DEPORTES › ARGENTINA PERDIO 56 A 32 LA VOTACION PORQUE EL APOYO PROMETIDO NUNCA LLEGO

El Mundial que nos perdimos

Hace 50 años, la AFA quiso organizar el torneo que ganaría Brasil en 1970. Formalizaba su deseo en la FIFA en el ’62 y su frustración se concretó en el Congreso de Tokio del ’64. Un dirigente les echó la culpa a los países comunistas.

 Por Gustavo Veiga

Hace 50 años, el fútbol argentino se ilusionaba con organizar un Mundial y la AFA le apuntaba al de 1970. Ese que ganó Brasil con el mejor equipo de todas las épocas. La historia señala que México se quedó con la sede y que la final se jugó en el estadio Azteca. La cancha de River, que aún no tenía la bandeja alta que da al Río de La Plata, esperó hasta el ’78 por otro partido tan decisivo como aquel en que Pelé, Tostao y Rivelinho golearon a la Italia de Gianni Rivera. En la memoria y balance de la asociación correspondiente a 1962 se refleja la aspiración de los dirigentes de esa etapa, liderados por el militante de la UCR Raúl Colombo. Como también, en documentos posteriores, que Argentina cayó en la votación definitiva por 56 votos a 32 y que los apoyos esperados nunca llegaron. Nuestro país perdió la sede y tampoco se clasificó para México ’70. Un informe del enviado al Congreso de la FIFA realizado en Tokio en 1964 describe en detalle las curiosas razones de la frustración, según su óptica: desde una sugestiva conspiración de los países comunistas que no le dieron ni un voto a la candidatura argentina hasta que habíamos perdido nuestra condición de nación agroexportadora.

Julio Grondona era un joven de 31 años, recién empezaba como presidente de Arsenal y salía campeón de Primera D al frente del club de sus afectos más perdurables. Con su poder actual en la FIFA, hubiera sido impensado un revés como el de Tokio. Pero el patriarca de Sarandí recién se largaba a la carretera futbolera de su vida. Los correligionarios que gobernaban la AFA eran otros, con Colombo a la cabeza. Un hombre que estaba al frente de la asociación desde 1956, cuando el primer peronismo ya había sido derrocado. Y el que había permanecido más tiempo en el cargo (nueve años) hasta que llegó Grondona a su mullido sillón.

“Las autoridades de la Asociación del Fútbol Argentino, desde el mismo momento que el Congreso de Lisboa de 1956 confiaba a la Federación de Fútbol de Chile la organización del Campeonato del Mundo de 1962, descartando su propia postulación, no dejaron de reafirmar, clara y categóricamente, su propósito de reiterar su candidatura para que el Congreso de la FIFA en la posterior primera oportunidad, le acordara el honor de tener a su cargo la correspondiente organización del Campeonato del Mundo de 1970.” Con estas palabras que registra la memoria del ‘62, la AFA parecía ser optimista sobre las chances de su postulación. Dos años después, la ilusión se evaporaría como una voluta de humo.

“Los esfuerzos realizados a efectos de materializar la justa aspiración de la AFA para ser designada entidad organizadora del Campeonato del Mundo de 1970 no dieron el resultado que fundamentalmente se aguardaba, porque en la decisión tuvieron injusta prevalencia consideraciones extradeportivas por sobre la realidad indiscutible que el fútbol argentino ostenta con justificado y legítimo orgullo”, se quejaba Miguel Pisano, el enviado de la asociación a Tokio en 1964.

Después de enumerar un sinfín de méritos del fútbol argentino (que sin embargo venía del llamado “Desastre de Suecia” en el ’58 y dos ausencias consecutivas por voluntad propia en los mundiales de 1950 y 1954), el dirigente afirma que “prevalecieron en algunos casos conceptos, lamentablemente muy difundidos, sobre la inestabilidad política y económica de nuestro país, y en otros, las rígidas consignas, que caracterizan a una parte de las naciones del orbe. Pocas instituciones, creemos fundadamente, votaron en el Congreso de Tokio en contra de Argentina con el pleno convencimiento de que el ocasional contrincante tenía méritos y condiciones superiores a las nuestras”.

