EL PAIS › DEBATE ENTRE MOHSEN BAHARVAND, ENCARGADO IRANI DE NEGOCIOS, Y EL FISCAL ALBERTO NISMAN

Irán versus la fiscalía

Uno pidió la prisión de funcionarios y diplomáticos iraníes. El otro se encarga de la defensa de su país. Los dos son abogados y llevan años trabajando en bandos contrarios en el caso AMIA. Aquí, un debate sobre la solidez de las pruebas de la participación del Estado iraní y de Hezbolá en el peor atentado de nuestra historia y una confirmación de las promesas nucleares de Menem.

 Por Raúl Kollmann

MOHSEN BAHARVAND, ENCARGADO IRANI DE NEGOCIOS

“Quiero reunirme con el juez”

“Claro que quiero reunirme con el juez Rodolfo Canicoba Corral. Se lo he pedido oficialmente a la Cancillería. Le vamos a exhibir los documentos y elementos que prueban que no tuvimos nada que ver con el atentado contra la AMIA y que las acusaciones son ridículas, puras mentiras. Nos dan risa. Quiero refutar prueba por prueba.” Contrariamente a lo que sugiere su cargo, el encargado de Negocios de Irán en la Argentina, Mo-hsen Baharvand, es un experto en causas judiciales y en especial en el expediente AMIA. Fue director de Asuntos Jurídicos de la Cancillería iraní en 2003 y 2004, un año antes estuvo en Londres defendiendo al ex embajador de Teherán en la Argentina, Hadi Soleimanpour, que fue sobreseído por la Justicia británica en relación con el atentado y, finalmente, fue el jefe de la misión de Irán ante Interpol cuando el año pasado se discutió el caso AMIA en el congreso plenario mundial de Berlín. Allí se rechazaron los pedidos de captura con 109 votos en contra, cinco a favor y nueve abstenciones. En ese momento, había sido destituido el juez Juan José Galeano. Ahora, el nuevo magistrado, Canicoba Corral, dictó las nuevas órdenes de captura.

–La Justicia argentina sostiene que el atentado se resolvió en una reunión del Comité de Asuntos Especiales en Pashad en agosto de 1993.

–La información proviene de varios disidentes y opositores a nuestro gobierno que colaboraron con Galeano. Personas que no estaban en Irán y lo único que hicieron fue leer los diarios, incluso por Internet. Sucede que esa reunión de gobierno fue pública, no clandestina. Se publicó en los diarios. Está muy claro que esos disidentes buscaron alguna reunión que más o menos combinara con una fecha que les pareciera con una antelación suficiente respecto del atentado. Error. El ataque a las Torres Gemelas, por ejemplo, llevó cinco años de planificación y ellos supusieron que en 11 meses se arreglaba el de Buenos Aires. No se sostiene. Otra cosa: ¿a quién le cabe en la cabeza que un atentado, que es un gravísimo hecho, se va a resolver en una reunión con tanta gente?

–En el fallo se sostiene que el agregado cultural de Irán, Mohsen Rabbani, y el tercero de la embajada, Ahmad Reza Asghari, estuvieron en la reunión.

–Me da risa. Asghari tenía entonces 27 años. Era tercer secretario de la embajada. Hoy está en la Cancillería y recién llegó a primer secretario, 12 años más tarde. La única prueba que dan respecto de la presencia de Rabbani en esa reunión es que había salido de Argentina y estaba en Irán. ¿Qué clase de prueba es ésa?

–Asombrosamente, todos los embajadores del Cono Sur habían abandonado sus países en el momento del atentado. El de Buenos Aires se fue a Irán el 30 de junio de 1994 y los de Uruguay y Chile el 17 de julio. La idea es que querían probar que no tenían nada que ver.

–Con leer los diarios iraníes es suficiente. Se publicó en ese momento y sucede así siempre, que cada año se hace una reunión de embajadores de Irán en todo el mundo. Es para intercambiar opiniones y recibir instrucciones. Por favor, verifique que en ese momento también el embajador de Irán en México y Nicaragua viajaron a Irán. ¿Ellos también querían disimular que tenían algo que ver con el atentado? Es ridículo. Se lo pongo de otra manera: ¿usted cree que vamos a ser tan estúpidos de sacar a todos los embajadores si hubiéramos estado detrás del atentado? La lógica era disimular, mostrar normalidad. Es un argumento que se cae solo.

