DEPORTES › OPINION

Siguen sin emparejarse

 Por Pablo Vignone

Algunos pícaros montados al carro del resultadismo usan en favor de sus argumentos la módica victoria del Cienciano en la Recopa Sudamericana. Es innegable que este equipo peruano, humilde y esforzado, ha escrito una página de gloria en su novel historia deportiva ganando su segundo título internacional –de los que ya reúne más que los domésticos–, nada menos que ante el otro gran-grande de la Argentina: ya le había arrebatado la Copa Sudamericana a River y ahora se quedó con la Recopa contra Boca. No es poco.
Claro que inscribir esta proeza en el tono de una presunta corriente renovadora de los conceptos esenciales en el fútbol es un poco arriesgado. Sumar este nuevo logro del equipo de Freddy Ternero a los que lograron, a su turno, el Once Caldas en la Copa Libertadores, el Porto en la Champions League o Grecia en la Eurocopa, para pregonar un viento de cambio en el fútbol mundial –en el que, de paso, vuelve a desvirtuarse el papel de los jugadores a favor de asignarle la máxima responsabilidad del éxito a la planificación y la claridad mental de los entrenadores–es simplificar la realidad, ignorando, de paso, aquellos torneos que son “incómodos” simplemente porque los ganaron los equipos que tenían que ganarlos, no los que proponían la alquimia de la modestia inteligente. Como la Copa América (que Brasil le ganó a la Argentina) o los Juegos Olímpicos (que la Argentina le ganó a Paraguay), o la mayoría de los torneos caseros que terminaron a mitad de temporada, casi todos obtenidos por equipos grandes: Arsenal, Milan, Valencia... Ayer se disputó una nueva fecha de las Eliminatorias europeas: Italia le ganó a Moldavia (y no al revés), Francia venció a las Islas Feroe (y no al revés), Inglaterra superó a Polonia. Y Grecia, que el sábado había perdido con Albania, no pudo ganarle a Turquía...
La victoria de Arsenal sobre River, otro hito histórico para el club de Sarandí, debe macerar tres semanas para inscribirse en uno u otro rubro. La derrota de Boca se debió más a una distracción y al agotamiento que a una presunta inferioridad táctica. Que los hinchas discutan si este equipo de Brindisi es más o menos amarrete que el de Bianchi, sí; pero sugerir que un título resuelto en una definición por penales, azarosa por demás, sirve para establecer una tendencia, es, más que imprudente, una maliciosa forma de contribuir a la confusión general en torno al fútbol.

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