EL PAíS › OPINION

Una semana con “a” final

Tal vez no debió decir “tal vez”. La llamarán Cristina, nomás. La muerte de Febres y la conclusión más lógica. Un episodio digno de la pluma de Fontanarrosa. Las razones de una movida rara, según el Gobierno: Colombia en escena. Más conflictos que relax.

 Por Mario Wainfeld

Dijo que tal vez “Eva” merecía llegar a la presidencia más que ella misma. Tal vez no debió decir “tal vez”, la supresión habría sido “evitistamente correcta” pero lo dijo. Por lo demás, el discurso de Cristina Fernández de Kirchner fue una buena presentación, marcando diferencias con su precursor en el arte de la oratoria y resaltando enormes semejanzas en los contenidos. Más continuidad que cambio, decidieron los dos presidentes a medida que avanzaba la campaña, así se plasmó en el Gabinete. En consonancia le replicaron grupos de poder, gobiernos extranjeros, corporaciones, dirigentes sindicales y “del campo”. El Gobierno no paga el costo de la transición, la mayoría de sus funcionarios continúan en funciones, con pocas modificaciones en segundas, terceras o enésimas líneas. Tampoco tiene (tal vez porque no aspira a eso, tal vez porque no se lo conceden, vaya a saberse en qué orden o en qué proporción) el hándicap que se prodiga al recién electo o desembarcado.

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Todos le dicen Cristina: Si (como dijeron sucesivamente el griego en el Cratilo, Borges y Umberto Eco) el nombre es arquetipo de la cosa, será Cristina nomás. El vocativo se impone por goleada en los medios gráficos, ni qué hablar en los electrónicos, tanto como en la jerga cotidiana. Es hábito en Argentina cuando de mujeres se trata, se extiende a pocos masculinos: los que tienen nombres de pila infrecuentes (Ginés, Felipe) o apodos muy aceptados (Chacho).

La lógica mediática impone sus reglas: “Cristina” es más breve que sus apellidos, más personal y menos artificial que “CFK”, sigla útil para ahorrar caracteres en los títulos. Quienes atisban en ese modo de nombrar un sesgo machista o una diferencia con la eminencia atribuida a los varones se tendrán que ir apañando. Entre ellos, como actor de reparto, este cronista que cree más adecuado el trato igualitario sin tanto nombre de pila pero que irá cediendo a la magnitud de la tendencia.

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Agenda densa: Las primeras horas se distrajeron en la emoción de la jura, el día después fue narrado como activo y protocolar. Hubo mucho esmero al describir la vestimenta de la mandataria. Pero, desde el mismo lunes, la agenda incluyó otros ítem más densos. La muerte del represor Héctor Febres fue el primero, en orden de importancia y cronológico.

La investigación comienza, para la Justicia es prematuro emitir conclusiones drásticas, menos debe hacerlo un cronista. La lectura de la opinión pública funciona muy de otro modo, se plasma velozmente, se arraiga y se erige en sentido común en cuestión de horas. Para la enorme mayoría de los integrantes de los movimientos de derechos humanos y para los que bregan por verdad y justicia, la cosa ya está clara: el cianuro encontrado en la autopsia comprueba un asesinato, cometido por otros criminales de lesa humanidad. El crimen se hilvana con la desaparición de Julio Jorge López, proviene del mismo sector. Quizás esa conclusión sea un poco prematura, pero es la más razonable con los elementos disponibles. La percepción dominante es lógica y pone el dedo en la llaga de carencias estatales en materia de protección de testigos y encausados y también con un déficit en el armado de una ingeniería judicial que permita el mejor avance de los procesos. La mora concierne a los tres poderes del Estado. La Corte Suprema, muy vivaz para imponer metas al Ejecutivo y al Legislativo, sigue morosa para ordenar al Poder Judicial y para emitir normas de procedimiento imprescindibles, tan novedosas como el desafío histórico-institucional que estamos mentando.

El escenario general ha cambiado, lenta pero inexorablemente llegan las condenas birladas durante más de dos décadas. Criminales fogueados cebados en la sangre de otros argentinos que no tienen mucho más que perder pueden reaccionar exacerbando lo que son. Su reincidencia es una hipótesis de manual que las agencias estatales de seguridad y de inteligencia no están sabiendo prever, investigar o resolver.

Aún no se estipuló que no hubo suicidio pero es toda una referencia que no haya sido ésa la conducta de los genocidas en apuros. Tienen ataques de hipertensión, eventualmente gimotean, niegan sus culpas como cualquier ladrón de gallinas. Pero no ponen fin a su vida, ni (con la peculiar excepción de Adolfo Scilingo) confiesan. Un caso muy dudoso hubo en los ’90, el supuesto suicidio del represor Horacio Estrada, involucrado en el caso de la venta ilegal de armas. No se evocan otros, la información oficial fue inconvicente.

El gobierno de Néstor Kirchner llevó muy adelante la política de derechos humanos, mas su continuadora no puede dormirse en esos laureles pues la interpelan tareas de segunda generación, forzosas para consolidar lo avanzado y catalizar el avance de los juicios. La muerte de Febres, la frustración de la condigna condena que él y la sociedad merecían, propaga ese mensaje, más allá de cuál fue su causa.

