EL PAíS › REVELACIONES SOBRE LA AUTOPSIA DEL REPRESOR DE LA ESMA QUE MURIO ENVENENADO

“Querían asegurarse de que se muriera”

No se sabe si se suicidó o lo asesinaron, pero sí que la cantidad de veneno en el cuerpo correspondía a varias veces la dosis necesaria para causarle la muerte. Falleció entre las diez y las doce de la noche del domingo, poco después de la cena con su familia. Ayer estaban siendo interrogados su esposa, hijos y los prefectos que debían vigilarlo.

 Por Raúl Kollmann

“Tomó o le dieron cantidades siderales de cianuro. Diría que, como mínimo, dos cápsulas. Eso significa varias veces la cantidad que se necesita para que una persona muera. La hora de la muerte: entre las diez y las doce de la noche del domingo. Y se encontró cianuro en el estómago. A simple vista se veía que la carne tenía unas dos horas de digestión y la impresión es que el cianuro se consumió muy poco tiempo después de eso. Ahí está la razón por lo que la jueza vincula a los familiares con el cianuro.” El escalofriante diagnóstico proviene de un forense que trabaja –y trabajó durante la autopsia– en el caso de la muerte de Héctor Febres. Al cierre de esta edición estaban siendo indagados la esposa del represor y sus dos hijos, que dieron las respuestas más obvias: no saben nada, no tienen idea de cómo llegó el cianuro al cuerpo de Febres. También esperaban ser interrogados los dos prefectos detenidos el jueves. La jueza Sandra Arroyo calificó los hechos como “muerte dudosa”, pero tratándose de una persona que estaba presa, es decir bajo la custodia del Estado argentino, está cantado que en las próximas horas se inclinará por “instigación o facilitación de suicidio” e incluso “homicidio”, si encuentra elementos que indiquen que Febres fue envenenado para silenciarlo.

“Mire, una prueba de que era descomunal la cantidad de cianuro que tenía Febres en el cuerpo lo da el hecho de que ese veneno se encontró en el primer test –explicó el forense, que pidió reserva de su nombre–. El método consiste en tomar las vísceras, por un lado, y la sangre, por el otro. De las vísceras se hace una especie de caldo y, antes, mediante un gotero se hacía la prueba con un reactivo que se pone de un determinado color ante la presencia de cianuro. Ahora eso mismo se hace con un kit, que trae un papel que reacciona ante el cianuro, otro papel que reacciona ante el arsénico y así sucesivamente. Es un primer testeo. Al sumergirse el papel de kit dio inmediatamente la presencia de cianuro. Por las dudas, por la tarde se volvió a hacer una contraprueba y estaban presentes todos los forenses. Si el cianuro aparece tan fácil, al primer reactivo, estamos hablando de importantes cantidades. Para matar una persona se necesita, más o menos, un miligramo por kilo de peso. A veces incluso hace falta menor cantidad. En el caso de Febres tenemos que hablar del doble o del triple. No menos de dos cápsulas. Se ve que querían asegurarse la muerte”, completó el profesional.

“Un dato de importancia para este caso y para cualquiera es el horario de la muerte –continuó el forense–. Lo de Febres ocurrió entre las diez y las doce de la noche. Eso se percibe por el lugar donde se encuentra el cianuro, en este caso el estómago. Y, además, por experiencia, al ver el avance en la digestión de lo consumido en la cena, se percibió que el horario en que se ingirió fue bastante aproximado al de esa última comida. Por supuesto que no durante la cena, porque el cianuro mata en segundos. Hay una vieja película que se llamó algo así como Cuente hasta cinco y muera, justamente sobre una muerte por cianuro.”

Desde un punto de vista estrictamente criminalístico, la mayor posibilidad es que alguien le haya suministrado a Febres el cianuro para que se suicide. Ello es así –según afirma criminalistas consultados por este diario– porque el represor apareció muerto en su cama, acostado. O sea que la secuencia más probable es que haya tomado las cápsulas estando ya acostado, enseguida después de la cena familiar del domingo, y murió pocos segundos después. Sin embargo, dadas las irregularidades que la jueza federal detectó en la prisión VIP que ocupaba Febres, tampoco se puede descartar que alguien haya modificado la escena. La jueza Arroyo había convocado a la División Homicidios de la Policía Federal para que investigue el caso. Lo cierto es que cuando llegaron los criminalistas de la Federal al lugar de los hechos, el cuerpo ya no estaba y todo había sido limpiado. De todas maneras, Arroyo vio personalmente la escena de la muerte ni bien recibió la denuncia, pero Homicidios hubiera querido verificar si había vasos, medicamentos o algún otro elemento que pudiera estar relacionado con la muerte.

