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En el Magreb

- Seguridad. Para la prensa argentina fue casi imposible seguir en detalle la actividad presidencial de ayer por las extremas medidas de seguridad que toma el gobierno egipcio. Así, los cronistas tuvieron que estar en el Palacio de Heliópolis una hora y media antes de la llegada de la Presidenta. Al entrar, y después de pasar varios controles, tuvieron que dejar los celulares y los que no estaban acreditados como fotógrafos, sus cámaras personales. Luego fueron llevados al patio donde Hosni Mubarak iba a recibir a la Presidenta. Y terminada la breve ceremonia, nuevamente a un cuarto donde sólo había café y té. Allí se quedaron incomunicados, hasta que dos horas y media después (las tres y media de la tarde) cuando terminó todo. Les devolvieron los celulares y las cámaras y se pudieron ir, sin que nadie les informara de nada.

- Eficacia. Luis Buonomo, el médico de la Presidenta, no sólo se distingue –según dicen los que saben del tema– por su excelencia profesional, sino que en los viajes se convierte además en una verdadera farmacia ambulante. Un integrante de la comitiva se había olvidado en Buenos Aires una medicación que debe tomar diariamente y que difícilmente fuera a conseguirla en los países árabes. Sin demasiadas esperanzas, igual acudió al doctor Buonomo. ¿De cuántos miligramos tomás?, preguntó el médico. “De diez”, contestó el hombre sorprendido. El doctor abrió su valija farmacológica y le dio las pastillas que necesitaba.

- La aventura de cruzar la calle. “Ojo al cruzar”, es la advertencia de las madres a sus hijos cuando empiezan a cruzar la calle solos. Aquí la recomendación no debería tener restricción de edad. Los autos pasan incesantemente por todas las calles y avenidas a cualquier hora. Casi no hay semáforos. Y donde los hay es lo mismo que no existieran. Nadie respeta la luz roja. Por eso cruzar la calle es muy difícil. La recomendación que dan aquí es que uno se largue a cruzar, que los automovilistas –que parece que manejaran ambulancias por el apuro y la velocidad– se las ingeniarán para esquivar al peatón o si no clavarán los frenos. Obligados a cruzar, el método dio resultado. Se pudo llegar a la otra vereda con los chirridos de las frenadas en los oídos y algo de taquicardia.

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