–Rabbani, el agregado cultural, fue visto en la avenida Juan B. Justo preguntando por el precio de una Trafic como la que estalló en la AMIA.

–Mire la contradicción. Por un lado, Ra-bbani es de tanta importancia que participa de una cumbre del máximo nivel del gobierno iraní. Por el otro lado, es de tan bajo nivel que lo mandamos a pedir precio de una camioneta para hacer el atentado. No es creíble. Rabbani vivía en la avenida Juan B. Justo, era lógico que anduviera por allí, y no veo cuál sería el problema de pedir precio de una camioneta. Además, fue con su aspecto normal, con barba, sin el menor gramo de clandestinidad. Lo último que le digo sobre esto: Rabbani estuvo en la Argentina hasta 1998, cuatro años después del atentado. ¿Le parece el comportamiento de un terrorista que no quiere correr ningún riesgo de que lo atrapen?

–Dicen los fiscales que en las semanas previas hubo un aumento en la llegada a la Argentina de correos diplomáticos.

–¿Usted cree que las embajadas utilizan correos diplomáticos para cuestiones confidenciales? Es no saber nada de cómo funcionan las cosas. Siempre hay dos canales: uno oficial y uno confidencial. Nos dicen que supuestamente vinieron más diplomáticos de Irán. ¿Nos estábamos preparando para una pelea callejera que se necesitaba más gente traída en forma oficial? Es una locura.

–Otro planteo es que ustedes designaron a Rabbani agregado cultural tres meses antes del atentado para darle inmunidad diplomática.

–La cultura era el trabajo de Rabbani desde hacía años. En ese momento se tenía que elegir un agregado cultural y, como Rabbani era un religioso, llenaba todos los requisitos. Por eso fue designado. Si Irán planeaba el atentado habría hecho lo contrario, no designarlo, hacerlo pasar desapercibido. Le insisto con otra cuestión: si él organizó el atentado, ¿por qué no se fue unos días antes para disimular?

–El llamado Testigo A, un iraní que vivía en la Argentina, declara que un colombiano convertido al Islam, Samuel El Reda, fue el coordinador operativo. Estaba casado con una secretaria de Rabbani. ¿Qué respondería?

–¿Quién es ese testigo A? ¿Qué dice? ¿Qué pruebas aporta? No sabemos nada. Es la palabra de una persona, nada más. Rabbani nunca tuvo una secretaria mujer. Era un religioso. Sus secretarios fueron hombres.

–Tres días antes del atentado se estacionó la Trafic en el Jet Parking. A la hora en que se terminó de dejar allí, hubo una comunicación de 26 segundos desde esa zona del celular de Rabbani a la mezquita Al Tahuid. La sospecha es que Ra-bbani estaba supervisando la operación.

–Me pregunto qué estaba supervisando. ¿El estacionamiento de una camioneta? ¿Y llamó a la mezquita desde su propio celular? ¿Tan burdas pudieron ser las cosas? Tiene toda la lógica que ese día o cualquier otro haya llamado porque él era el Sheij de la mezquita. Supuestamente ¿a quién le dijo que estaba todo bien? Si era él el máximo jefe de la mezquita. Mire, el problema es que primero se fijó la culpabilidad de Irán y después cualquier cosa se intentó acomodar como prueba. La verdad no les importó.

–Si ése es el caso, ¿por qué no colaboran con la Justicia?

–Por tres razones. La primera, no se nos puede acusar y después pedirnos pruebas. Segundo: el gobierno del Líbano, reconocido en todo el mundo, entregó un escrito explicando que el hombre que los fiscales dicen que fue el suicida, Ibrahim Berro, murió allá, en el Líbano, no en la AMIA. Y murió meses después. ¿Dijeron algo de eso? Tercero: el gobierno de Irán no se sienta como acusado delante de un fiscal parcial. Y con el último dictamen tenemos todavía más dudas sobre ese fiscal, Nisman.

–¿Qué otro elemento expondría para rechazar la acusación?

