VERANO12

LA ZARZAMORA

 Por Liliana Heker

El cuento por su autor

Contra mi costumbre, esta vez voy a omitir el dato de cuál fue el costado de mi locura que me dio la materia prima para este cuento. No por timidez –los autores de ficción solemos alardear de nuestras manías y nuestras obsesiones, y no es para menos: nos alimentamos de ellas–, sino para no revelar la trama antes de tiempo. Sí voy a decir (para que el lector, si quiere, complete a posteriori la génesis de “La Zarzamora”) que tengo una memoria bastante singular: no sólo me permite construir (como se construye una novela) una historia mía –posible– de los tres años para acá; además, por las suyas, guarda una cantidad perturbadora de datos inútiles –números de teléfono que ya no pertenecen a nadie, fechas de cumpleaños de gente que ha desaparecido de mi vida sin casi dejar rastros, otros trastos varios–. Esa memoria, y el hecho de que continuamente me descubra cantando temas de origen diverso, son dos señas particulares sin las cuales, creo, este cuento no habría existido. Lo otro: una noche, en el Viejo Hotel Ostende (el mismo hotel donde escribo estas palabras) me desperté atravesada por una ráfaga de terror. Unos segundos después vi, clarita, la trama del cuento. A la mañana siguiente (se me había roto la netbook) me compré un cuaderno Gloria y, a mano, escribí hasta la mitad el primer borrador. Todo esto –locura, memoria, canciones, terror– configura el origen de este cuento. El resto es trabajo.

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