EL PAíS › EN EL SUR, EL PRINCIPAL PROBLEMA ESTA EN LA ZONA RURAL

Una tregua a medias

Las ciudades cordilleranas van recobrando la normalidad, pero otras, como Ingeniero Jacobacci, siguen aisladas y paralizadas por la ceniza y el viento. Es crítica la situación del ganado.

Las cenizas volcánicas dieron ayer una tregua, a medias, en la Patagonia sur. Las ciudades afectadas por el volcán chileno Puyehue tratan, de a poco, de volver a su ritmo habitual, en medio de las tareas de limpieza de calles, desagües y techos y del reparto de barbijos y agua mineral. Sin embargo, en las ciudades rionegrinas no dan abasto para retirar las cenizas, partículas mucho más diminutas que las caídas en la Cordillera, mientras que en el campo los productores sufren las consecuencias. La arena grisácea mantiene “paralizada” a la localidad de Ingeniero Jacobacci, donde los fuertes vientos y las bajas temperaturas obligan a los pobladores a refugiarse, hasta con barbijos, en sus hogares. Sin clases ni actividad en las oficinas públicas, los esfuerzos se centran en remover las partículas que, con hasta 15 centímetros de espesor, alfombran las calles. Los efectos de las cenizas se sienten aún más en las zonas rurales, donde la arenisca provocó inconvenientes con el ganado. “El principal problema está en la zona rural. Allí la situación es gravísima”, aseguró a Página/12 el intendente local, Carlos Toro.

Las ciudades de la Cordillera de Río Negro y Neuquén intentaban recuperar la dinámica de la escena cotidiana, mientras que máquinas viales y vecinos con palas y carretillas trabajaban para despejar cientos de toneladas de partículas volcánicas y el manto gris en las calles y espacios públicos, y así garantizar los servicios mínimos a los pobladores. Además, seguía en marcha la provisión de agua potable a donde el servicio habitual se interrumpió y a las zonas vulnerables.

En Bariloche, los efectos de las cenizas y el temporal de lluvia y viento se corporizaron ayer en inconvenientes en la infraestructura de algunos edificios escolares, en medio del retorno de los chicos a las aulas. Por otra parte, el viceministro de Desarrollo Social de la Nación, Sergio Berni, y el senador Miguel Pichetto recorrieron por la mañana las zonas más castigadas, en los barrios del Alto de Bariloche.

En tanto, con el cese de la caída de partículas, Prefectura logró evacuar a 16 personas que habían quedado varadas desde el sábado pasado en la Isla Victoria, luego de que el fenómeno interrumpió la navegación por el lago Nahuel Huapi. Esa situación determinó que unas 50 personas, entre residentes habituales de Parques Nacionales, obreros que reparan muelles, empleados de un restaurante y una docena de estudiantes de la Universidad Nacional de Río Negro, debieran quedarse en el lugar, con provisión de alimentos, agua, calefacción y comunicaciones.

La fisonomía de Bariloche cambió drásticamente. El lago Nahuel Huapi transformó su color turquesa por las manchas de arena volcánica que, sobre la superficie, siguen los vaivenes del oleaje. También afectó a Villa La Angostura, donde cientos de vecinos, soldados y empleados públicos trabajaban ayer sin pausa para liberar los espacios públicos de cenizas y recuperar el movimiento de la ciudad, que mantiene la suspensión de clases. En ese sentido, la provincia de Chubut reanudará las clases, con excepción de las comunas rurales de Blancuntre y Gastre, afectadas por el fenómeno y los vientos.

A su vez, las cenizas perjudicaron a cientos de productores ovinos en la zona rural de la Región Sur de Río Negro, como también a la población de Ingeniero Jacobacci. Su intendente, Carlos Toro, contó a Página/12 que “no se puede transitar por la ciudad por la cantidad de ceniza acumulada”, que provocó la evacuación de 14 familias y dificulta el alimento para el ganado. Según describió, “la ciudad está totalmente paralizada”, con oficinas públicas cerradas y sin clases. Los pobladores se refugian en sus hogares, atentos a los tres comunicados oficiales diarios y con contención telefónica. Además, la limpieza de las calles y espacios públicos “está dificultada por los fuertes vientos”.

La situación es “más grave” en el campo, donde se complicaron el abastecimiento de leña y la alimentación del ganado. “Los animales venían debilitados por la sequía, y con las cenizas tendrán problemas para pasar el invierno”, contó. Las cenizas les producen desorientación, ceguera y desgaste en los dientes. “Cuando la lana (también dañada) está muy cargada de ceniza, cuadruplica el peso, y si se suma la falta de alimento, se produce la muerte de la oveja”, ejemplificó Toro.

Desde el otro lado de la Cordillera, la erupción del volcán Puyehue mostraba, en las últimas horas, una “tendencia hacia la estabilidad”, aunque el aumento de la temperatura de un río cercano generaba preocupación, según los reportes oficiales. El último informe del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sergageomin) advirtió que el “proceso eruptivo continúa y es posible que vuelva a presentar un incremento con episodios similares a los ya ocurridos o superiores en intensidad”. Aún no está todo dicho para las poblaciones cordilleranas.

Informe: Soledad Arréguez Manozzo.

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El lago Nahuel Huapí, en San Carlos de Bariloche, cubierto por las cenizas volcánicas.
Imagen: DyN
 
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