EL PAíS › EL MARTES TOMA LA PRESIDENCIA PRO TEMPORE DEL MERCOSUR

La segunda asunción de Cristina

Será una reunión del mercado común con tensiones especiales. Por un lado, el primer encuentro de Chávez y la Presidenta desde el arresto de los venezolanos en Miami. Por otro lado, una ceremonia con los fríos uruguayos jugando de locales.

 Por Fernando Cibeira

A una semana de haberse colocado la banda presidencial, Cristina Fernández de Kirchner protagonizará otra asunción. Será el martes, en Montevideo, cuando reciba de manos de Tabaré Vázquez la presidencia pro témpore del Mercosur. Como se ha hecho costumbre de un tiempo a esta parte, será otra cumbre condimentada por factores externos. Es de imaginar que luego de aquel abrazo de Tabaré en Chile y del retruque de Cristina en Buenos Aires, esta vez el conflicto por las papeleras pierda su papel protagónico. En cambio, será interesante ver qué actitud conjunta mostrarán la Presidenta argentina y el venezolano Hugo Chávez –y sus colegas– ante las novedades surgidas en Miami en torno del affaire de la valija de Antonini Wilson. Todo esto en el marco de un encuentro que la organización uruguaya redujo a lo mínimo indispensable, como para dar nuevas señales de que para ellos el bloque no funciona.

Resultó emotivo ver en el acto del domingo pasado a los presidentes de la región lanzando el Banco del Sur en Buenos Aires en coincidencia con la salida de Néstor Kirchner de la Casa Rosada. En los vibrantes discursos, varios se animaron ir más allá y anunciaron que el próximo paso tenía que ser la búsqueda de una moneda única en América del Sur. Pasadas las emociones, queda por ver lo que sucede en un ámbito más reducido como el del Mercosur, donde las dificultades están a la orden del día.

Los últimos encuentros del bloque estuvieron marcados por el problema entre Argentina y Uruguay por las papeleras. Argentina buscó, con éxito, que el problema no se tratara en este ámbito y circunscribirlo a un conflicto bilateral que debía resolver la Justicia internacional a través de la Corte de La Haya. Pero, sin dudas, la pelea afectó la dinámica de los encuentros que a duras penas conseguía sobrellevar la mala onda entre argentinos y uruguayos. La llegada de Cristina Kirchner prometía, al menos en lo público, una relación más amigable con Vázquez. Pero aquel gesto de Tabaré en la Cumbre Iberoamericana en Santiago cuando luego de un discurso dulce abrazó a Kirchner al mismo tiempo que en Montevideo salía el decreto autorizando a Botnia a funcionar, enfrió cualquier avance.

La réplica la tuvo en Buenos Aires, cuando en su discurso de asunción la Presidenta agradeció su presencia antes de arremeter contra lo que Argentina considera que es el origen del conflicto, la violación unilateral del Estatuto del Río Uruguay. Tabaré, que había saludado ante los aplausos de las gradas, quedó petrificado. La vicecanciller uruguaya Belela Herrera calificaría luego la alusión como “bastante infortunada”. “Fue muy gratuito, él no tenía derecho a réplica”, agregó. Obviamente, no está previsto en Montevideo ningún encuentro entre Cristina y Tabaré.

Luego del nuevo encontronazo, la cancillería uruguaya informó que se levantaba la cena de gala del lunes a la noche, típica antes de una cumbre. Aunque estas cenas suelen aburrir soberanamente a los presidentes –Kirchner faltaba siempre que podía–, el gesto de Uruguay debe entenderse como una queja a la situación del bloque. La reiteración de estas pataletas tiene fastidiados a los funcionarios argentinos.

Porque si bien el conflicto de las papeleras enturbió la comunicación de los encuentros entre presidentes del bloque, no ha sido ése el tema que ha generado más reproches sino el de las ya famosas “asimetrías”, un latiguillo que Paraguay y Uruguay han instalado en los documentos finales de las últimas cumbres.

Apocalípticos

Argentinos y brasileños suelen recordar las medidas que se han tomado para remedar las desventajas de las economías más chicas. Por ejemplo, la creación de un fondo aportado casi íntegramente por Argentina y Brasil que se destina a financiar proyectos productivos en Paraguay y Uruguay. También se creó un Grupo de Alto Nivel que viene trabajando desde mitad de este año en busca de otras soluciones a la cuestión.

