EL MUNDO › VISITA DE CARLOS LOPES, SECRETARIO EJECUTIVO DE LA COMISION ECONOMICA PARA EL AFRICA DE LA ONU

De Adis Abeba a Buenos Aires

El educador y ensayista nacido en Guinea Bissau, experto en el mercado africano, dice que para esa región Latinoamérica es un modelo de soluciones y un recetario de cosas para hacer.

 Por Sergio Kiernan

Esta semana, el canciller Héctor Timerman tuvo un invitado de primer nivel, pero poco conocido en el país. El huésped fue Carlos Lopes, un economista, educador, ensayista y funcionario de las Naciones Unidas nacido en Guinea Bissau, que es el Secretario Ejecutivo de la Comisión Económica para el Africa de la ONU. Esto es, Lopes puede ser definido como una de las personas que más sabe de uno de los mercados con mayor potencial humano y económico de este siglo.

Lopes es de esos funcionarios que andan por el mundo con cuatro o cinco idiomas a mano, la cabeza acostumbrada a devorar datos y un el hábito de mirar las situaciones que le tocan de cerca. Doctorado en París, estudió también en Suiza y Portugal, y es docente y asesor de varias universidades. La costumbre de enseñar se le nota en la absoluta claridad con que explica las cosas más bravas, como las posibilidades de desarrollar Africa, y la solidez con que esquiva y hace esquivar los estereotipos más arraigados.

De vuelta en Buenos Aires “después de demasiados años”, el diplomático explica que su visita es “informativa, para analizar la economía africana y para mostrar las posibilidades de intercambio e inversión”. Lopes agrega que Latinoamérica es, para los africanos, un modelo de soluciones y un recetario de cosas para hacer. “Conozco todos los países del continente”, dice, y se larga a explicar herramientas que encontró útiles en las políticas sociales de la última década. “Hay ideas en ingeniería social excelentes, políticas de agricultura familiar, sobre pymes, sobre el cuidado del medio ambiente sin echar a los campesinos que se pueden usar allá”, dice. Por algo, la Fundación Lula ya tiene un capítulo africano.

Lopes llegó a Buenos Aires acompañado por Gustavo Grippo, el embajador argentino basado en Adis Abeba que nos representa ante Etiopía, la Unión Africana y la misma Comisión Económica para el Africa, que también hace base en la capital etíope. Lopes insiste en un tema que es habitual en él, el de “hacerle justicia a las complejidades de un continente complejo, del que se cubren sólo las malas noticias y sobre el que se construye una imagen simple, negativa, estereotipada”.

Tan así, que es una sorpresa enterarse de que en los últimos años Africa es la región que más creció en porcentajes en el mundo, un sólido cinco por ciento anual. De hecho, en promedio más que duplicó su PBI, algo que parece reservado a los chinos. Tampoco se sabe que China no es el principal inversor, rol que le cabe a la India, nada menos. Y mucho menos que todo este crecimiento, comercio e inversión no gira sobre lo extractivo, como es tradicional: por primera vez, el consumo interno es el motor de las economías y los minerales, materias primas y petróleo bajan su incidencia en la ecuación.

Lo que ocurrió en Africa fue una revolución social silenciosa en la que el continente tiene ahora el 48 por ciento de su población en las ciudades, con perspectivas de que el porcentaje llegue al sesenta en pocos años. También hay una revolución tecnológica gracias al celular, aparato que los africanos no paran de comprar: sólo China es un mercado mayor. De hecho, el salto es tan claro que Africa es primera por lejos en el ranking mundial de operaciones bancarias realizadas por teléfono, y uno de los primeros en compra de seguros y planes de salud por ese medio. Así se salta la falta de infraestructura material y la baja incidencia de Internet, apenas el 30 por ciento y de mala calidad.

Por supuesto que no todo es positivo, porque la situación social no cambió y los pobres siguen siendo pobres y mayoría. Las exportaciones son abrumadoramente extractivas y nadie ve una revolución industrial africana en el horizonte de una región donde el valor agregado manufacturado bajó. Pero curiosamente, la tendencia es a mejorar también en esto. La gobernanza africana mejoró dramáticamente, la calidad democrática también y pese al lugar común de los noticieros, cada vez menos africanos son afectados por la violencia. De hecho, Asia tiene más del doble de personas afectadas por guerras, guerrillas y represiones que Africa.

Con lo que Lopes se atreve a soñar con un futuro en el que el boom en los servicios no quede sólo en manos del sector informal, que no paga impuestos ni da seguridad social, y propone cosas como reformas burocráticas para liberar y expandir internet, “sin gastar ni un centavo”. Y luego, “a buscar clientes, a comerciar, a conocernos mejor”.

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Doctorado en París, Lopes estudió también en Suiza y Portugal.
 
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