Una fuente judicial expuso el cuadro de situación de la siguiente manera: “Febres entraba y salía de ese apartamento que tenía en la base de la Prefectura en el Tigre. El descontrol era tan ostensible que el cuerpo sin vida del detenido se encontró once horas después de muerto y sólo porque llamó la atención que Febres no haya bajado a desayunar. Tenía celular, DVD, las visitas eran ilimitadas y extensas. En ese cuadro en el que no hubo control alguno sobre lo que le traían o le daban a Febres, va a ser muy difícil determinar si lo envenenaron o alguien le dio el cianuro porque él, que estaba deprimido, quería suicidarse”.

–¿Es tan fácil conseguir cianuro? –le preguntó este diario al forense que actuó en le caso.

–Sí, el cianuro es fácil de conseguir en su versión industrial. Se utiliza en las industrias del plástico o del acero, por ejemplo. Eso hace que sea sencillo comprarlo en droguerías industriales. Ahora bien, viene en unas pelotitas, del tamaño de huevos de paloma, en las que el cianuro no está refinado y, además, es difícil de digerir. Eso me hace pensar que la provisión de las cápsulas fue distinta. Un químico depuró y concentró el cianuro, porque en ese estado se encontró en el cuerpo. No será fácil determinar cómo accedió Febres a ese veneno –razonó el forense.

Anoche declararon ante la jueza Arroyo, la esposa de Febres, Estela Maris Guevara, y sus dos hijos, Héctor Ariel y Sonia Marcela, todos ellos representados por el abogado Martín Orozco. Pese a que la magistrada dispuso el secreto de sumario, la declaración parecía cantada: no saben nada del cianuro ni de la muerte de Febres. Es más, no son pocos los que dicen que se constituirán en parte querellante porque Febres estaba bajo la custodia del Estado argentino y en esa situación lo mataron o se mató. “No es nuestra responsabilidad, es responsabilidad del Estado argentino”, argumentan los familiares, pese a que la realidad es que los allegados a Febres estuvieron con él en la noche del domingo, la jueza sospecha de ellos y lo concreto es que terminó con cianuro en el cuerpo en ese mismo anochecer de visitas.

Judicialmente hablando, la instigación o facilitación al suicidio tiene una pena de uno a cuatro años. “Como Febres estaba en un lugar de detención, la instigación o facilitación es el encuadre mínimo de este expediente. Porque justamente quienes están a cargo de la custodia deben preservar a un preso de un homicidio o un suicidio –le dijeron fuentes judiciales a Página/12–. Lo cierto es que el homicidio por envenenamiento tampoco se puede descartar. Habrá que ver si aparecen indicios en la documentación y las computadoras secuestradas”.

La jueza Arroyo dispuso que técnicos informáticos oficiales analicen lo que hay en las computadoras secuestradas, especialmente una ubicada en el lugar de detención, pero todo se hará en los próximos días porque se le dará a la defensa la oportunidad de que designe peritos. Debe recordarse que no sólo están detenidos los tres familiares sino también dos integrantes de la Prefectura, a cargo directa e indirectamente de la custodia. Según trascendió, en la mira de la Justicia hay otros profesionales, especialmente de la medicina, que atendían y visitaban a Febres en su lugar de seudodetención.

Entre los forenses y criminalistas consultados por este diario surgió ayer una preocupación relacionada con la posibilidad de que la muerte de Febres haya sido un suicidio: “Debería ponerse mucho acento en el control de quienes están presos por delitos semejantes. Aunque parezca una ironía, los suicidios son contagiosos. Cuando se produce uno de estas características, otros pueden intentar el mismo camino”, razonó ante este diario un forense con más de 30 años de carrera.

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Sonia Febres, hija del prefecto represor de la ESMA, ayer, al ser llevada a los tribunales federales de San Isidro.
Imagen: Rolando Andrade
 
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