EL PAIS › ENTREVISTA AL MINISTRO DE ECONOMIA, MIGUEL PEIRANO

“La inflación surge de las inconsistencias y no de la política salarial”

Dice que no hay ruptura con Felisa Miceli, “una muy buena ministra”, y que no le molesta un horizonte de cinco meses porque busca “consolidar una política de cuatro años”. Defiende esos años afirmando que se actuó bien ante la crisis energética, que la política cambiaria es esencial y que muchas críticas son “interesadas o ideológicas”. La reconstrucción del Indec. La bronca de fondo con el neoliberalismo y la fe en las promociones al desarrollo.

 Por David Cufré

A Miguel Peirano le cabe como a pocos la definición de heterodoxo. No es usual, por caso, que un ministro de Economía baje personalmente a abrir la puerta de su edificio, sirva los cafés y prepare una bandeja con galletitas antes de la entrevista. Tampoco son usuales varias de sus definiciones en la boca de un jefe de Hacienda, como que el pensamiento neoliberal es perverso y que la Organización Mundial de Comercio (OMC) es un instrumento de presión de los países desarrollados sobre el resto de las naciones. En esta entrevista exclusiva con Página/12 no esquiva definiciones sobre los problemas más urgentes: las restricciones de abastecimiento energético, la crisis del Indec, la suba de precios, las tarifas de los servicios públicos y la evolución de los salarios.

–¿La salida traumática de Felisa Miceli del Ministerio de Economía puede generar algún ruido que afecte su gestión?

–De ninguna manera. Felisa Miceli realizó una muy buena tarea al frente del ministerio. Como ministro voy a conducir las decisiones para consolidar esta etapa de crecimiento, en el marco de la estrategia que el Gobierno encaró desde un inicio.

–¿El hecho de que tenga un horizonte de trabajo de cinco meses lo limita en la toma de decisiones?

–En absoluto. Mi trabajo será consolidar una política que el Gobierno viene realizando desde hace cuatro años. Tenemos que garantizar un crecimiento tan elevado como el que hemos tenido, con equilibrio sectorial.

–¿Qué le preocupa más, la inflación o los problemas de abastecimiento energético?

–Ninguno de los dos es preocupante. Son temas que requieren dedicación, gestión, que el Gobierno encaró con decisiones trascendentes. En términos de inflación, se adoptó la política de mantener un nivel de crecimiento muy elevado, de evitar recetas ortodoxas que implican subas de tasas de interés o ajustes recesivos. Se hicieron los acuerdos de precios, que la mayoría de los sectores empresarios ha entendido. En materia energética, el Gobierno avanzó desde su comienzo con inversiones muy importantes que están en proceso de maduración. Fue una señal de confianza hacia sus políticas de crecimiento, cuando gran parte de la oposición señalaba que se trataba de un veranito o de una recuperación transitoria. La estrategia existe y se seguirá encarando de la misma manera.

–A pesar de las inversiones en energía, hay un nivel de demanda que no pudo ser abastecido.

–Frente a circunstancias muy específicas y particulares en materia climática, con falta de lluvias y otros factores extraordinarios, y en el marco de un nivel de crecimiento de la economía tan elevado, hubo que tomar decisiones de administración de energía transitorias para preservar el consumo residencial. Esa decisión ha sido positiva. Si uno analiza la situación en estos días del sector industrial, que ya recobró suministro normal de energía en la mayoría de los sectores, es evidente que el tema no tuvo implicancias adicionales a un problema transitorio, que ya está encaminado.

–En junio hubo varios sectores industriales que sintieron el impacto de los problemas energéticos, con menor crecimiento o incluso con caídas de producción.

–Fue algo absolutamente coyuntural y ya se empezó a recuperar el comportamiento de esos sectores. Tasas de crecimiento industriales del 6,4 por ciento en el semestre o incluso del 5 por ciento de junio son muy elevadas. En términos internacionales es difícil encontrar tasas comparables. Son la envidia de la mayoría de las economías, incluso de aquellas en vía de desarrollo.

