EL PAIS › EL INTERROGATORIO AL TENEDOR DEL NEXTEL

De Narváez y la efedrina

El juez citó al escribano y el abogado de Francisco de Narváez. No está conforme con el asombroso interrogatorio al empleado que usaba el telefonito desde el que se llamó a Mario Segovia, también involucrado en tráfico de cocaína, robos, piratería del asfalto y pornografía infantil. Lo grabaron el abogado y el jefe de custodia del legislador. Coronel vive en General Rodríguez, ciudad clave en las investigaciones sobre efedrina y cocaína.

 Por Horacio Verbitsky

Una fuente judicial dijo que el juez federal de Zárate-Campana Federico Faggionato Márquez, citó al escribano y al abogado que participaron en la desgrabación del DVD con las declaraciones del empleado del establecimiento del filántropo colombiano Francisco de Narváez en Luján, Danilo Coronel, quien usaba el teléfono desde el que se realizaron tres llamadas al traficante ilegal de efedrina Mario Roberto Segovia, alias Héctor Germán Benítez. También pidió que la Cámara de Diputados certificara la firma de Francisco de Narváez en el descargo escrito que formuló ante el tribunal. “Le contestó a la prensa a través de la justicia”, dijo la fuente judicial. También agregó que la investigación demostró que Segovia es “una fuente inagotable” de delitos: además de contrabando y tráfico de efedrina desde la Argentina hasta México, está involucrado en tráfico de cocaína, robos, piratería del asfalto y comercio virtual de pornografía infantil. En noviembre del año pasado, cuando detuvo a Segovia y estableció que usaba el documento a nombre de Benítez, Faggionato Márquez declaró que “cuando pueda dar los nombres de cuáles son esos emplazamientos del nivel de narcotráfico, más de uno va a quedar asombrado”. En su edición de esta semana, la revista Noticias repitió la prueba que hizo este diario de consultar la declaración jurada del candidato en las páginas de Internet que el propio De Narváez sugirió y constató igual que Página/12 que es inaccesible. El semanario de Jorge Fontevecchia profundizó la investigación con una entrevista a De Narváez y el costo de su rumbosa campaña electoral, lanzada durante el período de veda. Sus conclusiones son inquietantes: entre publicidad en vía pública, radio, televisión, asesores spots para televisión, encuestas, traslados en avión y movilizaciones en colectivos, fiscales de mesa y actos de campaña, ascendería a 52 millones de pesos, mientras en su declaración jurada de 2005 consta un patrimonio neto de 28 millones. De Narváez cuestionó el cálculo de sus gastos (“creo que la contabilidad no es exactamente así. No me consta que esté gastando 50 millones de pesos”) pero se negó a revelar su propio cálculo y, lo más importante, no negó los datos de su declaración jurada de aquel año. Ante la insistencia del entrevistador por conocer la declaración de este año repitió que estaba en el Congreso y que no era problema suyo que el trámite para obtenerla fuera lento.

El lunes 20 de abril, al día siguiente de la reproducción aquí de la planilla enviada por Nextel al juez en lo penal económico Ezequiel Berón de Astrada, que registró tres llamadas desde un celular de Francisco de Narváez al comerciante de efedrina, De Narváez se presentó ante Berón de Astrada, reconoció que la línea telefónica desde la que se hicieron los llamados le pertenecía, como otras 1155, asignadas a personal de sus empresas, negó conocer al traficante detenido e identificó a un viejo colaborador en su establecimiento agropecuario de Luján, Danilo Coronel, como el responsable de la línea 155 451 2227 desde la que según Nextel se hicieron las tres llamadas. Junto con su declaración escrita, De Narváez presentó un interrogatorio grabado y filmado el mismo domingo, en que su abogado y el jefe de su custodia interrogan a Coronel. El mismo registro fue enviado a Faggionato Márquez, pese a que inicialmente De Narváez había anunciado que renunciaría a sus fueros para ponerse a disposición de la justicia, curioso ofrecimiento para alguien que sólo había sido citado a una declaración como testigo. Danilo Coronel dejó el establecimiento en Luján y está viviendo en General Rodríguez, una localidad en la que desde el año pasado se concentran las investigaciones por tráfico de efedrina. Allí fueron asesinados los empresarios farmacéuticos Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, cuya investigación está a cargo de Faggionato Márquez, y se detectó un local alquilado por un funcionario del municipio en el que se almacenaban tambores en los que se hallaron restos de efedrina. De Narváez acusó al gobierno de inspirar una campaña de desprestigio en su contra, aunque no explicó en qué consistiría, dado que admitió que las llamadas existieron y su registro no fue hecho por el gobierno sino por la empresa de telefonía ante un requerimiento judicial, más de un año antes de que presentara su candidatura a las elecciones de junio próximo. El acta remitida a los dos juzgados fue labrada por el escribano Esteban Urresti e incluye la desgrabación del DVD aportado por De Narváez. Las llamadas a Benítez se produjeron en 2006, días antes y después de que el traficante fuera identificado como el responsable de un enorme contrabando de DVD y CD y casi dos años antes de que fuera detenido por tráfico de efedrina, momento en que se descubrió que su verdadero nombre era Mario Segovia. El interrogatorio a Coronel fue realizado por Juan Carlos Etchebarne y Carlos Cabanes, quienes muestran una gran familiaridad con Coronel. La fuente añade que la grabación era prácticamente inentendible, “un video casero grabado en un kiosco de Pilar”. Lo que sigue es la transcripción del asombroso diálogo entre los tres dependientes del candidato, identificados por sus respectivas iniciales, en el cual inducen a Coronel a decir que en 2006 prestó su teléfono a personas no identificadas. Coronel admite, en términos conjeturales, que pudo haberlo prestado, a parientes o gente muy conocida, lo cual aumenta el interés de la causa:

