EL PAíS › PIDEN INDAGAR A FAGGIONATO

Un curioso allanamiento

 Por Raúl Kollmann

El fiscal federal de Tres de Febrero, Jorge Sica, pidió ayer la declaración indagatoria del juez Federico Faggionato Márquez por encubrir el accionar de policías bonaerenses que fueron sorprendidos cuando negociaban con narcos mexicanos en un depósito de San Miguel en el que se encontraron 700 kilos de cocaína. La decisión de indagar a Fa-ggionato la tiene que tomar el juez federal Mariano Larrea, pero lo más probable es que efectivamente siga adelante en la causa contra Faggionato. El asombroso caso fue revelado en exclusiva por Página/12 en noviembre de 2008.

En la Justicia de Tres de Febrero se investigaba a un grupo de narcos mexicanos y colombianos. En ese marco, el fiscal Sica y el entonces juez a cargo de esa pesquisa, Juan Manuel Cullotta, ordenaron la vigilancia de un depósito en la zona de San Miguel. Mientras efectivos de la Policía Federal seguían desde un escondite todos los movimientos que se producían en el depósito, llegaron al lugar tres hombres en un auto particular. Uno de ellos se puso un chaleco con el logo de la Policía Bonaerense y los tres entraron. Ante esa irrupción, los efectivos antidrogas de la Federal le comunicaron la novedad al juez Cullotta y éste les ordenó que entraran al depósito. En el lugar estaban los hombres de la Bonaerense con los narcos, estos últimos sin esposas puestas. Sobre la mesa, los pasaportes de los mexicanos. Los policías bonaerenses no tenía ni papel para hacer un acta del allanamiento, ni orden de allanamiento, ni testigos y, además, eran dos efectivos de poquísima graduación y un comisario, Alberto “El Patón” Molina, en disponibilidad y totalmente fuera de su jurisdicción, que era General Rodríguez.

Pese a semejante cantidad de irregularidades, una hora y media más tarde apareció una orden de allanamiento firmada por Faggionato, sin fundamento consistente, de acuerdo con la opinión del fiscal y el juez. Sobre esa base se le imputa a Faggionato, por entonces juez federal de Campana-Zárate, el delito de encubrimiento de las actividades ilegales de los policías bonaerenses. En una parte de la causa, los federales señalaron que los mexicanos dijeron: “Menos mal que llegaron ustedes. Estos nos iban a robar y después nos pegaban un tiro”. En el depósito estaban los 700 kilos de cocaína.

El expediente que instruye Sica tiene datos que llaman la atención:

- El jefe de Narcotráfico de Campana-Zárate, Honorio Rodríguez, declaró que él no manejaba información alguna de lo que estaban haciendo los tres policías bonaerenses.

- En la causa consta que el teniente primero Ocampo vive en General Rodríguez y el oficial en disponibilidad, Molina –un polémico comisario–, también es de allí. Ocampo no tenía auto y –según aparece declarado en la causa por otro policía– le pidió al Patón Molina que lo llevara. “Dale, vení que te llevo”, es la frase textual que aparece en el expediente.

- El extraño procedimiento se hizo entonces con un auto prestado y lo protagonizaron un retirado, un su-boficial y un agente. Página/12 consultó con varios especialistas y jefes policiales en retiro y todos coincidieron en que esa versión no se sostiene de ninguna manera. “Ningún depósito de drogas se allana con tres efectivos, uno retirado y dos de la más baja jerarquía. Ante semejante situación se tiene que actuar con un gran grupo de apoyo y hay que estar preparado para un tiroteo”, resumió un veteranísimo ex comisario.

- El depósito venía siendo vigilado por efectivos de la Policía Federal que siguieron a dos colombianos que le aportaban cocaína a un grupo de mexicanos. Por orden del juez Cullotta no se dispuso el allanamiento porque se esperaba la llegada de más droga. En ese momento estacionó el auto del Patón Molina, uno de los tres bonaerenses se puso un chaleco con las insignias de la Policía Bonaerense y todos entraron al depósito.

- Los efectivos de Drogas Peligrosas de la Federal, a cargo del comisario Miguel Angel Castro, se comunicaron con el juez Cullotta, quien les ordenó entrar al depósito.

- Según está declarado en la causa, los dos mexicanos que se encontraban a cargo de los 700 kilos de cocaína no estaban esposados ni contra la pared, sino sentados a una mesa. Los policías tampoco estaban en una actitud acorde con semejante procedimiento: el Patón Molina tenía los dos pasaportes en la mano.

- Preguntados por los federales y luego por un funcionario judicial, los bonaerenses dijeron que actuaban por instrucciones de Faggionato Márquez, pero que no tenían orden de allanamiento. Tampoco habían convocado a testigos, algo imprescindible para que el procedimiento tuviera validez. Los bonaerenses carecían de máquina de escribir o computadora para redactar la supuesta acta y ni siquiera contaban con papel.

- El jefe de Narcotráfico de la Bonaerense en Zárate-Campana, comisario Honorio Rodríguez, es quien trabajaba en todas las diligencias con el suspendido juez Faggionato Márquez. Sin embargo, ante el juez Cullotta declaró que los tres policías no trabajaban para él. “No manejo la información que ellos tenían, yo no sabía nada de nada”, sostuvo en la causa judicial. El teniente primero Ocampo y el agente Portillo dijeron que reportaban a La Plata directamente.

- Aun así, en el juzgado de Tres de Febrero también resolvieron pedir la indagatoria de Honorio Rodríguez. Sucede que, aparentemente, fue él quien le pidió la orden de allanamiento a Faggionato, pero resulta extraño que el trío lo haya llamado a Rodríguez y que éste, sin verificar nada de nada, con sólo el comisario en disponibilidad, el teniente primero y el agente en el lugar, le haya pedido la orden de allanamiento al juez de Campana-Zárate.

- Después de la irrupción de los federales y cuando ya la situación iba camino al escándalo, apareció primero una orden de allanamiento firmada por un secretario del juzgado de Campana-Zárate y dos horas más tarde, Faggionato mismo le envió un original, con su firma, al juez Cullotta. Lo curioso es que la orden de allanamiento no es tal, no dice que el lugar debe allanarse, sino que habla de un secuestro de estupefacientes. Es más: en el expediente se argumentaba que las drogas se veían desde la calle, algo que la investigación demostró que era falso: de la calle no se veía nada.

- La secuencia de los hechos compromete a Fa- ggionato. Los bonaerenses irrumpieron en el depósito a las 12.30. En la orden de allanamiento figura que debe hacerse el procedimiento después de las 13, pero la orden aparece firmada a las 14.

En base a todos esos elementos se acusa a Fa-ggionato de ocultar la actividad ilícita de los policías bonaerenses. A éstos se les imputa la realización de un allanamiento ilegal, el abuso de autoridad y, obviamente, existe la presunción de que estaban allí para hacer un arreglo y cobrarles un peaje a los narcos. O, aun peor, está la sospecha de los mexicanos: que se iban a quedar con el cargamento.

La información original de la causa que venía instruyendo Cullotta surgió de la DEA norteamericana. Se hizo el seguimiento de dos mexicanos que les compraban sucesivos embarques de cocaína a dos colombianos. Actualmente están detenidos en ese expediente los dos mexicanos que se encontraron en el depósito y tres bolivianos, mientras que los colombianos están prófugos. El dato de la DEA fue aportado en septiembre de 2008 y desde ese momento, Drogas Peligrosas de la Federal monitoreaba el depósito.

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