EL MUNDO › EN LA SEXTA ECONOMIA MUNDIAL, UNOS 13 MILLONES DE PERSONAS VIVEN BAJO LA LINEA DE POBREZA

Bancos de alimentos en el Reino Unido del ajuste

Con un duro plan de austeridad que está socavando lentamente el Estado de Bienestar, salarios estancados, explosión del empleo temporario y part time, muchos británicos tienen que recurrir a los bancos de alimentos de las ONG.

 Por Marcelo Justo

Desde Londres

Es la sexta economía mundial, origen de la Revolución Industrial, ex imperio que dominó el mundo y tiene unos 13 millones de personas viviendo bajo la línea de la pobreza. Con un duro plan de austeridad que está socavando lentamente el Estado de Bienestar, salarios estancados, explosión del empleo temporario y part time, muchos tienen que recurrir a los bancos de alimentos de las ONG en el Reino Unido.

La fundación Trussell Trust tiene más de 400 bancos de alimentos en todo el país. El impacto del programa de austeridad que lleva adelante la Coalición Conservadora-Liberal Demócrata desde 2010 es claro. En 2011-2012, unas 128.697 personas recurrieron a estos bancos. En 2012-2013

la cifra casi se triplicó: 346.992. “Hay mucha gente que come una vez al día o que tiene que elegir entre comer y poner la calefacción en pleno invierno”, señaló a Página/12 el director de la Trussel Trust, Chris Mould.

Los especialistas miden la pobreza en términos absolutos (virtual incapacidad de supervivencia) y relativos (en relación al ingreso promedio y las expectativas de una época). No tener heladera es hoy un indicador de pobreza: en 1913, fecha de la invención de la heladera doméstica, era un lujo. Según el Trussel Trust uno de cada cinco británicos se encuentra en situación de pobreza relativa o absoluta. “Es fácil olvidar que se puede caer muy rápido en esta situación. Se puede tratar de un despido que deja sin fuente de ingresos, de una cuenta muy alta de electricidad o una reducción de los beneficios sociales que desequilibran un presupuesto ya muy precario, o de una separación o una situación de abuso doméstico y esas personas se quedan sin nada”, explica Mould.

Esta pobreza se extiende más allá del desempleo. La actual tasa de desocupación del 7,7 por ciento (dos millones y medio de personas) encubre un panorama social complejo. Casi un millón y medio de personas tienen trabajos part time y con salarios bajísimos que han generado el movimiento por el llamado living wage (salario digno). El porcentaje de “subempleados” (que desearían trabajar más si pudieran) ha aumentado del 6,2 por ciento en 2008 al 9,9 por ciento hoy. “La mayoría de la ayuda estatal no va a los desempleados sino a gente que está subempleada o tiene salarios muy bajos. Muchas veces por la misma inestabilidad de estos trabajos la gente entra y sale de situaciones de extrema necesidad”, explica Chris Mould.

A esta pobreza de los ingresos se suma en el Reino Unido la llamada “pobreza energética” difícilmente visualizable en América latina, sea por la diferencia climática o porque no ha sido conceptualizada. Este nivel de pobreza afecta a unos 3,4 millones de personas (cerca del 6 por ciento de la población) que tienen que gastar más del 10 por ciento de sus ingresos en “mantener un nivel adecuado de calefacción” en medio de los cinco meses o más que dura en la práctica el duro invierno británico. Muchos no tienen opción y dejan la calefacción apagada porque no pueden pagar las cuentas.

Una británica que no puede encender la calefacción en invierno es Geraldine Pool, de Salisbury, sudoeste de Inglaterra. Página/12 dialogó con Pool, un caso típico del impacto devastador que está teniendo la austeridad en muchas vidas. “En 2011 perdí mi trabajo en una biblioteca pública por los cortes del gobierno. Desde entonces busqué trabajo en administración, supermercados, en lo que fuera, pero es muy difícil para alguien de más de 50 años porque siempre prefieren a gente joven”, indicó Pool.

Divorciada, con un hijo, el desempleo disparó una depresión que complicó más las cosas. El Estado le paga unas 61 libras semanales (99 dólares) en términos de seguro de desempleo y le suministra asistencia habitacional. “No me alcanza. Si uso la calefacción, las cuentas suben hasta casi 300 libras mensuales. En este momento no tengo agua caliente. Tengo que calentar el agua para asearme”, explica Pool.

Pool había escuchado hablar de los bancos de alimentos, pero fue a instancias de su doctora del estatal Sistema Nacional de Salud que terminó yendo a uno. “No quería recurrir a eso. Pero fue fundamental. Con los vouchers (...vales...) me dieron latas de carne, pescado, pasta, leche, azúcar. Unas seis semanas después, en las últimas navidades, tuve un segundo paquete muy completo de alimentos”, señaló a Página/12.

Los bancos de alimentos procuran trabajar muy cerca de la comunidad y funcionan con las contribuciones que hace la gente misma y, en muchísima menor medida, supermercados o granjeros. “Un 95 por ciento de los alimentos que tenemos los suministra la gente a la que pedimos que adquieran dos items adicionales en un supermercado que sirvan para una nutrición balanceada”, señala Mould.

Los bancos se conectan con figuras claves de la comunidad en consultorios médicos, hospitales, servicios sociales, iglesias y, en muy contados casos, la policía que identifican las personas que pueden necesitar estos vouchers o vales que les den acceso a paquetes de alimentos. En un caso de inusual visión social de los problemas la policía de Islington, en el norte de Londres, no arrestó a un joven que había intentado robar pan y huevos de un negocio luego de pasarse días sin probar bocado. Cuando la persona en cuestión, Adam, les contó su situación lo llevaron al banco de alimentos donde, según el testimonio de los mismos policías, se puso a llorar.

La Trussell Trust calcula que necesitará unos “200 o 300 bancos de alimentos más” para cubrir todo el Reino Unido, pero es consciente que, con toda su buena voluntad, funciona como parche: necesario, utilísimo, pero insuficiente. “Nosotros intervenimos en estos momentos de emergencia y si es necesario extendemos nuestra asistencia. Pero lo que se necesita es una política social para el empleo, la vivienda, salarios dignos y estímulos de crecimiento. Debido a todos los recortes que ha habido, hemos estado inundados de trabajo”, indicó Mould a este diario.

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La Trussell Trust calcula que necesitará unos “200 o 300 bancos de alimentos más” para cubrir todo el Reino Unido.
 
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