EL PAíS › OPINION

La movilización hace la Fuerza

 Por Raúl Dellatorre

“Gracias, Néstor.” “¡Fuerza, Cristina!” Ambas frases resumen el mensaje más reiterado ayer en la Plaza. El primero es claro: el agradecimiento, la reivindicación del dirigente más vilipendiado y al que la oposición hubiera querido ver muerto en vida, políticamente, y que en cambio murió con la despedida que todo político desearía y casi ninguno alcanza. Un broche de oro para su carrera. La otra frase merece un análisis más cuidadoso. ¿Hay que pedirle “fuerza” a Cristina, o hay que ofrecérsela?

La cuestión no es retórica, sino de evaluación de las condiciones en que deberá empezar esta nueva etapa de su gobierno, tras la desaparición de su principal “socio” político. Es una dirigente bien preparada, templada en el ejercicio del mando presidencial, con un rigor intelectual que la ubica por encima de todos los que pasaron por el cargo durante décadas. Y con una fortaleza ya demostrada, que seguramente recuperará a pleno una vez hecho el duelo, entre sus afectos más íntimos, en sus lugares más propios y reservados. No es a Ella que hay que pedirle fuerza entonces: hay que ofrecérsela, para garantizar que no le impidan gobernar.

Aunque no lo admitan en público, no son pocos los hombres vinculados con el poder económico que no imaginan “ninguna mujer” con autonomía suficiente para manejar las riendas del país. Así, imaginaban a Néstor tomando las decisiones, trazando estrategias, y a Cristina como obediente y disciplinada ejecutora. Más allá de su error, lo trascendente es que ahora creerán estar ante una Presidenta debilitada, fácilmente presionable, lo cual los tentará a avanzar con los mismos objetivos en los que más de una vez, en siete años, fracasaron. Creerán, como opinaban ayer algunos gurúes desprestigiados pero activos, que “el país cambia” en ese sentido con la desaparición física de Néstor Kirchner.

Si Néstor K “marcó una época” con sus transformaciones, es la hora de consolidarlas. A esta Presidenta, dolida pero no debilitada, le corresponde asumir “la suma del mando” en la etapa. El pueblo en las calles, vivándola y deseándole “Fuerza”, dio su presente. La abrigó con su calor popular, incomprensible para tantos, irracional para otros o los mismos, para ayudarla en la transición, en su dolor, en su duelo. Pero esa “Fuerza” que le reclaman es la que debe recibir: una población movilizada para defender lo mismo que ayer le fue a agradecer a Néstor K. Movilizada y atenta, contra los que no se resignan a perder posiciones ni privilegios.

Si el pueblo se movilizó para agradecer las conquistas, es que las comprendió. Eso es salto de conciencia. Si lo plasma en movilización para defender y fortalecer el rumbo, habrá dado, además, un salto político. En ese caso, el pueblo estará en condiciones de ofrecerle a la Presidenta algo más que “gobernabilidad”: le habrá abonado el camino para continuar la transformación.

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