–¿Las restricciones energéticas pueden postergar proyectos de inversión?

–De ningún modo. El sector privado conoce las obras en desarrollo y sus plazos de maduración. Reflejo de esa realidad son los grandes anuncios de inversiones de las últimas semanas, de empresas multinacionales y de compañías nacionales. El análisis que realizan respecto de la provisión futura de energía los lleva a concretar los proyectos. Las inversiones requieren demanda y rentabilidad adecuada, y hoy la Argentina las genera para el conjunto de los sectores económicos.

–¿Al Gobierno le faltó reacción para prever lo que podía ocurrir con la demanda energética?

–No. Existe un grado de previsibilidad que a veces no es reconocido por cierto pensamiento ortodoxo, pero que es muy superior al que reflejaba la economía argentina en décadas anteriores. En etapas anteriores intentaban hacer de la certidumbre y la previsibilidad un valor, y al mismo tiempo la economía modificaba sus reglas permanentemente, estaba subordinada a los arbitrios del FMI y se aplicaban políticas que disminuían los niveles de demanda y los niveles salariales. Todo eso hacía inviable para una empresa proyectar nada. Como la recesión generaba dificultades fiscales, como había déficit fiscal y externo, se subían impuestos y las empresas sufrían cambios constantes. El nivel actual de previsibilidad de la economía es inédito, tanto en lo fiscal como en lo externo, en la promoción de los sectores y en la negociación internacional.

–¿Van a aumentar las tarifas de servicios públicos?

–No. El objetivo central del Gobierno en las políticas tarifarias ha sido preservar el crecimiento de la economía y el poder adquisitivo de la gente.

–¿Cómo piensa combatir la inflación?

–El Gobierno tiene un lineamiento para limitar la inflación que consiste en acuerdos de precios como mecanismo transitorio de administrar niveles de demanda tan significativos, y fundamentalmente la política de largo plazo, que es el incremento de la oferta. El objetivo económico es tener niveles de demanda sostenidos y, frente a ello, niveles de oferta crecientes.

–El FMI habla de una economía recalentada.

–Quienes plantean que se pueden resignar tasas de crecimiento están pensando en experiencias de países desarrollados, que son entendibles. Pero nosotros, con las dificultades sociales que aún persisten por los desequilibrios históricos de nuestro país, requerimos tasas de crecimiento elevadas. Para lograrlo hay que hacer frente a desafíos heterodoxos que son, en el corto plazo, los acuerdos de precios que limiten desvíos inflacionarios, y en el largo plazo la política de fondo fundamental que es el incremento de la oferta. Para eso hay que favorecer la inversión.

–¿La inflación superó las metas buscadas con los acuerdos de precios?

–La inflación es compatible con una economía que crece a tasas muy elevadas. Por supuesto que en un esquema recesivo, de estancamiento o atraso cambiario, podríamos tener niveles de inflación más bajos. Pero lo importante es que las consecuencias de la política económica se traduzcan en mejoras de la calidad de vida de la sociedad. Y al mismo tiempo ir tomando las medidas que garanticen niveles inflacionarios lo más bajos posible.

–¿Habrá acuerdos de precios más sofisticados?

–Va a continuar la política actual, que permitió establecer bandas de comportamientos de precios. Se garantizará, como se ha hecho, que si existen modificaciones o circunstancias extraordinarias en materia de costos de las empresas puedan ser evaluadas. Las empresas, entendiendo que en esta etapa lograron niveles de actividad, de rentabilidad y de expectativas muy favorables, han colaborado. También el Gobierno avanzó en un sistema de compensaciones a los sectores donde los precios internacionales han subido mucho.

–¿El precio del dólar puede caer?