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Onda Boogie el aceitoso: El caso Antonini Wilson rebosa de personajes dignos de las fantasías de Roberto Fontanarrosa. Dobles o triples agentes, de nula credibilidad y nacionalidades mutantes, con un tonito de fantasía tropical se combinan con la brutal presencia del FBI y el Departamento de Estado. Sólo en una colonia cultural como la Argentina pueden elevarse voces de terceros que defiendan la seriedad o transparencia de esas reparticiones del gobierno norteamericano. Cualquier persona medianamente informada (o aun un espectador atento de la reciente producción de Hollywood o de series que se divulgan en canales de cable) sabe que tras el atentado a las Torres Gemelas la legislación penal se hizo de goma y las potestades de algunas agencias avasallan cotidianamente toda regla garantista, sembrando prepotencia y añoranzas del estado de sitio.

Una versión en la que el principal acusado se transforma en víctima de una confabulación internacional justifica, por lo menos, alzar la guardia.

Conocer los móviles, en una partida de fulleros, es bien difícil.

El gobierno argentino no sólo se fragmenta entre los que ven una ofensiva contra Hugo Chávez que los toca de rebote y los que invierten ese relato. Una tercera hipótesis se menciona, siempre de modo informal y exigiendo reservar la fuente. En la Casa Rosada hay quien malicia que el escándalo tiene epicentro en Colombia y no en Venezuela. Las reuniones de Cristina Kirchner con la madre de Ingrid Betancourt, sus mensajes reclamando su liberación y aludiendo al gobierno colombiano conturbarían a la Casa Blanca. Alvaro Uribe es su aliado estrella en una región chúcara. Hugo Chávez fue desplazado del rol de mediador que podría ser ocupado por alguno de los Kirchner, a contragusto de Uribe. La movida de Miami podría tener que ver con ese escenario flamante y no tanto con la ya clásica relación con el líder bolivariano de camisa roja.

Son rumores VIP, que pisan alfombras de Palacio. De cualquier manera, el Gobierno nacional no las tiene todas consigo. Jamás pudo explicar las vinculaciones entre Antonini Wilson y su contertulio (amén de anfitrión aéreo) Claudio Uberti. Boogie Wilson es un truchazo VIP, nada serio emana de su entorno. Doble pecado, entonces, haberlo elegido como cofrade de viajes y contertulio.

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Puja distributiva: Como todos los años, agrupaciones de desocupados reclamaron el aguinaldo social, un pedido tan razonable como desoído. Hugo Moyano asistió a algunos fastos, desatendió otro e hizo oír advertencias al Gobierno naciente en un acto ad hoc. Como tantas otras minorías de sectores medios, los productores lecheros acudieron al piquete, que tantas náuseas suscita cuando es táctica de gentes más humildes. La puja distributiva no da respiros, ni la afectan los asuetos administrativos o el cambio de autoridades. La sociedad bulle... En buena hora aunque no sea fácil encauzar los conflictos, desentrañar el alcance de los amagues, ponerse al día con los trabajadores más desvalidos, sean desocupados o informales.

La mejor noticia en ese terreno fue la solución (así sea transitoria) del conflicto de los lácteos. El Gobierno dio (sin decirlo) un paso atrás respecto de una incursión ante tempus de Martín Lousteau. La mayor novedad, subestimada en unas cuantas coberturas periodísticas, fue la gravitante acción del gobernador santafesino. Hermes Binner convocó a las partes, las puso en caja y contribuyó a encauzar las diferencias al interior de la susodicha cadena productiva. Alberto Fernández y la presidenta, comentan muy cerca de ambos, ensalzaron a Binner, que ya había adelantado su intención de participar activamente en su primera reunión con Cristina, antes de asumir los dos. La cooperación política no se da sólo por vía de la “caja”, como postulan observadores miopes y rutinarios.

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Marche un café: Néstor Kirchner transcurrió sus horas pioneras en el llano sin dar muchas señales sobre el armado del café literario. Redujo su exposición pública, sin privarse del gusto de trillar algunos bares o restaurantes porteños. En uno de ellos cenó el jueves con el jefe de Gabinete y otros amigos y compañeros. No acompañará a la presidenta a Montevideo para la enojosa reunión de Mercosur. Seguramente tampoco será de la partida en periplos próximos y menos incordiantes. Muchas miradas se posan sobre él, ávidas de encontrar el doble comando. Por ahora, el megaconsorte no nutrió mucho material para la comidilla pero esta historia continuará.

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Sin relax: El mensaje inaugural ante el Congreso no agregó precisiones sobre el acuerdo social, aunque demarcó algunos de sus límites. Como es mejor prevenir que curar, varios actores se movieron en pos de mejorar su condición relativa, mientras esperan saber de qué se trata.

El Senado hizo leyes los proyectos del Ejecutivo, sin estrépito ni furia.

La primera semana de la presidenta tradujo un país con centenares de problemas irresueltos, una sociedad civil vivaracha (muy afecta a la acción directa) y un sector relevante de la oposición dado al comentario de actualidad.

La iniciativa política vuelve a quedar parcialmente en manos del Gobierno, que tiene adversarios que no se la harán fácil. Birlado el protagonismo de la presidenta por los affaires Febres y Antonini Wilson, al Gobierno le queda la chance (estilo K) de replicar con algún anuncio que cambie el eje. No era su intención primera pero la realidad siempre irrumpe, habrá que ver.

Falta muy poco para las fiestas, tal vez la principal moradora de la Casa Rosada opte por esperar el relax de fin de año. En cualquier caso, no será un relax muy prolongado, no los concede una sociedad en conflicto permanente.

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Imagen: Pablo Piovano
 
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