EL PAIS › LOS INTENTOS FALLIDOS DE CONVENCER AL VICEPRESIDENTE PARA FAVORECER AL OFICIALISMO

Cobosfobia de los senadores ultra K

La derrota del proyecto de retenciones móviles en el Senado provocó distintas lecturas. La mayoría criticaba al vicepresidente por desempatar en contra del Gobierno. Otros ensayaban una autocrítica.

 Por Miguel Jorquera

La llamada fue a las 20 del miércoles, mientras transcurría el debate en el recinto del Senado por las retenciones móviles. El jefe de la bancada de senadores K, Miguel Angel Pichetto, le confirmó a Cristina Fernández de Kirchner que la votación estaba empatada y le anticipó a la Presidenta su “intuición” sobre el voto de Julio César Cleto Cobos: “Vota en contra”, le habría dicho el rionegrino. La “corazonada” kirchnerista tenía sus fundamentos. El vicepresidente había cerrado sus teléfonos, esquivó cualquier contacto con el bloque oficialista y se atrincheró en su despacho de la presidencia de la Cámara alta junto a su familia. “Fue una puesta en escena para mostrarse reflexivo y compungido. No fue el peor día de su vida ni su discurso fue espontáneo: lo tenía decidido hace un par de días”, repetían las principales espadas oficialistas en el Senado.

Media hora antes del vaticinio de Pichetto, CFK habló con el propio Cobos. El mendocino volvió sobre su postura de “buscar consensos” y propuso la idea de pasar a un cuarto intermedio. La Presidenta le expresó su deseo de terminar esa misma noche con el tema. En la madrugada de ayer, Cobos repetía en el recinto, también sin suerte, la idea de pasar a un cuarto intermedio “para buscar consensos” y no quedar en el ojo de la tormenta. Sin el respaldo de oficialistas ni opositores, que lo empujaron a expresarse, el vicepresidente tuvo que jugar su voto y fue en contra.

El último intento para sacar a Cobos de la jugada estuvo a cargo de José Pampuro. El senador bonaerense se reunió a solas con el vicepresidente poco antes de las cuatro de la madrugada del jueves. Le propuso que si quería dar un paso al costado, él asumía la presidencia y decidía la votación a favor del Gobierno. Cobos se negó. Entonces el tablero electrónico marcaba la presencia de 70 de 72 senadores –Pampuro estaba con Cobos y el díscolo Juan Carlos Romero presidía la sesión– y el radical mendocino Ernesto Sanz, que intuyó la jugada, puso el grito en el cielo: “Le pido al presidente (del Senado) que venga al recinto así votamos”, repitió una y otra vez hasta que Cobos reapareció y se acomodó en el sillón de la presidencia.

“No sería justo decir que el demonio fue Cobos. Si te echan varios jugadores y el arquero tiene que patear el penal y lo erra, no toda la culpa es de él”, dijo como metáfora a Página/12 uno de los popes del bloque K en el Senado. Ayer hubo varias reuniones informales entre los senadores kirchneristas en las que se evaluó la situación. Los encuentros funcionaron como catarsis, autocrítica e intercambio de opiniones. Varios repartieron sus críticas hacia el interior del bloque y la Casa Rosada.

“Hubo displicencia en el Gobierno sobre la gravedad de la situación y no consiguieron acercar a ningún senador de las provincias gobernadas por los aliados”, dijo a este diario otro miembro del bloque kirchnerista. “(Emilio) Rached era de ellos”, admitió otro señalando hacia Balcarce 50, donde estaban los responsables de “contener” al santiagueño radical K que igualó la votación en el Senado. De todas sus tareas sólo lograron despejar la “repentina duda” del catamarqueño Ramón Saadi. Las críticas también se extendieron a hombres de confianza del Gobierno: el salteño Juan Manuel Urtubey y el chaqueño Jorge Capitanich. Ninguno logró disciplinar a todos sus legisladores.

Como contrapartida, marcaron el empeño que pusieron históricos dirigentes del radicalismo para encolumnar a viejos correligionarios a favor del No. Una tarea en la que colaboraron –afirman los K– desde Raúl Alfonsín, a través del teléfono, y Federico Storani y Leopoldo Moreau, en los pasillos del Senado. “Vinimos a hacerle el aguante”, dijo Moreau a los periodistas después de abrazar y hablarle al oído a Rached antes de ingresar al recinto en la madrugada del jueves.

Hacia adentro del bloque, los más denostados son el empresario aceitero Roberto Urquía y el ex gobernador salteño y también productor sojero Juan Carlos Romero. “Parecía un jugador de truco haciéndose señas con los radicales (Gerardo) Morales y Sanz en el recinto”, explicó uno de los K sobre Romero, que también se encargó –junto a Adolfo Rodríguez Saá y el hermano Eduardo– de animar al convaleciente Carlos Menem para que el riojano se mantuviera en pie hasta la votación. En tono decreciente las críticas también abarcan al “gran productor” Carlos Reutemann, Roxana Latorre y el pampeano Rubén Marín, “que no tiene problemas con la soja”.

Por ahora, los senadores K apostarán a dejar transcurrir un “tiempo razonable” para tomar decisiones. En tanto, el Gobierno cobijará a los leales.

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Los senadores K José Pampuro y Miguel Angel Pichetto.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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