EL MUNDO › OPINION

Nace un movimiento

 Por John Dinges *

La política de masas no es el estilo de la política norteamericana. Rara vez, ni siquiera en los últimos días de una elección presidencial, llama un candidato a una concentración callejera esperando la concurrencia de decenas o cientos de miles de personas, como en América latina. Pero con la candidatura de Barack Obama algo está pasando: un movimiento de transformación política que sólo se vislumbra a través de indicios y evidencias todavía tentativas e inseguras. Pero que ha generado un ambiente de fervor político que no se ha visto en Estados Unidos en muchas décadas.

Era palpable esta semana. El lunes, en el corazón de Washington –la ciudad usada como símbolo de “cinismo político” para el resto del país–, miles de personas, en su mayoría jóvenes, formaban una cola desde las 5 de la mañana para presenciar el momento en que el septuagenario senador Ted Kennedy pasara a Obama la antorcha del legado político de su legendario hermano, el asesinado presidente John F. Kennedy. Acercándome a la cola casi una hora antes de empezar el mitin en el estadio de básquetbol de American University, tuve que caminar casi un kilómetro para encontrar el final. Menos de la mitad pudo entrar al estadio. Llenaron dos salas más con televisores y todavía quedaron varios miles afuera, esperando unas horas más para saludar a Obama y Kennedy.

Obama disputa la candidatura del Partido Demócrata con Hillary Clinton, también senadora y oriunda de Illinois, el mismo estado del Medio Oeste que representa Obama en el Senado. Clinton (con el carismático ex presidente Bill Clinton a su lado) es también inmensamente popular, con el respaldo hasta ahora de las figuras e instituciones más importantes del establishment del partido. Hasta hace un par de semanas los comentaristas políticos describían a Clinton como la candidata “inevitable” para liderar el partido en la reconquista de la Casa Blanca después de los múltiples desastres del presidente George W. Bush.

Sin embargo, en las primeras contiendas del proceso de selección del candidato existe prácticamente un empate. Pero esa “carrera de caballos” entre dos políticos bien equiparados no es la historia más interesante. Lo que está en juego –y lo apuntaba el senador Ted Kennedy– es la posibilidad de poner fin a la política de “demonización” y de polarización de las últimas décadas y cuya continuación representan los Clinton. Kennedy designó a Obama el heredero de las calidades de inspiración, liderazgo y unificación nacional que representaba John Kennedy.

Obama va a ser “un presidente como mi padre”, decía la hija, Carolina Kennedy. “Ha creado un movimiento que está cambiando la cara de la política en este país”, escribió Kennedy en una columna impactante en el New York Times.

Las palabras de Carolina y de su tío fueron históricas. Jamás la familia Kennedy había asociado a otro político a las calidades y legados de los hermanos John y Robert Kennedy, ambos asesinados a balazos en los años ’60. Pero si existe realmente el tal movimiento de que habla Carolina, no nació ni depende de la aprobación de los Kennedy.

Hay que buscarlo en otras evidencias. Es un hecho que los mítines políticos de Obama han duplicado o triplicado la concurrencia de los eventos de Hillary Clinton. Estados Unidos es un país de baja participación política, pero el número de votantes demócratas se duplicó en Iowa y South Carolina (ambos ganados por Obama) y se multiplicó por 13 (¡!) en Nevada. Se nota una participación mucho más grande de jóvenes, que en los últimos años han mostrado indiferencia a la política.

Todo eso no significa que va a ganar Obama, pero nadie habla de un “movimiento” de Clinton. Sí de Obama. Si se trata de la política como ha sido en las últimas décadas, es difícil pensar que no va a ganar Clinton, con todas sus ventajas dentro de las estructuras del partido. Contra un candidato como el republicano John McCain (sincero amigo declarado de Clinton y muy respetado afuera del partido), muchos dan la ventaja a McCain.

Pero si realmente estamos vislumbrando que algo nuevo se pone en movimiento (un comentarista usó la palabra “magia”) alrededor de Barack Obama, estamos mirando el fin de una época política en Estados Unidos. Y ese espectáculo no hay que perdérselo en las semanas y los meses que vienen.

* Miembro del Centro de Investigación e Información Periodística (CIPER)y profesor de Columbia University.

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