SOCIEDAD

 Por C. A.

Si hubo un esfuerzo que hacer para conseguir que en España se sancionara la ley de matrimonio homosexual fue la unidad del movimiento de minorías. Beatriz Gimeno explica ese proceso en el que ella tuvo que retirarse de algunas negociaciones para posibilitar las alianzas con el mercado en pro de la marcha del orgullo. “Ahora estamos en el momento de revisar si las mujeres no cedimos demasiado, no resignamos muchas veces nuestra presencia para articular, y si seguimos juntos o separados gays de lesbianas. Acá, en Argentina, todavía veo difícil generar esa unión porque los atraviesan muchas rivalidades. Pero es algo necesario. Si no, no se puede avanzar”, le dijo a Página/12.

–Debe ser difícil ser la presidenta de todos y todas en España. Las organizaciones y colectivos suelen ser difíciles de poner de acuerdo.

–Sí, son muy difíciles. Hicimos una labor muy complicada y muy valiosa que he intentado explicar en Buenos Aires: sin unidad los avances son muy difíciles. En España conseguimos con dificultad y con renuncia una unidad de todo el movimiento. Y ahora todo eso surge. Ahora se discute quién ha renunciado más, a quién se le debe más. Pero creo que sin esa unidad hoy no tendríamos una ley de matrimonio. En la Argentina y en Chile hay grandes dificultades para lograr la unidad de los colectivos, eso es peligroso porque si es así los políticos se adherirán siempre al discurso que les sea más afín, normalmente el que provoque menos miedo. Es por eso que hay que presentarse como único. La Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de España es el único interlocutor político nacional en temas Glttb. Esto ha provocado que se avance tanto. Es lo que hay.

–¿En qué se basan la diferencias entre estos sectores?

–Pues, en general, es que son cuestiones personales. Yo también he vivido eso en España. He vivido esos procesos. A veces se trata de la incapacidad de ceder por parte de algunos. Hay que ceder, nosotros para construir una unidad entre 35 asociaciones todos debimos ceder.

–¿Qué le tocó ceder?

–El no estar todo el día dando la tabarra con las lesbianas. Porque era una lesbiana radical, y me tocó hacerme cargo del discurso de los gays al que no le creo mucho, me tocó ceder con el mercado, con los empresarios, que me los creo todavía menos, con los que he tenido unas peleas horrorosas, con su intento de mercantilizar todo lo que tocan porque para ellos es todo beneficio. Me he tenido que ir de las negociaciones de las marchas del orgullo porque era incapaz de negociar con los empresarios. Ellos en general pasan por encima de todo, no respetan límites ideológicos. Ha habido años en que los empresarios contrataron guardias de seguridad privada para echar a los inmigrantes de Chueca que venden bebidas durante las fiestas para que no perjudicaran sus negocios.

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