EL PAIS › LA DESAPARICION DE LOPEZ Y LA CRISPACION OPOSITORA

Mal clímax

Kirchner cree que el desenlace del episodio de Julio López podría no ser el mejor. Pero nada hace pensar que los gobiernos nacional o provincial salgan bien parados, ocurra lo que ocurra. La oposición acomete a una administración un tanto desnortada en este asunto. El retorno de una sensación “que se creía erradicada”.

 Por Sergio Moreno

Pocas veces la suerte –o, más precisamente, la desgracia– que pudiese transcurrir en un episodio tuvo tan en vilo al cenáculo del poder de los gobiernos nacional y provincial desde que Néstor Kirchner es presidente. La desaparición de Julio López, testigo en el juicio del represor Miguel Etchecolatz, acaso asemejara tibiamente al torbellino de sensaciones que hoy atraviesa el alma del Presidente en una sola oportunidad: aquellas 72 horas en que el país trasegó en default durante septiembre de 2003. Las motivaciones eran de índole diametralmente disímiles y ponían en juego cuestiones muy distintas que hacían a la gobernabilidad del país. “(Kirchner) Está preocupado y, por momentos, me arriesgo a decir, un poco angustiado”, confió a Página/12 un habitual consejero del primer mandatario. Más allá de la resolución que tenga el episodio López, en la Casa Rosada consideran que el hecho marca una falencia del rol del Estado (tanto nacional cuanto provincial) muy dañoso para ambos gobiernos, que reinstala en la sociedad “creencias que ya habíamos dado por desterradas”.

La desaparición de Julio López tributa, según entienden en Balcarce 50, a un estado de situación “un tanto desquiciado, donde cualquiera dice cualquier cosa y culpa al Gobierno por cosas que dañan fundamentalmente al Gobierno”. Dicha lógica tanática es difícil de aplicar a una administración que suele cuidar lo que considera “logros obtenidos” como uno de sus mayores tesoros y con una fruición que le ha costado más de una crítica impiadosa.

“Mire –reveló un confidente presidencial a este diario– el Presidente tiene las peores sensaciones respecto a este asunto.” La perspectiva, planteada de esta forma un tanto brutal, abreva más que en la certeza de la información, en el cripticismo de la misma: ni las policías bonaerenses ni la SIDE ni la Federal ni ninguna otra fuerza de seguridad nacional del Estado han podido aún desentrañar y darle sensatez a la reunión de información que consiguieron.

“Desde la desarticulación de la banda del Gordo Valor, que se dedicaba a robar, a la delincuencia común, no nos enfrentábamos a algo parecido. Acá parece que podría haber una organización con logística, aguantaderos, guita, capacidad de amedrentamiento, conocimiento de los casos, que se ha lanzado a instalar un clima muy nocivo. No obstante, y espero que no suene cínico, tiene un costado positivo: la memoria. Esto nos recuerda que estos tipos no se andan con chiquitas, que no son tiernitos: estos tipos mataron a 30.000 personas con los métodos más aberrantes creados por lo peor de la humanidad, no son defensores de la Constitución y de la institucionalidad argentina, como quieren convencernos Cecilia Pando o Bernardo Neustadt”, reflexionó ante Página/12 un integrante del gabinete nacional. “Dicho esto –continuó la fuente– es dable decir que nada está claro en este asunto.”

“Un golpazo”

“A Felipe (Solá) le ha dado un golpazo del que no sabemos si se levanta, pase lo que pase”, sostiene otro integrante de la administración kirchnerista dispuesto a hablar con este medio. “Pase lo que pase” significa que se concrete el abanico de situaciones que pudieran ocurrir a partir del destino de López: aparecer muerto, no aparecer nunca, aparecer después de un tiempo en el que anduvo vaya uno a saber dónde, y todas las alternativas que “la propia familia plantea con una cierta liviandad sorprendente”, colige un miembro del gabinete bastante empapado en el affaire.

La situación del gobernador bonaerense al respecto, entienden en el primer piso de la Casa Rosada, es lo suficientemente incómoda como para que cada espacio de tiempo que transcurra se le vuelva en contra. “Sus fuerzas de seguridad, creemos, le están jugando en contra; cuando menos, lo están ‘durmiendo’”, dice, un tanto impiadoso, la fuente referida con antelación.

No obstante, en el Parnaso kirchnerista no se alegran por ello. “No es bueno esto que le pasa a Solá; preferiríamos que no estuviese ocurriendo y lo vamos a ayudar porque a nosotros (al gobierno nacional) también nos daña y, en definitiva, Felipe no se lo merece”, abunda otro confidente presidencial que se avino a conversar con Página/12.

