitas, como la necesidad de tomar decisiones día a día, obedecen a que no hay suficiente experiencia internacional, porque la gripe A cursa su primera temporada invernal en el Hemisferio Sur: “Desde Estados Unidos, nos dicen: ‘La experiencia que aplicaremos en nuestro próximo invierno es la que hoy hacen ustedes’”.

–Cada trabajador tiene el deber de no ir a trabajar si está engripado –señaló San Juan, quien integra el comité de expertos que asesora al Ministerio de Salud de la Nación–: porque, si va a trabajar, puede perjudicar a sus compañeros. En años anteriores era distinto, todos trabajábamos engripados, “tengo un poco de fiebre, me tomo un antigripal...”. Pero este año, no. Y estaría bien que se suprimieran las publicidades de antigripales, esas que aprovechan la época invernal. La gente no debería tomar antigripales y, en cambio, cuando aparecen síntomas de gripe, aunque la fiebre no llegue a 38 grados, hacer la consulta médica.

–Pero, supongamos, el empleador que tiene trabajadores en negro, ¿aceptará esta actitud en su personal?

–Tendría que hacerlo porque, si lo obliga a ir, contagiará al resto de su personal, no va a poder trabajar ninguno y va a ser peor.

–En sedes de la administración pública donde se registraron casos, en especial si hubo algún fallecimiento, hubo quienes plantearon la necesidad de cerrar el lugar, ¿es eso pertinente?

–No tiene sentido cerrar un lugar de trabajo porque haya habido enfermos o fallecidos. Pero con ese criterio habría que cerrar todo, incluso los hospitales. En cada caso, sí, se examina y se controla a las personas que hayan estado cerca del paciente y se trata al que tuviera síntomas. Distinto es el caso de las escuelas, que pueden y deben cerrarse: son espacios cerrados donde los chicos están muchas horas y suelen tener contacto físico. Las escuelas son los lugares de mayor diseminación del virus.

–¿En cuanto a los medios de transporte público?

–En reuniones de expertos hemos planteado que se aumente la frecuencia de los colectivos y que se pongan más vagones en los subterráneos, para que no haya tanta aglomeración.

–¿Qué otra recomendación destacaría?

–Insistir en que las personas se laven las manos con frecuencia; que lleven consigo alcohol en gel y lo usen en especial después de tocar objetos de uso compartido como los pasamanos y picaportes.

–Desde otra perspectiva, algunos han objetado la importancia asignada a esta epidemia, aduciendo que la gripe estacional mata a más gente...

–El año pasado hubo unos 3000 muertos por la gripe estacional. La diferencia es que muchos eran personas de edad avanzada. Hoy es importante la franja de mortalidad entre los 15 y los 50 años, y esto no pasaba con la influenza estacional. Se puede sospechar que en la década de 1950 circuló un virus similar, con el que los más viejos estuvieron en contacto y desarrollaron inmunidad. Pero es sólo una teoría.

–¿Tampoco se puede conocer el grado de letalidad del nuevo virus?

–No: para saberla habría que dividir la cantidad de muertos por el total de casos, pero ese total de casos no se puede conocer hoy: a partir de la diseminación del virus, ya no se puede confirmar cada caso en laboratorio, y entonces no se sabe por qué número dividir la cantidad de muertes.

–Tampoco hay experiencia aprovechable de otros países...

–Hace unos días, en teleconferencia con la gente de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en Washington, ellos nos decían: “Esta vez la experiencia la van a escribir ustedes y nosotros la aplicaremos en nuestro próximo invierno”. En México y Estados Unidos, el virus llegó en primavera y ya están en verano. Médicos mexicanos que llegaron a la Argentina, traídos por la OPS, comentaron que allí no habían visto la gravedad que estamos viendo nosotros: en México, en los casos en que se producía neumonía, lo más frecuente era que tardara unos seis días en declararse; no-sotros vemos con frecuencia que se produce a los dos días de presentarse los síntomas de la gripe. Parece que el virus en verano es una cosa, pero en invierno es otra.

–Sin embargo, en México hubo muchos muertos.

–Es que fue el primer país donde se declaró la epidemia, no estaban preparados, no sabían qué era, no tenían el antiviral inmediatamente disponible, y son 110 millones de personas.

–¿Hay un cambio de criterio para la administración de antivirales?

–Desde que el virus se diseminó entre la población, sólo les dábamos antivirales (oseltamivir o zanamivir) a los pacientes internados. Hoy ese criterio puede cambiar: a veces el paciente consulta en forma tardía y, sobre todo, advertimos la rapidez con que puede producirse la complicación. Yo, al que tiene 38 grados o más de fiebre y los síntomas característicos de la gripe, lo medico con antivirales.

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