EL PAíS › ANOCHE HUBO MINUSCULAS PROTESTAS CONTRA EL GOBIERNO NACIONAL EN DIFERENTES PUNTOS DE LA CIUDAD

Las cacerolas se escucharon muy poco

Grupos de manifestantes se concentraron en Plaza de Mayo y en Santa Fe y Callao, entre otros lugares, con consignas contra la Presidenta, la inseguridad y hasta el traslado del monumento a Colón. Hubo agresiones a periodistas.

La convocatoria del 13N se difundió a través de las redes sociales y tuvo escasa repercusión.
Imagen: DyN & Dafne Gentinetta.

La Plaza de Mayo y otras esquinas porteñas fueron anoche escenario de protestas contra el gobierno nacional. Las principales consignas giraron en torno de la corrupción y la inseguridad, aunque también hubo pataleos específicos, como el rechazo al traslado del monumento a Cristóbal Colón. El cacerolazo del #13N, convocado hace varias semanas y agitado desde las redes sociales, derivó en concentraciones minúsculas frente a la quinta presidencial de Olivos, en Callao y Santa Fe, Cabildo y Juramento, también en Acoyte y Rivadavia. En Plaza de Mayo los manifestantes agredieron a periodistas.

El tono de los reclamos se reflejó en los carteles: “¡Basta de Diktadura Korrupta K!”, “Si no hay justicia para el pueblo que no haya paz para quienes gobiernan”, “Para los K la década ganada, para el pueblo la década afanada”, “Chorra” sobre el asfalto de la avenida Santa Fe. Desde el camión de la Uatre, de Gerónimo “Momo” Venegas, se repetía el Himno y se repartían carteles con el pedido del “82 por ciento móvil” para jubilados.

A las 20, hora de la convocatoria, una rubia pedía por favor a vecinos de Santa Fe y Callao que agarraran de una pila los carteles de “Crisis en Argentina”, mientras periodistas de TV informaban a sus jefes que no había mucho para mostrar. El promedio de edad no bajaba de 60 años. “Sabsay a la Corte”, reclamaba un señor trajeado, en alusión al abogado que comparó el kirchnerismo con el nazismo. “No al traslado del monumento a Colón” y “Colón en su lugar”, reclamaba otro grupo.

A las 20.10 dos muchachos con banderas argentinas y gel en la melena enfilaron hacia el Bajo. En el primer piso de Santa Fe 1688, megáfono en mano, un hombre solo predicaba sobre los males de la dirigencia política. “Nos robaron y nos seguirán robando cada territorio que puedan negociar”, decía, y despotricaba con cifras (3,2 millones de funcionarios hoy, 1,45 durante el menemismo, 1050 hace un siglo) sobre el aumento de “la corporación política”. “Hay que terminar con el amansamiento y empoderarse de los cargos públicos”, proponía. Las señoras avanzaban indiferentes.

La caminata hasta Cerrito siguió por la vereda. “¿Hay concentración en el Obelisco?”, se preguntaban. Los televisores de bares no ayudaban: pasaban fútbol. El paso de un camión con actores de traje a rayas adentro de una jaula y la leyenda “Boudou al penal” compensó la frustración de toparse con la 9 de Julio como cualquier día.

–¿Qué pasa, jefe, juega Argentina? –le preguntó un muchacho a un vendedor de banderas en la Plaza de la República.

–No, es por la crisis –intentó explicar el hombre de barba.

El joven, 30 años, traje ajustado y pelo prolijo, dijo ser “retirado del Ejército” y advirtió a los presentes que “en diciembre van a tirar a la calle a los verdes, a los gendarmes, que quieren esto”, mientras se frotaba índice y pulgar en referencia a la plata. “Los verdes y la Policía Federal en la calle, lindo quilombo se va a armar”, anticipó. El hombre de barba dio la jornada por perdida y partió con todas sus banderas renegando ante el cronista de Página/12: “Los que más tienen son los más ratas”.

En la esquina de Bolívar y Avenida de Mayo, un grupo de exaltados la emprendió a empujones contra un periodista y un camarógrafo. Hubo insultos, escupitajos, patadas por lo bajo. Unos pocos celebraron cuando el movilero se alejó. Otros lo siguieron para impedir que volviera a pararse frente a cámara. “Es un provocador”, explicó una joven tras un frustrado intento de interceder. Emilia, universitaria, dirá que pidió un working holiday para trabajar en un hotel de Nueva Zelanda, pero la embajada se lo negó. Perdió el trabajo en una cadena internacional y no logra que le den un plan de de-sempleo. “No quiero tener cinco hijos para que me lo den”, dice.

En Plaza de Mayo la combi de “Tolerancia 0 a la corrupción” ofrece micrófono gratis. “¡No los voten más, son malos!”, resume a gritos una señora y es aplaudida. “¡La plata de los jubilados se la gastan en campañas!” “Rejas para los delincuentes, no para nuestros hogares”, reclama un hombre. La gran atracción es la jaula de presos con máscaras de Kirchner y Cristina. De un lado de ese móvil se reclama “Basta de impuesto al trabajo e inflación”. Del otro se promociona la “Parrilla La Cámpora”, que equipara la militancia de esa organización con el clientelismo mediante una fórmula inexplicada: “6 % = chori + Termidor”.

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