EL PAíS › OPINION

Nunca es triste la verdad

 Por Hernán Patiño Mayer *

Nunca es triste la verdad... Salvo cuando es mentira.

Me anticipo a señalar que dividiré esta nota en tres partes. La primera con circunstancias que contextualicen los hechos que quiero comunicar. La segunda los hechos. La tercera, su conclusión.

Las circunstancias

a) En su edición del 23 de junio, La Nación publicó en su portada una nota titulada “Son empleados públicos los cuatro hijos de Zannini”, dando a entender que todos ellos obtuvieron sus cargos por influencia de su padre.

b) He tenido el honor de representar a mi país como embajador en el período 1991-1999 y entre 2002 y 2010; en la OEA y en dos oportunidades en el Uruguay.

c) No conozco al doctor Carlos Zannini, al que en el mejor de los casos puedo haber saludado protocolarmente, en oportunidad en que integró la comitiva que acompañó a los presidentes Kirchner en sus viajes al Uruguay.

d) Luego de dejar la cancillería fui designado por la entonces ministra de Defensa, Nilda Garré, como secretario académico del Centro de Estudios para la Defensa Manuel Belgrano, de donde renuncié pocos días después de su reemplazo por Arturo Puricelli.

e) Conocí a María Paula Zannini por las referencias de sus colegas y superiores del cuerpo profesional del Servicio Exterior de la Nación, entre los que se cuenta quien por entonces era su jefe en la cancillería y recientemente fuera designado embajador en un importante destino europeo. Personalmente, creo haberla saludado una vez durante los múltiples viajes que por razones familiares realicé a Washington en los dos últimos años.

Los hechos

Cuando la doctora Garré fue designada embajadora ante la OEA, me puse a su disposición para brindarle la información acumulada en los casi cinco años de permanencia en esa misma representación. Enterado de que cuatro funcionarios de carrera estaban en proceso de regreso a Buenos Aires, me permití ofrecerme a encontrar algún funcionario de reemplazo que, en condiciones de ser trasladado, gozara de la capacitación profesional necesaria para desempeñarse ante un organismo internacional y contara con el respaldo de sus superiores en la carrera.

Fue así que me recomendaron a la secretaria María Paula Zannini, abogada, cursante destacada del Instituto del Servicio Exterior de la Nación y valorada por colegas y superiores. Sin conocerla personalmente, le hice saber de su existencia a la doctora Garré señalándole, además de sus condiciones profesionales, el hecho de que pese a ser la hija del secretario Legal y Técnico de la Presidencia de la Nación, no había hecho uso de esa relación familiar para gestionar su traslado a un destino que, como el de Washington, forma parte de los lógicamente más buscados por los funcionarios de carrera. Recuerdo haberle destacado esta conducta a la embajadora, diciéndole textualmente “este bajo perfil habla muy bien de ella”.

Por pedido de la doctora Garré, María Paula fue trasladada a la Misión Permanente ante la OEA, donde permanecerá, como es norma, por un período de aproximadamente cinco años contados desde su llegada.

Percibe el salario que corresponde a su rango, fijado según el índice de Naciones Unidas para cada país y para todos los funcionarios profesionales que se encuentran en similar situación. Es norma también que cuando se trata, como en su caso, de una funcionaria casada con otro miembro del Servicio Exterior, para preservar la unidad familiar, sean los cónyuges trasladados al mismo destino y, cuando es posible, como en este caso, a representaciones diferentes. María Paula revista en la misión ante la OEA y su marido, también funcionario de carrera, en la embajada bilateral en los EE.UU., percibiendo su salario con un descuento del 30 por ciento por el hecho de compartir con su cónyuge el mismo destino.

Conclusión

Desmiento totalmente que la funcionaria diplomática María Paula Zannini y su marido hayan sido destinados en Washington por pedido del doctor Zannini. Fui yo –sin conocimiento del funcionario– quien le sugirió a la doctora Garré que solicitara el traslado de la diplomática, dado que por su formación de abogada, el reconocimiento de sus superiores y colegas y el hecho de no haber recurrido a su padre para obtener algún privilegio, podía ser una excelente funcionaria. Un profesional lo es mucho mejor si además es una buena persona. Estoy dispuesto a dar testimonio de mis afirmaciones donde y cuando me sea requerido.

Cierro con una cita del periodista polaco Ryszard Kapucinski dirigida a algunos colegas: “Desde que está considerada como una mercancía, la información ha dejado de verse sometida a los criterios tradicionales de la verificación, la autenticidad o el error. Ahora se rige por la leyes del mercado”.

* Ex embajador.

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