La AFA hizo un módico lobby que lejos está de los que se despliegan ante cada Mundial o Juegos Olímpicos en épocas más recientes, con presencias como las de Barack Obama, Nelson Mandela, Lula o José Luis Rodríguez Zapatero para apoyar a sus respectivos países. Se proyectaron dos películas: Aquí Buenos Aires, de la Dirección Nacional de Turismo, y Argentina. También un trabajo sobre los estadios de Buenos Aires. Pero un error de cálculo en el conteo de votos previo que hizo Pisano sepultó la expectativa en un santiamén.

“De los 29 países europeos con representación acreditada, la AFA estaba en posesión de constancias escritas de apoyo a la postulación argentina de 13 asociaciones, y por reiteradas manifestaciones verbales de dirigentes, de otras cinco. De las 19 asociaciones asiáticas (incluida Oceanía), se sumaban no menos de 15. De las diez asociaciones africanas se acumulaban 6 y de América del Norte, Centro y Caribe dos. Se agregaban las nueve asociaciones sudamericanas, pues Venezuela no compareció a cumplir el formal compromiso que tenía contraído. El total ascendía a 50 votos a favor de Argentina. Tal era la situación al 2 de octubre”, escribía, optimista, el dirigente en su informe.

Unas horas después, el medio centenar de apoyos con que contaba Pisano cambió de manos. México le ganó 56 a 32 a nuestro país y se quedó con el Mundial del ’70 (organizaría otro en 1986, apenas 16 años más tarde). Por Argentina votaron cuatro naciones de Africa, quince de Asia, apenas tres de Europa, nueve de Sudamérica y una de Centroamérica (Panamá). Junto a las frías estadísticas electorales de la FIFA, Pisano escribió una de sus llamativas explicaciones políticas: “Obsérvese, por lo demás, que los países comunistas del mundo entero acompañaron sin ninguna excepción a México y a ellos se adhirieron todos los países europeos del mundo occidental con la excepción de Inglaterra, República de Irlanda y Malta, que lo hicieron por Argentina y la abstención de Bélgica, Francia, España, Suiza y Chipre”.

Y remachó su idea así: “No puede dejar de ponerse de relieve que la postulación argentina no recibió un solo voto de los países comunistas que actuaron en la emergencia con la común unidad que caracteriza todas sus exteriorizaciones en organizaciones internacionales...”. Parecía un analista de política exterior.

Del extenso informe que presentó Pisano ante la AFA como balance de su gestión en Tokio, sorprende su enfoque político social de la Argentina, a la que también le atribuye responsabilidad por la elección perdida: “Nuestro país dejó de ser la tierra de promisión que constituyó en los comienzos de siglo. Eramos conocidos, apreciados, y valorados a través de la información que los millones de seres que afluían a nuestra tierra hacían llegar a sus parientes diseminados en todo el continente europeo. Perdida la condición de principal país exportador de productos agropecuarios que nos caracterizaba –se quejaba– somos un país en perpetua zozobra”.

La AFA no digirió el voto en contra de Italia ni la abstención de la España franquista. Es más, hasta hubo palos para el Blatter de la época, el inglés Stanley Rous, responsable de introducir el fabuloso negocio de las transmisiones televisivas en los mundiales. Sobre sus consideraciones a favor de México antes del Congreso decisivo de la FIFA, Pisano dijo: “Abandonan la posición de neutralidad en que reiteradamente había expresado encontrarse”.

Frustrados por no organizar el Mundial del ’70, los dirigentes argentinos tendrían su revancha en 1978. No pudieron hacer el torneo bajo regímenes militares como los de Juan Carlos Onganía o Roberto Marcelo Levingston, pero sí durante el de Jorge Rafael Videla. Nunca se sabrá qué hubiera pasado si ganaban aquella elección en la FIFA. Pero sí que la postergación de sus aspiraciones resultó funcional a la dictadura más metódica en el exterminio de argentinos y que se valió del fútbol en un intento vano de querer perpetuarse.

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