SOCIEDAD › LAS PERSPECTIVAS DEL ENCUENTRO MUNDIAL DE OBISPOS

Los debates sinodales

La estrategia del Papa, que busca atender a lo que surja del Sínodo, pero sin ceder en sus posiciones. La arremetida de los conservadores. Propuestas para ordenar mujeres como diáconos.

 Por Washington Uranga

Transcurridos los primeros días del sínodo de los obispos católicos que se está celebrando en Roma, queda en evidencia lo que se viene señalando desde tiempo atrás: los sectores conservadores de la jerarquía católica se resisten a generar cambios en la óptica tradicional de la Iglesia sobre los temas que se están discutiendo y que atañen a todo lo relativo a la familia. El sínodo, que si bien “no es un parlamento, en donde para alcanzar un consenso o un acuerdo común se recurre a la negociación o a los compromisos”, tal como lo dijo el papa Francisco en la inauguración de la asamblea que reúne a 270 obispos de todo el mundo, es sí un ámbito donde se expresan las diferentes posturas de los obispos y donde se debate acerca de cuáles son las orientaciones que se deben dar a la acción de la Iglesia. Es verdad también que, por derecho eclesiástico, la última opinión la tiene el Papa, también contra lo que eventualmente pueda decir el plenario episcopal.

Al margen de estas consideraciones nadie puede negar que en estas reuniones eclesiásticas se construyen lobbies y grupos de presión para impulsar las distintas posiciones. Tanto en el plenario como en los llamados “círculos menores” (grupos de trabajo) unos y otros intentan consolidar sus posiciones y negociar aquellos aspectos que deberían aparecer en el documento final de recomendaciones que será elevado al Papa. Algunos conservadores han señalado también que Francisco intenta “manipular” el texto final del encuentro a través de la comisión redactora designada por él, integrada por obispos de todos los continentes, y de la que participa, entre otros, el arzobispo argentino Manuel Fernández, rector de la Universidad Católica Argentina. La queja había sido presentada ante el Secretario General del Sínodo, el cardenal Lorenzo Baldisseri, quien desestimó la protesta y fue respaldado públicamente por el Papa.

Dada la importancia que el propio Francisco le ha dado a la colegialidad episcopal (el gobierno colectivo de la Iglesia por parte de los obispos) los sínodos adquieren, sin embargo, una trascendencia muy importante. Bergoglio sabe que tiene que atender a lo que de allí surja, pero no está dispuesto a ceder en sus posiciones. Por ese motivo, y ante la arremetida de los conservadores para fijar posición, Francisco decidió intervenir ya en el segundo día de sesiones en un hecho que los “vaticanólogos” consideran poco habitual en un pontífice. Bergoglio decidió fijar posiciones.

Durante las primeras sesiones el cardenal Peter Erdo arremetió pretendiendo dejar en claro que algunos de los avances o aperturas planteadas durante la primera sesión del sínodo del año anterior respecto de la familia, los divorciados vueltos a casar y otros temas afines, no contaban con el aval mayoritario de los episcopados. Tampoco –aunque no lo dijo expresamente– algunas de las manifestaciones públicas de Francisco en la misma línea.

Bergoglio replicó y para hacerlo sigue utilizando la figura de la “misericordia” por encima de la “rigidez” doctrinal. Prefiere no discutir cuestiones doctrinales que irritan a los más conservadores, pero avanza en la búsqueda de respuestas “pastorales” que acerquen a la Iglesia a los problemas de las personas, de los fieles que se sienten afectados. “En donde está el Señor está la misericordia”, dijo Francisco en una homilía pronunciada en la residencia de Santa Marta la mañana en que decidió hablar en el plenario sinodal. Y agregó una cita de San Ambrosio: “Y en donde hay rigidez estns sus ministros. La testarudez que desafía a la misión, que desafía a la misericordia”. Quien quiera oír que oiga, pareció indicar.

Después se dirigió a los obispos y, haciendo nuevamente gala de su estrategia discursiva, poco más o menos que dejó de lado la presentación de Erdó y remitió nuevamente al documento de trabajo (Instrumentum laboris) que recoge las opiniones de los episcopados y que plantea muchas aperturas similares a las que el Papa viene anunciando públicamente. Sin embargo, en ese juego permanente de equilibrios, Francisco también dijo que la doctrina católica sobre el matrimonio y su indisolubilidad “nunca fue puesta en duda por el sínodo anterior”. Lo mismo dijo el vocero vaticano Federico Lombardi: “la doctrina católica sobre el matrimonio no estuvo en cuestión en la asamblea anterior ni lo está ahora; es la doctrina que conocemos y conserva su validez y no será tocada”.

Mientras los conservadores intentan cerrar la discusión y remitir todo a la doctrina, uno de los habituales voceros informales del Papa, el arzobispo italiano Claudio Celli, interpretó que “la discusión sigue abierta y la intervención del Papa la ha reiterado”. Bruno Forte, secretario especial del sínodo, había dicho que el presente “no es un sínodo doctrinal, sino pastoral, como lo fue el Concilio Vaticano II”. Y agregó que “no es que este sínodo se reúna para no decir nada, sino que hay vías para hacer que la Iglesia esté cerca de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo”.

En el mismo sentido el arzobispo canadiense Paul-André Durocher propuso en las reuniones sinodales que las mujeres puedan ser ordenadas diáconos, una instancia ministerial previa al sacerdocio. El arzobispo sostuvo que “creo que deberíamos empezar a mirar seriamente la posibilidad de ordenar a mujeres diáconos”, según lo reveló el Catholic News Service, una publicación religiosa de Estados Unidos. De acuerdo a la legislación de la Iglesia Católica los diáconos están encargados de la proclamación del Evangelio, pueden realizar bautismos y presidir matrimonios, también celebrar funerales. Además están habilitados para predicar en la misa y administrar la comunión. En línea con su petición anterior el arzobispo Durocher aseguró que es necesario que las mujeres ocupen cargos de mayor responsabilidad en el gobierno central de la Iglesia.

En el marco de la asamblea sinodal que se extenderá hasta el 25 de este mes de octubre, Francisco intenta evitar que la discusión se restrinja a algunos temas que, si bien son los más tomados por los medios de comunicación, no deberían a su juicio ser los únicos. Lo dijo expresamente: “No debemos dejarnos condicionar y reducir nuestro horizonte de trabajo, como si el único problema fuera el de los divorciados vueltos a casar”. Más allá de lo anterior el esfuerzo de Bergoglio y quienes sostienen sus posiciones dentro del sínodo es evitar la discusión binaria, por sí o por no, sobre todos los temas. Por eso el Papa insiste en el clima de “reflexión” que debe primar entre los obispos pero resalta, como lo había hecho en la sesión anterior el año pasado, que no hay restricción alguna para hablar de todos los temas y que los obispos deben “tener valor” para afrontar las discusiones que se presenten.

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La asamblea sinodal en el Vaticano se extenderá hasta el 25 de este mes.
Imagen: AFP
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