–La variable cambiaria es un instrumento más del conjunto de reglas económicas. Pero el atraso cambiario en Argentina ha generado desindustrialización, crisis del sector agropecuario, pérdida de empleos y transferencias de ingresos a los sectores extranjerizados. El atraso cambiario es muy negativo para una economía. La Argentina tiene una paridad cambiaria de equilibrio, que permite compatibilizar un conjunto de objetivos de manera simultánea: crecimiento elevado, que repercute en términos de empleo, salariales y de desarrollo del interior del país, y un fuerte superávit comercial y fiscal que generan certidumbre a largo plazo.

–¿Cuál es la salida a la crisis del Indec?

–El camino que hay que recorrer en el Indec es profundizar una política de llamados a concurso, de incorporación de personal a planta permanente, de jerarquización del personal de línea, de profesionalización, de intercambios de información y capacitación con organismos estadísticos reconocidos internacionalmente. Hay que avanzar en temas centrales como evaluar los resultados de la encuesta de gastos de hogares de 2004-2005, que se está terminando de procesar, que reemplaza a la de 1996-1997, que evidenciaba una estructura de gastos totalmente desvirtuada frente al nuevo modelo económico. Ese es el camino a recorrer. De todos modos hay que tener presente que así como existen críticas que pueden ser legítimas en sus intereses o concepciones, también muchas veces hay intereses muy particulares y creados que deben ser advertidos.

–¿Qué intereses?

–Hay sectores que especularon con niveles inflacionarios que no se produjeron, que han tomado decisiones de especulación financiera muy vinculadas a títulos indexados por CER. Eso no obsta que el objetivo central sea ir avanzando en la profesionalización, en la jerarquización y en los llamados a concurso.

–La credibilidad en el índice de precios está muy golpeada. ¿Cómo se recupera?

–La credibilidad existe en el conjunto de los índices, pero siempre vamos a trabajar para una mayor jerarquización y profesionalización del Indec. Es el camino para garantizar la credibilidad.

–¿Considera que los aumentos salariales son inflacionarios, cómo se planteó en algún momento?

–También en algún momento histórico se planteó que era necesario fragmentar el pago de los aguinaldos o se postuló la flexibilización laboral. Siempre han existido intereses concretos o visiones ideológicas que han hecho de la variable salarial o de la legislación laboral un instrumento de presión. Los incrementos de sueldos de ninguna manera son inflacionarios. Son un factor central para el crecimiento. Cuando la política salarial se aplica de manera consistente se garantiza el crecimiento económico, como hemos visto los últimos años. La inflación surge de decisiones inconsistentes, pero culpar a la política salarial de inflacionaria es una visión ideológica para generar presión a la baja en las negociaciones salariales. Lo importante es encontrar un equilibrio entre la competitividad de los sectores y el factor fundamental del desarrollo económico, que es un mercado interno sólido y dinámico. El mercado interno es el pilar del desarrollo económico, que luego se acompaña por la dinámica de las exportaciones. Hay que preservar la recuperación de la masa salarial por mayor empleo y recuperación del poder adquisitivo. Por eso la importancia de las políticas activas que permitan que la discusión de la competitividad no se dé en base a la discusión salarial. El esfuerzo que hace el Estado con sus políticas de promoción de los sectores, de un tipo de cambio competitivo, debe ser complementado por las empresas en el interior de sus compañías.

–¿Los aumentos salariales se tienen que dar en función de la productividad?

–Es un parámetro. Pero hay que tener en cuenta la productividad y una recuperación del poder adquisitivo adicional.

–Es decir que no se debe limitar a la productividad.

–A mi entender existe margen para ir más allá de la productividad. La política salarial tiene que priorizar la recuperación del mercado interno, que a su vez garantiza demanda para las empresas y es un factor fundamental para que puedan tener rentabilidad. El Gobierno demostró una enorme consistencia para garantizar el equilibrio general de la economía, respetando aquellos objetivos centrales.

–¿El salario debe tener una mayor participación en la distribución de la renta nacional?

–Por supuesto. Ese es el camino y es el objetivo de la política económica. Y eso va de la mano del éxito y de la rentabilidad de las empresas. En términos absolutos ganan todos.

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Imagen: Gustavo Mujica
 
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