Causalidad

Los contornos difusos del bizarro episodio de la desaparición de López –que podría presagiar una avalancha de amenazas con tan sólo contar con un fax, contribuyendo a generar un clima mucho más tenso que el que generaron algunos pocos uniformados en la plaza San Martín a guisa del inicio de los juicios orales contra los criminales de lesa humanidad– no constituyeron óbice para que los sectores de la derecha más reconcentrada despliegue su letanía de quejas.

“¿Por qué?” se pregunta con cierto fondillo naïf uno de los arquitectos electorales con los que cuenta el gobierno nacional. “Ojo, que no me hago el tonto respecto de una serie de medidas que evidentemente han perjudicado económicamente a esos sectores que, valga la redundancia, responden a intereses ideológicos y económicos. Pero hemos hecho los deberes también al respecto en el viaje a Nueva York: el pasaje por la bolsa de valores de esa ciudad, la convocatoria a la inversión de capital internacional, la distancia que se tomó respecto de la teatralización que hizo Hugo Chávez. El capital gana dinero en la Argentina. No vamos a volver a las relaciones carnales, nunca, eso es así, pero hay una confusión mayúscula que les genera una histeria producto de que nos va módicamente bien y no lo pueden tolerar”, dispara a bocajarro uno de los habituales hombres de consulta del Presidente, esforzándose mínimamente por contener su aire triunfalista.

“No aguantan los éxitos, nuestros éxitos”, reitera el consiglieri, que no se priva de acometer: “Eso los vuelve histéricos a (Mauricio) Macri, a (Ricardo) López Murphy, a Jorge Sobisch, a sus intelectuales orgánicos e inorgánicos, y esa histeria le hace perder rigor. Exultan una vacuidad conceptual, una endeblez notoria y hasta un poco vergonzante. Entonces inventan un tema nuevo cada día. ¿Usted cree que lo que ocurra en Misiones, que lo que pase con Carlos Rovira, puede poner en vilo la institucionalidad nacional? Allí es donde reaparece la Iglesia, que intenta ocupar el lugar vacío que la oposición no consigue ocupar en una provincia donde fue licuada”, dice el confidente de Página/12.

Para un importante sector del Gobierno es el cardenal Jorge Bergoglio el demiurgo de la teoría “de la fragilidad institucional argentina”. La fuente sostiene que “como (Bergoglio) ve que no hay oposición que ponga coto al Gobierno, quiere que la Iglesia ocupe ese lugar. En Misiones lo trabaja y se ha puesto a la cabeza, como su mejor cariátide. Ahora bien, nosotros sabemos que hay un sector importante de la CEA que disiente severamente con esa política”.

Pero en la Casa Rosada no agotan sus argumentaciones en ese punto y, acostumbrados a las andanadas, se preparan defensivamente para una nueva carga. “Después de Rovira será otra cosa. Antes era la crisis energética, o la ausencia del Estado contra los piqueteros a quienes no reprimía, o la hegemonía que la oposición no conseguía morigerar en las urnas porque no los votaban. La calidad institucional de un Estado es una doble contribución del oficialismo y la oposición de consuno, más allá de lograr acuerdos o no. Es una contribución multipartidaria”, ensaya el contertulio de este reportero.

–Más allá de la confrontación política, que tiene su lógica y se acrecienta cuando llegan épocas electorales, ¿qué explicación le dan ustedes? –pregunta Página/12 al ministro.

–¿Qué es lo que pasa? ¿Cuál es el problema central de la Argentina? Hay pobreza, hay miseria, hay exclusión, es cierto. Nosotros queremos vencerlas y hacemos lo posible por ello, cada día demostramos que vamos en esa dirección. ¿La derecha resolvería esos problemas económicos-sociales? Bueno, no se olvide que ella los creó. El camino que elegimos atenta contra sus intereses. Ese es uno de sus puntos centrales.

–¿Entonces? ¿Por qué hay un in crescendo en la tensión que lleva al extremo de plantear, por tomar un ejemplo, que este Gobierno tiene algún ribete antisemita?

–Hay una crispación que, es cierto, nuestro gobierno no contribuye a aplacar pero que desde la oposición política e intelectual se fomenta de forma irracional.

–¿El Gobierno actúa racionalmente en ese sentido?

–Podríamos esforzarnos un poco más.

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