EL PAíS › REPORTAJE A RICARDO LOPEZ MURPHY

“No sería razonable romper PRO”

 Por Werner Pertot

Ricardo López Murphy toma un mate amargo por estos días. En el laberinto de diarios y documentos que se desparraman por su escritorio no se ven rastros de sobresitos de edulcorante. La falta de respaldo de su socio, Mauricio Macri, por ahora tampoco endulza sus oídos. En diálogo con Página/12, argumenta que “no es posible” que el Jefe opte por otra candidatura. “¿Sabe lo que va a ser explicar eso?”, plantea, aunque reconoce que puede haber “distintos grados de apoyo”. Luego del lanzamiento de Cristina Fernández de Kirchner, le entrega algún elogio sarcástico e ironiza sobre los intendentes del conurbano que la acompañaron luego de haber saltado el charco desde el duhaldismo. “Son la vanguardia renovadora del kirchnerismo”, se ríe el Bulldog.

Contenido, con una tranquilidad zen que pocas veces lo caracteriza, López Murphy contrasta con el clima de sus oficinas de la calle Florida, en plena ebullición por el cierre de listas de Recrear. Una y otra vez, entra y sale el diputado Esteban Bullrich, a quien el dirigente mencionó como su posible vice, en caso de que no haya acuerdo con el macrismo. Una posibilidad que se acerca (ver aparte).

–¿Se puede romper PRO?

–Bueeeeeno, yo creo que no. No sería razonable. No estoy haciendo una campaña disparatada. Estoy sosteniendo las mismas propuestas que sostuvimos siempre. ¿Cuál sería la excusa?

–Un planteo del macrismo podría ser que no mide en las encuestas.

–No, no. Obviamente, la idea de que ampliáramos la base de sustentación es un requerimiento razonable. ¿Quién no quiere eso? Eso en economía lo llaman la preferencia revelada: más es preferible a menos. Una definición –le diré– casi, casi de autitos chocadores.

–¿Hay algo que lo pueda convencer de no ser candidato a presidente?

–Mi estado de salud. No es un tema menor: me estoy chequeando, como los futbolistas que antes de comprarlos les piden que los chequeen.

–¿Sigue pensando en ser, a la vez, candidato a presidente y a diputado?

–Nunca hablé de eso.

–Lo dijo en una entrevista con este diario.

–Lo mencioné como una cosa que me demandaban.

–¿Y ahora lo descartó?

–Me parece que vamos a jugar a fondo con lo de ser presidente. Lo otro implicaría que estoy jugando a dos puntas.

–¿Qué va a hacer en el caso de que Macri apoye a otro candidato o decida no apoyar a nadie?

–Eso no es posible.

–Entonces, ¿su apoyo está asegurado?

–Eso me parece inexorable. Forma parte de la naturaleza de la coalición. Si no, ¿sabe lo que va a ser explicar eso? Lo que no quiere decir que puede haber distintos grados de apoyo: puede haber un compromiso militante en la campaña o puede haber una focalización en sus próximas responsabilidades como jefe de Gobierno. Eso sería entendible.

–¿No le llamó la atención que Macri se tomara diez días de vacaciones cuando había que hacer el armado nacional?

–(Cara de poker.) Estaría muy cansado...

–Antes de irse, Macri le pidió que hablara con Puerta.

–No, él me pidió un esfuerzo de diálogo con el resto del espectro político argentino.

–¿Puede haber una fórmula López Murphy-Puerta?

–Ellos van a tratar de ir a sus candidatos y me parece legítimo. Ellos se sienten muy humillados, con sus iconos, sus rituales, su liturgia. Quieren volver al tipo de acto en que se criaron. Ven un vacío y una oportunidad.

–¿Usted se vería en esa foto con Patti, Sobisch, Menem?

–Todo ese sector pretende una expresión legítima. No me haga calificar, si yo no descalifico a nadie.

–Algunos en Recrear sí han calificado el encuentro de San Luis: lo llaman “el parque jurásico”. ¿Usted lo comparte?

–¿Y usted dice que Manolo Quindimil es la expresión de la modernidad kirchnerista? Si me admite que lo que vimos en La Plata es paleozoico con los Othacehé, los Curto, los Alak, empezaría considerar explorar algún adjetivo...

–Dice que La Plata fue paleozoico, pero no dice nada de San Luis.

–Ellos tienen cierta... nostalgia de los retratos, de la marcha peronista. Me parece que forma parte de nuestra historia. No me pone nervioso.

–¿Y los Menem, los Sobisch, los Patti no lo ponen nervioso?

–Son los representantes tradicionales que el kirchnerismo no pudo incluir. Moyano-Othacehé-Quindimil son la delantera del Gobierno.

–No se juega a definir cuál es la delantera de San Luis.

–Bueno, la otra vanguardia es Rodríguez Saá-Puerta-Toma. Y me parece bien. Son las expresiones históricas que acompañaron a Menem. Cuando Cristina era la vicepresidenta del bloque menemista en la Constituyente de Paraná, muchos de ellos aceptaban su conducción.

–Ya que me menciona a Cristina, ¿qué le pareció su discurso?

–(Se arremanga) No vi ninguna novedad. Sí vi un acto de realismo: “Tenemos que mejorar la institucionalidad”. Es una autocrítica importante y valiosa. Reconozcámoslo: fue un desastre la institucionalidad con su marido, a lo mejor la otra parte de la pareja hace algo mejor. Quiero ser cauteloso, porque me han criticado después de que dije que era una mujer elegante y bien parecida. Voy a tratar de no decir más elogios.

