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Peligro de desalojo

La Justicia intimó a desalojar el Hotel Bauen, que fue recuperado por sus trabajadores. Vinculan la medida con el triunfo de Macri y anticipan que la resistirán.

 Por Laura Vales

La Justicia intimó a los trabajadores del Hotel Bauen a desalojar el edificio en 30 días para restituirlo a sus antiguos dueños. La resolución firmada por la jueza en lo comercial Paula Hualde llegó el viernes al hotel, donde los trabajadores comenzaron a debatir una estrategia para impedir el desalojo. Con ese objetivo, convocaron para mañana a las 17 a una reunión abierta en el edificio de la avenida Callao al 300.

Fabio Resino, integrante de la cooperativa de trabajadores, vinculó la orden judicial “al cambio de escenario político” generado por el triunfo de Mauricio Macri en el gobierno porteño. “Hay un clima que envalentona a los que impulsan estas cuestiones”, evaluó ayer desde el hotel. Resino relató que, de manera simultánea a la orden de desalojo para el Bauen, “acaba de salir otra resolución judicial que desconoce el carácter insalubre del trabajo en el subte”, donde se expresa una nueva conflictividad sindical, “y aparecieron obstáculos para reglamentar la ley que permitiría expropiar las empresas recuperadas de la Ciudad”.

La orden de la jueza Hualde beneficia a Mercoteles S. A., a quien ordena traspasar el edificio. Los trabajadores del Bauen denunciaron que se trata de una firma vinculada a los viejos dueños del hotel. La historia es intrincada: Marcelo Iurkovich inauguró el Bauen para el Mundial ’78 con un crédito del Banade, que nunca terminó de pagar (se estima que aún debe 13 millones de pesos). En 1997 lo vendió a la compañía chilena Solari S. A., que también contrajo deudas por Alumbrado, Barrido y Limpieza por más de 5 millones y llevó a la quiebra el hotel en el 2001, dejando a todo el personal en la calle. En el 2003, un grupo de trabajadores lo ocupó y posteriormente lo reabrió. Recuperaron así 154 puestos de trabajo.

“Mercoteles S. A. sostiene que compró el hotel, lo que habría pasado a fines del 2005 o principios del 2006, es decir cuando la gente ya estaba adentro”, detalló ayer Diego Carbone, abogado de la cooperativa. “Como director de Mercoteles aparece Samuel Kaliman, un hombre mayor de 70 años que es cuñado de Marcelo Iurkovich”. La sospecha de que Kaliman es en realidad testaferro de los antiguos dueños está apoyada además por otros indicios. El año pasado, Kaliman hizo una denuncia ante la Justicia contravencional contra los trabajadores, por falta de seguridad en el edificio, el hotel fue transitoriamente clausurado y el caso terminó en un juicio oral. En las audiencias, “Kaliman no supo contestar el domicilio legal de Mercoteles, ni cuándo se reúne el directorio, ni quiénes son los socios más importantes”, señaló Carbone, quien en su momento hizo una denuncia para que se investigara la veracidad del director.

Desde la reapertura de su fuente de trabajo, los trabajadores del hotel impulsaron varios proyectos de expropiación, pero ninguno prosperó. En ellos plantearon que el Estado, como acreedor de las dos gestiones empresarias (por el crédito no cancelado del Banade y la deuda por impuestos municipales) debería usar esas acreencias millonarias como parte de pago del edificio.

A pesar de esto, en diciembre del 2005 el macrismo aprobó en la Legislatura un proyecto exactamente contrario: establecía devolver el inmueble a sus antiguos dueños, condonarles las deudas y otorgarles una subsidio para pagar los sueldos de los empleados por un año. La presión de las movilizaciones de repudio logró desactivarlo.

En la actualidad, el Bauen está funcionando a pleno. Además de trabajar con el turismo, sus salones son utilizados diariamente por organizaciones sociales y políticas, y para actividades culturales. En el bar se cruzan extranjeros con activistas sindicales, y un porcentaje de los cuartos alojan siempre a militantes sociales del interior del país cuando necesitan pasar unos días en Buenos Aires. No hay conflicto social en la ciudad que no haya instalado un puesto de encuentro en el hotel. Por eso se descuenta que un eventual desalojo encontrará el lugar rodeado de apoyo social. Los trabajadores todavía no definieron la estrategia legal a seguir en el caso; por ahora anticiparon que no dejarán el edificio y convocaron a la reunión abierta para armar el respaldo a la cooperativa.

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El hotel se convirtió en un lugar de encuentro de las organizaciones sociales.
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