EL PAíS › GRACIELA DALEO

“Fisurar el muro de impunidad golpea el poder”

“En el caso López eligieron la desaparición, eje de la represión. En el de Febres, el cianuro. Un plus cuyo destinatario específico son los militantes de los ’70”, asegura esta sobreviviente de la ESMA. Y vuelve sobre el reclamo de cárcel común para los represores.

 Por Diego Martínez

Perdió la cuenta de las veces que declaró como testigo pero no la perseverancia para exigir justicia. Graciela Daleo sobrevivió a la ESMA, volvió a ser detenida en democracia y rechazó un indulto de Carlos Menem. Hoy coordina una cátedra libre de derechos humanos y acepta dialogar sobre el actual proceso de justicia. Padeció al represor Héctor Febres durante su cautiverio en la ESMA y cree que el prefecto murió asesinado para enviar un mensaje múltiple: a los represores y a los militantes de los ’70. “Hay un plus macabro: somos las organizaciones populares las que debemos plantarnos frente a las instituciones para pedir que garanticen que lleguen vivos a escuchar la sentencia.”

–¿Cómo recibió la noticia de la muerte de Febres?

–Me sorprendió, me dejó perpleja y me generó interrogantes múltiples. ¿Muerte natural, suicidio o asesinato? Al menos esa pregunta se develó: murió envenenado con cianuro.

–¿Tiene alguna hipótesis? ¿Murió o lo mataron?

–Tengo apenas impresiones, relacionadas con la significación del personaje, su pertenencia y responsabilidades. Este desenlace ratifica cuán justa es nuestra exigencia de que los asesinos estén en cárceles comunes y custodiados por penitenciarios. Eso no garantiza sus vidas, porque en las cárceles los presos mueren asesinados por el Servicio Penitenciario, incluso quemados vivos. Pero la muerte de Febres demuele el argumento del juez Sergio Torres de “garantizar la seguridad de los detenidos”. Se lo hemos planteado en persona.

–¿Qué respuesta dio?

–Ninguna. Desde 2003 cuando empezaron las detenciones vivimos ese silencio como una burla a la lucha por juicio y castigo. Que sean cuidados por sus pares y reciban visitas sin control son lujos de los que ningún preso dispone. Ni siquiera de cárceles dignas disponen los presos comunes.

–¿Conocía los privilegios que tenía?

–Sabíamos cómo era el lugar, no sobre el acceso irrestricto. Si no fuera una ofensa sería risible. Es asombrosa la cantidad de visitas a médicos, dentistas, oculistas, sólo les falta ir al pedicuro. Pedimos que se investigara el significado de tantas visitas a médicos privados sin control serio y fehaciente. Intuíamos las condiciones de presos VIP porque sabemos que así se los atiende. Leer el reclamo de celular, Internet, mingitorios y más ventanas de los marinos trasladados a Campo de Mayo es una mofa. Significa que antes los tenían.

–No todos los jueces admiten privilegios. ¿Por qué ocurrió así en este caso?

–Es una respuesta que debe dar el juez. Ocupamos lugares distintos: él decide, no es algo que suceda naturalmente. Pero es imperioso que el diseño de las detenciones sea concienzudo. Cárceles comunes no puede implicar formar clubes de represores, como se plantea en Marcos Paz, donde el director llegó a hablar de “presos políticos”. Se tomó la decisión correcta de separarlo, pero queda claro que no es un caso aislado.

–¿Dónde deben estar presos?

–Si los juzgados están en Capital tienen que estar en Villa Devoto o en cárceles para procesados a disposición de la Justicia federal, igual que cualquier preso.

–Reitero la pregunta: ¿cuál es su hipótesis sobre la muerte de Febres?

–Mi impresión es que fue asesinado. Le hicieron tomar cianuro. El primer destinatario del mensaje son los propios represores. No creo que fuera a hablar porque nunca dio un dato útil. El mensaje para ellos es “ojo con lo que hacen, el pacto de silencio sellado con la sangre se debe seguir manteniendo”. El segundo se relaciona con la elección del cianuro. Intentan mostrar que siguen siendo dueños de la vida y de la muerte. En el caso López eligieron la desaparición, eje central de la represión. En el caso Febres, el cianuro. Es un plus que tiene como destinatario específico a los militantes de los ’70. “Ustedes apelaban al cianuro para evitar que los torturáramos y matáramos, nosotros lo usamos para no ser sometidos al escarnio que significa ser condenados”. Ser perseguidos por la justicia es para ellos una forma simbólica o figurativa de muerte civil. Y hay otro plus macabro: somos las organizaciones populares las que debemos plantarnos frente a las instituciones para pedir que garanticen que lleguen vivos a escuchar la sentencia. El gran agujero negro del lunes es tener que aceptar que otro genocida murió impune. Por eso pedimos al Tribunal Oral Federal que considere probados los hechos, aunque no pueda leer la condena. Es paradójico: hay ascensos pero no condenas post mortem. Si el Tribunal Oral Federal 5 rechaza el pedido vamos a insistir en otras instancias. Si bien sobreseimiento no es sinónimo de inocencia, para el saber popular lo es, y en la historia no puede quedar inscripto que Febres fue inocente. Es responsable de centenares de desapariciones, torturas, apropiaciones, de todo el sufrimiento de nuestro pueblo y las consecuencias que aún padecemos.

–Antes de fin de año la Justicia dictará sentencia en el caso de Nicolaides y el Batallón de Inteligencia 601. ¿Es posible otro Febres?

–Me niego a pensarlo. La desaparición de López fue una trompada fenomenal al movimiento popular y uno se niega a pensar que pueda repetirse. Sólo sé qué debemos hacer: exigirle a las instituciones juicio justo y castigo rápido, pues las pruebas están sobre la mesa, y cárceles comunes. Esa red de exigencia debe ser cada vez más intensa y densa, para que quienes estamos más expuestos no sintamos que estamos solos. Nos toca un papel específico, pero la lucha es de todo el pueblo. Los casos López, Febres, las amenazas refutan la pretensión de que “están juzgando a estos viejos de mierda porque ya no joden a nadie”. No es cuestión del pasado. Fisurar el muro de impunidad golpea al poder. Y los poderosos responden.

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