–Ella dejó una frase para los opositores: dijo que en la dictadura no se los veía tan preocupados por la calidad institucional.

–No es mi caso. Si alguien está claro y transparente en este tema es Ricardo López Murphy, aunque en esa época no era una persona pública.

Carta bomba

El ex ministro de Defensa de la Alianza señala la corbata que lleva con los colores de San Lorenzo, el club de sus amores. “La victoria de San Lorenzo presagia la de López Murphy”, señala, en tono de broma.

–Ojo, que lo mismo dijo Filmus.

–Psé. Ese es yeta –bromea el Bulldog, que por momentos infringe su regla autoimpuesta de no atacar a sus rivales.

–¿Le preocupa que Cristina le gane otra vez sin debatir?

–Yo propuse veinte debates en el interior: los obligaría a todos a fijar su posición. En eso tenemos gran ventaja la esposa del Presidente y yo. Ella tiene que defender la continuidad y yo soy el modelo de centro. En el resto es más complejo.

–¿Por qué? ¿Qué lo diferencia de Carrió, por ejemplo?

–Carrió tiene similitudes conmigo en las cuestiones institucionales. Pero va a tratar de competir con planteos cercanos al oficialismo.

–¿Me está diciendo que Cristina y Lilita se parecen?

–(Abre los ojos) Nooooooo, no. Pero el fraseo sobre los problemas argentinos ha tenido similitudes. A mí nunca se me ha ocurrido aparecer en una foto al lado de Kirchner y se la ha visto a Carrió al lado de Kirchner, antes de 2003. Lavagna fue ministro de Duhalde y todo su equipo de Economía lo sucedió.

–Los dos, Lavagna y Carrió, rechazaron la carta que les mandó con su propuesta de diálogo.

–(Levanta las manos.) Eran ideas de urbanidad. Casi obvias... aunque nada en la Argentina es obvio: decimos que es una república democrática y federalista y con Kirchner no se cumple nada de eso. Como dice Cristina, “hay que hacer una reconstrucción institucional”. A Carrió le planteé el problema de la fiscalización. El que conoce a Quindimil, a Baldomero Alvarez de Olivera, a Pereyyyra, ¡a Cuuurto! ¡¡a Ba-les-tri-ni!! ¡¡¡A Othacehé!!! Digamos: a la vanguardia renovadora del kirchnerismo. Bueno, uno sabe lo que van a hacer.

–Lavagna dijo que esas propuestas suyas de diálogo son “pavadas” y aseguró que no piensa votar por un candidato que en la segunda vuelta exprese otro proyecto.

–Está desconociendo el marco institucional: se vota por convicción en la primera vuelta y por preferencia en la segunda. ¿El que va a hacer? ¿Se va a abstener en la segunda vuelta o va a votar por Kirchner? Es una declaración contundente e im-por-tan-tísima. Es la más importante que ha hecho, sin darse cuenta. Implica reconocer que él vota por Cristina Fernández de Kirchner.

–Hubo casos como el de Carrió en la Capital, que votó en blanco.

–En el fondo, eso es votar por Kirchner.

–Otra vez me repite un planteo de Filmus, que decía que votar en blanco era votar a Macri.

–Es que es así. Era así.

–O sea que, para usted, Carrió votó por Macri.

–En los hechos, ¿los votos en blanco a quién favorecían? ¿Por qué no decimos la verdad? Cuando dicen que digo pavadas sobre la fiscalización..., debe tener un método extraordinario Lavagna... Se va a arrepentir de esto. Está enojado porque yo mencioné que él y Aníbal Fernández cuando eran ministros de Duhalde promovieron la gasificación del parque automotor. Que es el gas que ahora no tenemos. Yo digo: es verdad que es una tragedia que De Vido esté al frente del sistema energético. Pero Lavagna también. Porque él avaló estas políticas.

Devolvé la bolsa

Reclinado en el sillón y con los brazos detrás de la cabeza, López Murphy se vuelve a quejar de que lo trataron de “anticuado” por haberle dicho “bien parecida” a Cristina. También porque escuchó a un grupo de adolescentes cantar algo de la “bolsa de Miceli” y le sorprendió la popularidad del asunto. Alguien le recriminó después que no conocía la canción “La bolsa”. “¿Cómo no voy a conocer la canción de Los Piojos si tengo un hijo de 22 años?”, comenta (aunque el tema es de la Bersuit). Luego aclara que, en todo caso, a él le gusta Mozart.

–Cuando fue ministro de Economía de Fernando de la Rúa, ¿qué guardaba en el baño?

–El cepillo de dientes, la pasta dental y el desodorante. Lo de la bolsa no lo hacía nadie. Los ministros prácticamente no llevaban dinero. El caso de Miceli es inconcebible, porque va contra toda la legislación antievasión, antiterrorista y antilavado de dinero.

–¿Por qué ocurren precisamente ahora estas denuncias, como la de Picolotti, Garré y Miceli?

–No, Infiniti viene de antes. Están estallando ahora. Para serle franco, el escándalo lo estaba esperando en otro lado... Había muchos episodios incomprensibles en Planificación.

–¿Qué piensa de la medida del juez un día antes de que comenzara su jury?

–No me refiero al hecho en sí, sino al ejemplo que da el Gobierno.

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Imagen: Vera Rosemberg
 
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