EL MUNDO › DESDE SU PRIMERA CANDIDATURA HASTA HOY LE FABRICARON MUCHAS ACUSACIONES

Lula, un blanco de operaciones de prensa

En 1989 un supuesto comando guerrillero del PT participó de un sonado secuestro que le costó la elección a Lula, aunque después se comprobó que el PT no tenía nada que ver. También le endilgaron un falso aborto, y ahora lo persiguen con el “dossiergate”.

 Por Darío Pignotti
Desde San Pablo

La bomba noticiosa detonada hace dos semanas involucrando, con pruebas, a miembros del Partido de los Trabajadores (PT) en un escándalo de espionaje político confirma que en Brasil las campañas electorales deparan sorpresas hasta último momento. O hasta última hora. El domingo 17 de diciembre de 1989, cuando millones de ciudadanos aún no habían sufragado, las principales cadenas televisivas interrumpieron sus transmisiones para mostrar a un grupo de secuestradores poco después de ser detenidos y de ser liberada la víctima. Curiosamente, todos los sospechosos llevaban camisetas del PT.

El episodio fue asociado directamente con el candidato Luiz Inácio Lula da Silva y, probablemente, influyó para que parte de los indecisos escogieran a su rival, Fernando Collor de Mello, finalmente vencedor en aquel ballottage. “Fue todo un montaje para perjudicar a Lula”, asegura, diecisiete años después, Humberto Paz, comandante de la célula que raptó al empresario Abilio Díniz, propietario de Pan de Azúcar, la mayor cadena de supermercados brasileña, por quien pretendían obtener un rescate de 30 millones de dólares, destinados a financiar a un brazo del salvadoreño Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional.

Entrevistado por Página/12, Paz, que purgó diez años de prisión en Brasil, cuenta: “Nosotros pertenecíamos a algunas organizaciones armadas de El Salvador y Chile, que no teníamos nada, te repito, nada, que ver con el PT. Ellos nunca fueron informados de lo que estábamos organizando y en 1996 el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (de Chile) reconoció su responsabilidad en la acción. Pero eso no lo sabían las personas que nos vieron por televisión o en fotos con camisetas del PT”.

Entre algunos dirigentes petistas oídos por este diario, el secuestro de Abilio Díniz en 1989 es citado como un ejemplo de las celadas político-informativas de las que suelen ser víctimas, dicen, hasta en la actualidad. Citan al estudioso Venicio Lima y a su libro Medios, crisis política y poder en Brasil, recientemente publicado, que repasa la actuación de la TV Globo en diversas coyunturas electorales y durante la gestión Lula. El autor concluye que ese oligopolio sigue apegado a prácticas cuestionables, comportándose como una suerte de partido opositor, mucho más lesivo para el gobierno que los partidos propiamente dichos.

Es cierto que esta crisis ha dado lugar a algunas trampas noticiosas para hundir al gobierno. Pero no se puede ignorar que ahora no hay una conspiración como la del ’89. Hay confesiones de importantes miembros del PT y pruebas, como los 1,7 millones de reales encontrados en la maleta de un miembro de ese partido para pagar a un mafioso por un dossier que incrimina al gobierno del ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

Además, Lula ya no despierta el pánico que suscitaba entre los poderes establecidos en 1989, cuando en su discurso de campaña se incluía, entre otros puntos, un cuestionamiento el pago de la deuda externa. La campaña sucia en su contra incluyó una publicidad en la que una ex novia lo acusaba de haberla obligado a abortar. Tiempo después se supo que había recibido una buena paga de Collor para el falso testimonio, que fue tomado por los medios como una prueba y no una sospecha contra Lula. En alguna medida, aquellas elecciones fueron el último coletazo de la doctrina de la seguridad nacional en Brasil, y los partidos conservadores, los medios y los organismos de seguridad actuaron en común para abortar la amenaza roja, corporizada en Lula.

Las sesiones de tortura contra el ex guerrillero Humberto Paz comenzaron en la noche del viernes 15 de diciembre, “enseguida después de que nos detuvieron, con picana eléctrica”, recuerda durante su diálogo telefónico con este diario.

“Nos llevan a un lugar que no puedo recordar porque estábamos encapuchados. Estábamos con tres compañeros, nos sacan toda la ropa y nos someten al pau de arara (colgados). Te digo más o menos porque la conciencia se pierde en ese momento. A la madrugada, cuando ya estábamos inconscientes por la paliza y las descargas, nos bajan y nos ponen una camiseta del PT a cada uno. Después vemos que un fotógrafo de la policía saca fotos al armamento que teníamos y le ponen panfletos y materiales del PT al lado.”

Durante años, Lula no quiso ni oír hablar de los secuestradores, pero en 1999, luego de semanas de huelga de hambre, los visitó en el hospital e intercedió para que fueran extraditados.

Paz evoca el encuentro con gratitud. “El estuvo justamente enojado con nosotros muchos años. Cuando conversamos con él le expresamos que por haber priorizado la solidaridad internacionalista habíamos dejado de considerar la realidad de Brasil. Reconocimos que perjudicamos no sólo al PT en las elecciones sino al proceso democrático que estaba volviendo a Brasil.”

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Un simpatizante del presidente Lula en Brasilia sostiene una bandera del PT.
Imagen: AFP
 
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