Por eso, cuando Cristina Kirchner fue a visitar a Luiz Inácio Lula da Silva pocos días después de su triunfo electoral, funcionarios argentinos deslizaron en Itamaraty que ya no tolerarían más las veladas amenazas de Uruguay acerca de firmar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos en caso de que Argentina y Brasil no se abocaran a resolver en serio la cuestión de las asimetrías. “Eso no se lo vamos a dejar pasar otra vez. En cuanto digan algo así les vamos a pedir que aclaren si les interesa seguir en el Mercosur o no, y se acabó”, dijeron los argentinos en aquel viaje. Nada cambió hasta hoy.

La disyuntiva entre el Mercosur y el TLC con Estados Unidos es algo que se discute dentro del gobierno uruguayo, incluso a nivel partido dentro del gobernante Frente Amplio. El canciller Reinaldo Gargano aparece encabezando el sector pro Mercosur, mientras que el ministro de Economía Danilo Astori es el abanderado del TLC. Pero, hoy, aún los pro Mercosur se muestran enojados, por eso la cancillería organizó una cumbre reducida a su mínima expresión.

“Las últimas cumbres en Córdoba y en Brasilia se organizaron con brillo y salieron muy bien, pudieron discutirse cosas importantes. Uruguay quiere tirar todo abajo y hacer una cumbre ‘austera’ porque así notan al bloque. Con esa perspectiva se hace difícil que surjan debates productivos”, mascullaban en la Cancillería argentina.

El martes habrá un desayuno de trabajo en el Palacio del Mercosur, con la agradable vista de las playas de Montevideo. Luego la sesión de los presidentes, el documento, alguna declaración y todo habrá terminado. En medio, una buena noticia: la firma de un TLC entre el Mercosur e Israel, para lo cual viajará el ministro de Industria y Comercio israelí.

Integrados

Pero si el bloque aparece fracturado, la sintonía entre los tres grandes –Argentina, Brasil y Venezuela– luce como en sus mejores épocas. Hugo Chávez buscó y encontró respaldo entre sus amigos de la región luego de la dura derrota que sufrió en el referéndum constitucional. El matrimonio Kirchner le dio un enfático apoyo público en su paso por Buenos Aires y luego se mostró distendido en Brasilia, en una visita a Lula en la que firmaron la creación de una empresa petrolera binacional entre los colosos Petrobras y PDVSA. Lula y Chávez parecen haber dejado atrás las diferencias que en algún momento surgieron entre ambos y si bien la incorporación de Venezuela al Mercosur continúa trabada en el Congreso brasileño, el gobierno hace todo lo posible para que salga. Chávez confirmó que estará en Montevideo.

Un punto de interés será ver cómo interactúa con Cristina Kirchner luego del affaire de la valija. La Presidenta reaccionó con un discurso muy duro ante la acusación difundida por el FBI en base a la grabación de uno de detenidos venezolanos de que los 800 mil dólares eran para su campaña electoral. La cancillería venezolana sacó luego un comunicado felicitándola por su mensaje que, entre otras cosas, reivindicaba su vínculo con Chávez. Sería extraño que el venezolano no aprovechara el escenario internacional para dar su parecer sobre la investigación del Departamento de Justicia.

La cumbre de Montevideo terminará con el traspaso de la presidencia pro témpore de Vázquez a Cristina Kirchner, que ejercerá un período de seis meses que en Cancillería imaginaban productivo. “Vamos a avanzar en la reforma institucional del Mercosur dándoles un mayor espacio a los organismos regionales y a todo lo que tenga que ver con la integración productiva”, explicó el subsecretario de Integración Regional, Eduardo Sigal. En el plano económico, se buscará terminar el código aduanero y poner en marcha el fondo pyme para la asociación entre empresas. Por último, en el semestre se arrancará con el comercio en monedas locales, una medida que apunta a la tan mentada búsqueda de la moneda única en la región. Una aspiración que en este marco suena a utopía.

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El lanzamiento del Banco del Sur fue un buen momento.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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