EL PAíS › OPINIóN

Se nos fue un profesor, nos quedó un legado

 Por Agustín Carrara *

Falleció David Baigún. Era abogado e investigador, premiado y reconocido. Pero abogados hay muchos e investigadores también. Y los premios y reconocimientos no dicen nada por sí solos. Lo que realmente importa es otra cosa: Tute fue un defensor de los derechos humanos, con todo lo que eso significa.

Podría haberlo hecho de una manera fácil. Se copia y se pega un discurso, se escriben papers discutiendo cuestiones alejadas de la realidad, y se dictan clases donde se repiten las leyes de memoria. Pero no: Tute eligió el camino difícil (el camino sincero). Eligió dar las peleas que una verdadera democracia exige.

Durante las primeras décadas, la disputa fue con los gobiernos de facto y las persecuciones políticas. Su actuación como defensor de presos políticos le costó su propia libertad, siendo detenido varias veces. En épocas en las que la democracia se interrumpía frecuentemente, la lucha de Tute no se detenía.

En las últimas décadas apuntó su mira hacia enemigos más invisibles pero igual de feroces. La pelea debía darse donde está el poder, y el poder está donde hay dinero. Así, la criminalidad económica pasó a ser su principal preocupación. Al observar los delitos económicos y ambientales cometidos por grandes corporaciones, Baigún comenzó una lucha que nos abrió el camino a muchos para que hoy podamos continuarla.

Y ésa es, justamente, otra de las características que logran definirlo: Tute fue un formador. Entendió la importancia de generar espacios donde los jóvenes puedan involucrarse en estos temas. Creó condiciones de posibilidad.

En un tiempo, nadie recordará a los que vendieron sus ideales por jugosos honorarios pagados por los amigos del Poder. Tampoco a los que escribieron un libro que nunca intentaron aplicar. Pero sí recordaremos a quien nos dio las armas para continuar la batalla. Quien creó espacios de formación que perdurarán –de eso nos ocuparemos–, para que muchos podamos dedicarnos a luchar contra la delincuencia económica y el daño social que ella produce. Por gente como él, quienes hemos tenido la suerte de sumarnos al camino que marcó, hoy podemos estar seguros de algo: día a día nos vamos a dormir con los brazos cansados, la conciencia tranquila y las convicciones cada vez más firmes. Desde el Cipce te damos las gracias por eso, Tute.

* Director ejecutivo del Centro de Investigación y Prevención de la Criminalidad Económica (Cipce), en representación de todo el equipo de la institución.

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