–Lo que ocurrió en Londres fue muy claro. El ex embajador Hadi Soleimanpour fue detenido allí mientras estaba estudiando Medio Ambiente y Turismo. ¿Le parece que un supuesto terrorista va a Londres a obtener un doctorado sobre eso? Como las acusaciones del juez Galeano eran muy graves, lo metieron en una prisión de máxima seguridad durante 24 días. Desde Buenos Aires mandaron seis mil páginas de supuestas pruebas. Yo, que seguí ese proceso, le aseguro que el juez lo habría extraditado a la Argentina con una sola prueba. Pero no lo hizo. El juez evaluó los elementos, también el Ministerio del Interior británico, que incluso designó dos especialistas. ¿Sabe cuál fue la conclusión? Que no había elementos ni para iniciar un debate judicial. El Ministerio del Interior pidió disculpas y pagó, escuche bien, 270.000 libras por los perjuicios causados. Y ahora vuelven a pedir la captura de Soleimanpour.

–Los fiscales señalan que el atentado se produjo porque Carlos Menem incumplió compromisos sobre tecnología atómica. ¿Existió ese compromiso?

–Sí, existió. Pero también otros países tenían acuerdos con nosotros de provisión de tecnología nuclear. Por ejemplo, Francia. Sin embargo, Estados Unidos presionó, presionó y esos acuerdos se cayeron. Nosotros no atacamos en ningún lugar, no hubo atentados en ningún lugar.

–¿Los acuerdos los hizo Menem para recaudar fondos para su campaña electoral o cuando ya era presidente?

–No lo sé. Sí sé que los acuerdos existieron.

–¿No hay chances de que ustedes colaboren con la Justicia argentina?

–Mire, ahora hay órdenes de captura de por medio. Nosotros queríamos un proceso bilateral y entregar los documentos que demuestran que no estamos involucrados para nada en el atentado de la AMIA.

–¿Puede haber diálogo aun con las órdenes de captura de por medio?

–Sí, con el gobierno argentino, pero también con el juez. Le hemos pedido, a través de la Cancillería, una reunión al juez. Y queremos exhibir nuestras evidencias.

–¿Irán tiene un diagnóstico sobre quién cometió el atentado?

–No, no tenemos una conclusión categórica. Sí sabemos que entre 1992 y 1995 hubo una oleada de atentados contra Estados Unidos e Israel en varias partes del mundo. En Nueva York, el primer atentado contra las Torres Gemelas y otro atentado más. Pero también en Londres y poco después en Kenia y Tanzania. Suponemos que detrás de esa cadena estuvieron los mismos autores. Pero fíjese que ni Estados Unidos nos acusó de esos atentados.

–Se habla de Hezbolá, la organización libanesa que ustedes apadrinan.

–Mire, Hezbolá no necesita padres. Son dirigentes políticos de alto nivel, muy inteligentes. Hezbolá no tenía ninguna actuación internacional ni capacidad para actuar en otros países. Siempre actuó en el Líbano y la frontera con Israel. Hoy son una organización más poderosa, pero ni ahora tienen capacidad para operaciones fuera de Medio Oriente.

ALBERTO NISMAN, FISCAL DE LA CAUSA AMIA

“Tenemos muchas pruebas”

El fiscal Alberto Nisman fue el protagonista de la acusación contra Irán. Página/12 le formuló las mismas preguntas básicas sobre la medida que a la Embajada de Irán.

–Ustedes dicen que el atentado se resolvió en una reunión del Comité de Asuntos Especiales realizada en la ciudad de Mashad en agosto de 1993. ¿No es una prueba débil que la información provenga de opositores a Teherán que ni siquiera estaban allá en esa época?

–Es una prueba consistente, en la medida en que la existencia de esa reunión es referida por distintas personas que ocuparon altos puestos de gobierno incluso durante el período revolucionario, es decir posterior al Sha, como el ex presidente Bani Sadr y el testigo Mesbahi, cofundador del servicio de inteligencia iraní. También habla de la reunión un ex miembro del servicio exterior de Khomeini, Alí Ahmadi, entre otros. Se trata de sujetos que conocían de primera mano el mecanismo que utilizaba el régimen para la ejecución de operaciones criminales en el extranjero. Las personas que hablan de aquel cónclave pertenecen a organizaciones que tienen una ideología totalmente opuesta, como los Mujaidines del Pueblo y la agrupación Bandera de la Libertad. Pese a ello, la versión que estas personas dan de los hechos es en líneas generales totalmente coincidente. Jurídicamente esto es muy importante a la hora de darle crédito a la versión. Finalmente, no puede pasarse por alto que el mecanismo de toma de decisión que ellos relatan ha sido también acreditado por el tribunal alemán en el caso Mykonos. También en los casos Radjavi y Bahktiar, las autoridades judiciales suizas y francesas, respectivamente, dieron por probada la participación de altos funcionarios iraníes en esos asesinatos.