La llama que llama

Juan Etchebarne: Vinimos hasta acá porque Carlos tenía que hacerte unas preguntas, así que te molesto dos minutos, y gracias por venir.

Danilo Coronel: No, por favor.

Carlos Cabanes: Danilo, tenemos ahí un temita que sacaron en un diario de hoy a la mañana, en cual necesitamos saber, este, si vos conoces un tal Benítez o Segovia.

DC: ¿Benítez?

CC: ¿Mario Segovia? Le dicen Benítez también.

DC: No, no, no.

CC: ¿No? ¿Nunca has hablado por teléfono con él?

DC: No, no.

CC: ¿Ninguna persona de ese nombre, nada?

DC: Te diría que no.

CC: ¿A esta persona la ubicás vos?

DC: No. No lo tengo visto, no.

CC: Héctor Germán Benítez. ¿No te suena, no?

DC: No, no.

CC: ¿Mario Segovia tampoco?

DC: La verdad que no.

CC: Bueno, fijate si podés recordar algo de eso, porque desde tu teléfono se hicieron llamadas a esa persona y necesitamos ahora responder sobre eso, para lo cual te voy a pedir el Nextel, que lo vamos a llevar ahora.

DC: Sí.

CC: Vos en el año 2006 ¿has prestado el teléfono a alguien?

DC: Y mirá, que prestar, como prestarlo, lo he prestado sí, para qué te voy a decir que no.

CC: ¿A quién?

DC: Y, qué sé yo, alguno que por ahí me ha dicho me voy a hacer un llamadito y vengo y le digo, tomá, usá el mío. Digamos...

CC: ¿Son personas conocidas?

DC: Sí, sí, no por supuesto. Yo por lo general, parentesco o gente muy conocida. No se lo voy a dar a alguien que no conozca.

CC: ¿Vos tenés algún otro teléfono que no sea éste, después, para que te podamos ubicar?

DC: No, no. Va, cualquier cosa, qué sé yo, el teléfono de Quiroz. Porque yo yendo acá a Rodríguez por un tema mío. Así que estoy parando en casa de un amigo o a veces me vengo hasta lo de Quiro (sic).

JCE: Yo igual no tengo el teléfono de Quiroz. ¿Tiene teléfono Quiroz? A ver, dame un segundo que lo anoto. Che, y por ejemplo, ¿vos estás viviendo acá o estás viviendo en Pilar?

DC: No, porque en Pilar a una casa la tengo alquilada y la otra está viviendo un primo con la familia ahí y se me complica un poco como para estar ahí.

JCE: Bueno, che Danilo, y pero ¿que acá estás alquilando?

DC: No, no, estoy parando en casa de un amigo y si no a veces me vengo.

JCE: Yo te pregunto por qué, viste, qué sé yo, en una de esas, no sé, hay que preguntar algo, ¿no? Digo yo, ¿no? Mejor que sepamos dónde estás.

CC: Sí, dónde estás. Saber si podemos contactarte.

JCE: Y no molestar gente. ¿Tenés el teléfono de Quiroz?

DC: 155 885 8503.

JCE: Sí, sí, lo tengo. ¿Y tiene alguno fijo en la casa?

DC: No.

JCE: ¿Y estás fijo acá en Rodríguez vos, o vas rotando a Pilar?

