SOCIEDAD › COMO FUE LA TOMA, CUALES SON LAS NECESIDADES

“No queremos que nos regalen nada”

Lionel Lora tiene 23 años y cuatro hijos con su novia, de 21. Nació en Ingeniero Budge y en la misma casa vivió –incluso con su propia familia– hasta el lunes a la madrugada, cuando se animó junto con su papá y un grupo de vecinos a lotear ese terreno que, ubicado a pocas cuadras de su casa, estaba abandonado “desde siempre”. Sin dudarlo, se sumó al grupo de vecinos –que en pocas horas creció hasta sobrepasar el millar– y comenzó a dividir el espacio. La idea fue encontrar un lugar donde poder construir una vivienda para su propia familia.

“Vi que había un par de carpitas armadas, agarré mis cosas y me vine”, sostuvo Armando Chávez. Palos de madera y tiras de tela bien tensadas ofician de límite entre las manzanas –son cerca de cien– y las (futuras) calles del barrio, así como de separación entre lotes –cada manzana tiene entre ocho y nueve–. “Cuidamos que cada familia tenga su lote, que nadie tenga más de uno y, si nos encontramos con que alguien intenta venderlos, lo echamos”, explicó a PáginaI12 Luis Chávez. Su lote, donde planea “construir de a poco” una casa para su familia, está cerca del de su papá. Más allá está el de su hijo, que también necesita darles techo a sus propios.

Mónica Herrera vio que los vecinos relataban la historia a un grabador y se acercó a dar su opinión: “Estamos dispuestos a pagar por las tierras”. A su lado estaba su prima, con experiencia en esto de las tomas. Hace dos años participó en la ocupación de un terreno más pequeño, que se extiende en la otra orilla de la autopista. “No queremos que nos regalen nada. Pero vinimos a ocuparlo porque ya no podíamos seguir viviendo así”, destacó Lora.

La enorme cantidad de gente que se sumó a la toma “por voluntad propia”, sumada a la superpoblación de Ingeniero Budge, reconocida por las autoridades municipales, “habla de una demanda de vivienda increíble”, sostuvo Armando Chávez. De una demanda que fueron sosteniendo de una forma silenciosa esas familias, que antes de ocupar una carpa compartían con sus familias una pieza construida en el fondo o arriba de la casa de los padres. O quizá vivían en una casa cuyo alquiler muchas veces no les permitía llegar a comer todos los días del mes.

Informe: A. B.

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