–Según el escrito el agregado cultural y el tercer secretario de la embajada estuvieron en esa reunión. ¿Es prueba suficiente que no hayan estado en la Argentina para imputarles estar en semejante cónclave?

–La prueba fundamental de que Rabbani y Asghari fueron a la reunión son los dichos del testigo C, cuyo testimonio ha sido calificado como muy creíble tanto por la Justicia alemana como por el TOF 3 de esta ciudad. Cuando vamos a los registros migratorios comprobamos que efectivamente para esa época los dos habían salido del país. Y a eso hay que sumarle el resto de las pruebas que vinculan a estos personajes con el atentado, como la cuenta que abrió Rabbani al llegar de ese viaje, y cuya evaluación en conjunto nos permite llegar a esa conclusión.

–Todos los embajadores del Cono Sur habían abandonado sus países en el momento del atentado. El de Buenos Aires se fue a Irán el 30 de junio de 1994 y los de Uruguay y Chile el 17 de julio. La idea es que querían probar que no tenían nada que ver ¿no es una prueba débil? ¿No hubieran hecho lo contrario, disimular actuando con normalidad?

–Es un error examinar fragmentariamente la evidencia, pretendiendo ver en cada hecho aislado una prueba completa y autosuficiente de la responsabilidad iraní en el atentado. En la reconstrucción histórica de un hecho de terrorismo, para llegar a un grado de conocimiento razonable, hay que atender a la totalidad de los indicios y valorarlos en su conjunto. Si usted se refiere sólo al episodio de la partida de los embajadores, probablemente eso en sí mismo no le diga demasiado. Ahora bien, si a eso le suma que poco antes del atentado la diplomacia iraní mandó a la Argentina a un montón de correos diplomáticos, sin que se sepa para qué ni por qué vinieron; que esos correos eran personas vinculadas al espionaje iraní; que cuatro meses antes del atentado el gobierno de Irán le dio cobertura diplomática a Rabbani, pese a que estaba en la Argentina desde 1983, y que Asghari, que tenía pasaje sacado para irse de la Argentina en octubre de 1994, es sorpresivamente retirado del servicio diez días antes de la explosión; pareciera que la cosa cambia un poco, ¿no es cierto?

–Siguiendo el razonamiento, ¿por qué no se fue Rabbani del país? Se quedó cuatro años más en la Argentina. Recién se fue en 1998.

–Nuestra hipótesis es que permaneció en el país para hacer un seguimiento de cómo se iban desarrollando los acontecimientos en la Argentina. Los iraníes son bastante escrupulosos. En el caso Mykonos el ministro de Inteligencia iraní quiso interceder para que no se involucre a ciudadanos de ese país en la pesquisa. Tenemos pruebas de que Rabbani elevaba detallados informes a sus superiores en Teherán de todo lo que iba pasando en el país. Además, era el vocero oficial de los iraníes para tratar de despegar a su país del hecho; iba a la televisión, hablaba en las radios, daba reportajes. La inmunidad diplomática le permitía esa delicadísima tarea sin riesgo a ser arrestado.

–Rabbani fue visto en la Juan B. Justo preguntando el precio de una Trafic. ¿Le parece una prueba sólida? ¿El jefe de la operación, con barba y turbante, preguntando por una camioneta para hacer un atentado?

–¿A usted no le parece sólido que alguien que jamás disimuló su apego al Islam más radical, su apoyo explícito al Hezbolá y su odio al pueblo judío, haya estado buscando el mismo tipo de camioneta que meses después se usaría para volar la AMIA? ¿Es esto una desafortunada casualidad? ¿Y qué hay de las explicaciones contradictorias que dio el propio Rabbani queriendo justificar esa búsqueda? Además, ¿qué importa la barba y el turbante, si después se contaría con la protección de la inmunidad? ¿Es otra casualidad que justo antes del atentado este mismo personaje haya recibido de afuera 150 mil dólares, de los cuales poco más de 90 mil fueron gastados antes de la explosión, y cerca de 40 mil en los dos meses siguientes? ¿Es también casualidad que a su gobierno se le haya ocurrido darle inmunidad diplomática justo cuatro meses antes del atentado, pese a que hacía más de diez años que estaba destinado en el país? ¿Es casualidad que menos de un mes antes del atentado se le haya ocurrido adquirir un celular? ¿Es casualidad que ese mismo celular haya sido el que operó en el lugar en el que fue estacionado el coche bomba, ese mismo día, menos de veinte minutos después de finalizada la maniobra, llamando a su mezquita? ¿O que, menos de una hora después y desde un locutorio cercano a la mezquita se llamara al celular de Foz de Iguazú que usó el coordinador del grupo operativo?