DC: Viajando a Pilar desde acá una vez me chorrearon arriba del colectivo que si vos que justo dio, que yo por supuesto que no me di cuenta en el porta documento, en este siempre tenía el teléfono de Martín y de Paco, porque al usar tanto la radio me quedaba grabado digamos y me llamó Martín un día y me dice: “Che gordo –dice– mirá que te encontraron el documento y el registro –dice– ahí en Pilar. Y por dónde y era allá de la estación y yo de acá para ir hasta Pilar ahí a lo de Tomás Márquez me tomaba el 276, me bajaba en las cinco esquinas y ahí me quedaba (sic).

JCE: Che, y qué suerte tuviste.

DC: Un culo de aquellos.

JCE: ¿Y cuándo fue? Martín ni contó.

DC: El año pasado fue eso, en octubre, por ahí, justo un fin de semana, la verdad que yo ni cuenta me di de que me lo sabotearon del bolsillo.

JCE: Che, ¿estás yendo a Márquez aún?

DC: No, por eso estoy yendo acá.

JCE: ¿Hay otro lugar?

DC: Sí, ellos mismos me lo buscaron también.

JCE: ¿Te está yendo bien?

DC: Sí, sí.

JCE: ¿Estás laburando?

DC: No, no, una es que no quiero andar jodiendo porque qué sé yo me puede llegar a pasar algo. Por ahí me engancho en algún viaje con Quirós, que por ejemplo es a la mañana los fines de semana, y hoy se fue a llevarle unos caballos al negro Zabaleta, acá a Lobos, así que me dijo si querés venir vení, y bueno, le digo, vamos.

CC: ¿Recordás a alguien en particular que le hayas prestado o le hayas prestado seguido el Nextel para hablar con alguien?

DC: No, que quien alguien por ahí me lo haya pedido ya como una vez, por ahí sí (sic), pero...

CC: ¿Del campo no?

DC: No.

CC: ¿Seguro que no conocés a nadie?

DC: No, que por ahí me hayan llamado así, que me han llamado, pero qué sé yo, como ha solido pasar que te acordás que una vez habían llamado a Norma y al chalet, la otra vez me habían llamado con que un pariente mío había tenido un accidente y era todo mentira. Yo agarré enseguida por lo que había pasado esa vez con...

CC: ¿Querés volver a ver la foto por si lo ubicás?

DC: Sí, la verdad que, para qué te voy a decir que no si no lo tengo visto, no tengo por qué ocultar nada.

CC: El tema es que con el teléfono, de esta persona, salieron llamadas del teléfono que vos tenés.

DC: ¿De que yo lo haya llamado a él?

CC: Del teléfono salieron llamadas.

DC: Yo no lo tengo visto.

JCE: OK, terminamos. El teléfono donde estaba, qué sé yo, una cosa es prestar, qué sé yo, accidentalmente, una, dos, tres, diez veces, y otra cosa es que sea el teléfono del pueblo.

DC: No, no, por supuesto. Aparte, qué se lo voy a prestar, supongamos a un Etchebarne, alguien que yo pueda... Aparte que yo sé que con el señor Francisco en campaña no puedo andar tampoco boludeando con el teléfono.

CC: ¿Y nunca lo extravió, qué sé yo, se le perdió 5, 6,7 horas por ahí, no?

DC: No, porque si no yo hubiera avisado enseguida, también.

CC: Por ahí uno lo pierde y después lo encuentra, o alguno de maldad te lo esconde.

DC: Si no lo encontrás en dos horas ya es medio preocupante.

CC: Claro, lógico, pero por ahí pasa.

DC: No, no, sí.

CC: O uno se lo olvida y le avisan, no, está acá. Yo una vez me lo olvidé en un bar, y a las dos horas lo fui a buscar.

DC: ¿Y estaba?

CC: Puede ser. Me avisó el mozo.

JCE: Hay que tener mucha suerte.

CC: Bueno, Danilo.

DC: Listo.

CC: Que sigas bien.

DC: Gracias, igualmente.

CC: Un gusto.

DC: Ta’ lueguito.

En el número que Coronel suministró a los emisarios de Francisco de Narváez sólo atiende un contestador telefónico de la compañía Claro, que repite el número. Aunque en la grabación entregada por el magnate colombiano a la justicia es explícito que Danilo Coronel vive en General Rodríguez, De Narváez le dijo a Noticias que el peón vive y trabaja en su estancia Sol de Agosto, de Luján. Demasiados misterios hasta para una novela policial.

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Imagen: Daniel Dabove
 
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