DEPORTES › TIRES Y AFLOJES A PROPOSITO DE LA RENOVACION DEL CONTRATO DE MARADONA EN LA SELECCION

Juegan al truco, pero sin las cartas

Las presiones para que el DT continúe en el cargo, las divisiones al interior de la AFA, el enviado de Grondona para allanar el camino, los condicionamientos al cuerpo técnico, la renuncia de Luis Segura, un juego en el que nada parece ser lo que es.

 Por Gustavo Veiga

Parece una partida de truco con dos jugadores sin cartas. Julio Grondona y Diego Maradona ya empezaron a negociar cómo sigue su idilio forzado, aunque todavía no se reunieron. Resulta paradójico. Los personajes con más peso en el fútbol argentino están debilitados. Tienen escaso margen de maniobra. El dirigente porque su relación comercial con el gobierno nacional (por el millonario contrato televisivo) lo condiciona. Además, sabe que el técnico recibió el respaldo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Con todo, a Diego no le alcanza para hacerse fuerte ni semejante apoyo, ni su popularidad, ni la imagen del mejor futbolista del mundo que supo ser. La eliminación del Mundial de Sudáfrica todavía es una herida abierta. Y el modo en que se dio (el 0-4 contra Alemania) exime de nuevas interpretaciones.

La semana próxima se reunirán con o sin condicionamientos, depende de quién lo cuente. Gastón Granados, impensado intermediario en este asunto (ver aparte), tuvo el privilegio que Maradona no le concedió a Grondona: el DT le atendió el teléfono. Presidente del club Tristán Suárez e hijo de Alejandro, el intendente de Ezeiza, devino en transitorio componedor. Su sola presencia explica la argamasa de contactos, entre políticos y deportivos, que prefiere el técnico en estos tiempos. Un dato adicional lo aclara todavía más: Granados padre, tan menemista antes como kirchnerista ahora, afilió a Maradona al PJ. El viejo zorro que comanda la AFA desde hace 31 años no consiguió llegar a la madriguera que eligió la estrella para refugiarse. Su poder es omnipresente en muchos lados, pero no tanto en Ezeiza.

La noche del miércoles sorprendió que el periodista Ernesto Cherquis Bialo, todo un maestro de ceremonias, anunciara la posibilidad de que a Maradona se le renovara el contrato por cuatro años. ¿Una prueba de generosidad sobreactuada por la AFA? ¿Qué cambió en el humor presidencial? La respuesta sólo la tiene Grondona. Y no es un jugador que ande mostrando las cartas. En el truco, ya se sabe, está permitido mentir. Lo concreto es que el técnico terminó su relación con la AFA el último partido del Mundial, que el contrato de apenas cuatro carillas es letra muerta y que la asesoría letrada de la AFA le sugerirá al jefe máximo una extensión del que finalizó, siempre que sea hasta la Copa América. Caso contrario, se hará uno nuevo por los cuatro años que mencionó Bialo en conferencia de prensa.

Las presiones para que Maradona continúe en el cargo se volvieron inocultables. En la casa del fútbol las admiten, aunque no las proclamen en público por razones obvias. Grondona no tiene ni los dos anchos bravos, ni 33 de mano para cantar falta envido. Con la manzana rodeada y el frente interno resquebrajado –algo más de una docena de presidentes de clubes se inclinan por no renovarle a Diego–, su poder de decisión en este espinoso tema se devaluó. Acaba de renunciar a la Comisión de Selecciones Luis Segura, el presidente de Argentinos Juniors, de fluida relación con el entrenador. Quizás evitó quedar atrapado en el fuego cruzado que prometen los dos pesos pesado. Carlos Babington pasará a ocupar su lugar. Era un cambio posible.

A Grondona lo incomodaron varias situaciones que se dieron en Pretoria: la presencia de Oscar Ruggeri en la concentración, el comentario crítico de Diego sobre Michel Platini en una conferencia de prensa, cómo cuestionó el arbitraje de Héctor Baldassi en España-Portugal (lo tildó de “horrible”) y la comparación discriminatoria que hizo entre su juez de línea Hernán Maidana y el cantante Andrea Bocelli. Sabe que es imposible amordazar a Diego, pero no tanto condicionarle su entorno. De ahí que surgieron –y continuarán apareciendo– nombres para reemplazar a Alejandro Mancuso, su alter ego desde los tiempos compartidos del Show-ball, el colaborador más cuestionado de todos los que lo acompañaron en la Selección.

En la lista están apuntados Fernando Gamboa (de buena llegada a Maradona), Nery Pumpido, Jorge Burruchaga (ex campeones mundiales como él y con peso propio como técnicos) y la dupla que trabaja en los seleccionados juveniles: José Batista y José Luis Brown. Por tener el mismo origen común, esa especie de vaselina protectora que es el título de México ’86, Héctor Enrique no recibe críticas tan pesadas como las que jaquean a Mancuso. Meterse con ellos no es tan sencillo como sí con el ex volante de Vélez y Boca o el profesor Fernando Signorini, un profesional respetado y con definiciones singulares sobre su propia actividad: “Los preparadores físicos son una de las cosas menos necesarias en la conformación de un equipo de fútbol”, sostiene.

La tarde-noche del miércoles el predio de Ezeiza lucía solitario y casi sin personal a la vista. “Grondona no quiso que se quedara nadie, salvo un mozo para servir café, Cherquis Bialo y Andrés Ventura (por el jefe de prensa de la Selección)”, confió un dirigente que participó del encuentro donde el presidente auscultó a sus pares del Comité Ejecutivo para trazar un diagnóstico. Temprano se había reunido con el desdibujado Carlos Bilardo y su hijo mayor, Humberto, clave en la contratación de Maradona allá por octubre de 2008. Quedó tan lejos esa fecha, como ahora la próxima Copa América. Ni qué hablar de Brasil 2014.

Mientras gobernó Grondona, la AFA siempre respetó los contratos de los técnicos que dirigieron a la Selección. Y aunque ahora nada la une por escrito a Maradona, parece igual de difícil renovarle con condicionamientos que salir a buscar un reemplazante. En unos días más se conocerá el final de esta historia. La Selección vuelve a jugar el 11 de agosto contra Irlanda, en Dublín.

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Diego Maradona y Julio Grondona, los actores principales de una negociación complicada.
Imagen: Télam
 
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