–¿Por qué sería una prueba que en los meses previos al atentado se incrementaron los correos diplomáticos?

–La utilización de los correos diplomáticos era uno de los métodos más seguros para intercambiar información y/o material sensible sin riesgo a ser detectados. Aquí tiene otra “casualidad” más: justo 45 días antes del hecho entran a la Argentina un montón de correos diplomáticos, todos ellos vinculados de alguna manera al aparato de inteligencia iraní. Nuestra Cancillería hizo saber que no había ninguna razón oficial que justificara semejante flujo. El propio subdirector de la Oficina de Ceremonial de esa época calificó ese movimiento de correos como “sensiblemente notable”.

–Usted afirma que el modelo fue el ataque al café Mykonos de Berlín. Allí no actuó como asesino nadie de la embajada iraní. Usted concluye que eso lo corrigieron en Buenos Aires para tener inmunidad. ¿No le parece que es acomodar las pruebas a lo que le conviene a su acusación?

–El dictamen no dice eso. Aquí tampoco actuó como asesino alguien de la embajada. Lo que nosotros sostenemos es que la diplomacia iraní cumplió funciones logísticas y de aporte de medios y de información sensible. Fue el Hezbolá libanés que se encargó de la ejecución material del atentado. Cuando decimos que la inteligencia iraní aprendió de sus errores nos referimos a Darabi, que era algo así como el Rabbani de Alemania, y que justamente por carecer de inmunidad fue condenado a cadena perpetua por los asesinatos en Mykonos.

–El Líbano negó que Ibrahim Berro fuera el suicida. Los hermanos también lo niegan. Ustedes no pudieron avanzar con la prueba de ADN.

–Una prueba que comenzó como indicio de inteligencia se fue robusteciendo y adquirió carácter de prueba judicial. Viajamos a entrevistar a los hermanos Berro en Estados Unidos para que nos aportaran datos circunstanciales necesarios para terminar de corroborar nuestra hipótesis. Nunca pretendimos que nos dijeran “sí, fue él”, ni podían saberlo. Fíjese que si bien el estado de contaminación de las muestras ha impedido hacer un estudio de ADN, se cuenta con otras evidencias independientes. Una de esas pruebas es, precisamente, la declaración de los hermanos. Es bueno aclarar que no fue el Líbano, como dice usted, sino Hezbolá el que negó que Berro fuera el suicida, lo que no nos sorprende. Los hermanos de Berro tampoco sabían que otro de sus hermanos, el jeque Assad, era miembro del Hezbolá, se enteraron cuando Assad se inmoló en una operación suicida contra un convoy israelí. Es lógico: se trata de cuestiones que son mantenidas en secreto hasta para los familiares. Si los hermanos ni sabían que Ibrahim militaba en Hezbolá, menos iban a saber que se inmolaría en el atentado. El líder de Hezbolá en persona, Hassan Nasrallah, dijo públicamente en el funeral del padre de los Berro que le agradecía por haber entregado a la causa dos “suicidas”. Otra cosa: el cadáver de Ibrahim Berro nunca apareció y a su funeral, que obviamente se hizo sin el cuerpo, asistieron las máximas autoridades de Hezbolá. Uno de los hermanos, Abbas, nos refirió desde cuándo Ibrahim se había ausentado de la casa, y las fechas coinciden con las del atentado. Hezbolá dice que Berro murió en una operación militar en el Líbano, pero en esa acción sólo hubo dos bajas israelíes, no murió ningún libanés. Otra cosa: la testigo que le pudo ver la cara al conductor de la Trafic, cuando les mostramos varias fotos sin decirle de quién era cada una terminó por señalar la de Berro. A todo esto hay que añadir la declaración de un arrepentido de Hezbolá en un país vecino, señalando a Berro como el suicida, y las llamadas realizadas los días 12 y 21 de julio de 1994 desde la Husseinia de Foz de Iguazú hacia el Líbano, a un abonado a nombre de una persona de apellido Berro, únicas llamadas registradas a ese abonado en todo el año ’94. Son muchas pruebas.

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