DEPORTES › RACING VENCIO 1-0 A RIVER Y SALIO DE LA ZONA DE PROMOCION

La Academia tuvo aguante

Con un gol de Lugüercio en el primer tiempo, cuando jugó mejor y con diez hombres por la expulsión de Caballero, el equipo de Caruso Lombardi soportó el asedio de los visitantes y consiguió un triunfo clave para respirar más aliviado.

 Por Daniel Guiñazú

Racing y River jugaron ayer en Avellaneda su 162º clásico de la era profesional como si fuera el último de la historia. Se sacaron chispas en la cancha. Y entregaron noventa minutos tan feos como vibrantes, que se trasladaron a la gente con una vivencia intensa y exasperada. Ganó Racing 1-0 y la victoria cotiza muy alto en su pretensión de quedarse en Primera sin escalas intermedias. Perdió River y la derrota lo dejó en el mismo sitio donde estaba antes de los noventa minutos. A dos puntos de Colón. Pero lejos de la imagen que debería entregar un equipo que desea salir campeón.

Hubo dos momentos claves. El gol de Lugüercio a los 17 minutos del primer tiempo y un mano a mano que Wagner desperdició solo frente a Barbosa a los 39 minutos de esa etapa. Si Racing hubiera podido marcharse al vestuario con dos goles de ventaja sobre River, seguramente habría podido redondear su mejor actuación en lo que va del torneo. Porque en los primeros 45 minutos jugó todo lo bien que puede jugar en este momento y con estos jugadores que tiene. En ese comienzo, Racing fue equipo corto y aguerrido que lo corrió y lo tapó a River por todos lados y que, además, tuvo cierto resto para llegar con peligro hasta el arco de Barbosa.

Pero el fútbol no se comenta desde lo hipotético. No importa “lo que pudo haber pasado si...”, sino lo que verdaderamente pasó. Y lo que pasó fue que en el segundo tiempo al modesto equipo de Caruso Lombardi lo desbordaron sus miedos e inseguridades. Temeroso de perder lo que tanto trabajo le había costado conseguir, dejó de morder en la mitad de la cancha como lo había hecho hasta allí con Zuculini, Yacob, Wagner y Leandro González y plantó bandera en su propia área con tres ideas muy claras: aguantar, aguantar y aguantar.

Recien allí, River se acercó a River. Su primer tiempo había sido desalentador, sin juego (Buonanotte no pudo gravitar por ningún lado y Fabbiani eligió fajarse con Aveldaño y Matías Martínez) y sin llegadas, salvo un tiro libre de Abelairas que Migliore descolgó de un ángulo. A los 13 minutos de la segunda etapa, entró Gallardo, salió Buonanotte y fue todo lo que Gorosito pudo hacer para mejorar a su equipo (debió quemar dos cambios por lesiones en la etapa inicial, Barrado por Augusto Fernández y Sánchez por Quiroga). En la última media hora, River empujó todo el tiempo, pero sin justeza ni claridad para resolver. Falcao vio el partido desde el banco pero no pudo entrar.

Aun así, el empate fue una posibilidad que flotó sobre el estadio casi hasta el pitazo final de Javier Collado. A los 31 minutos, el árbitro supuso que Caballero fingió una falta al borde del área grande y lo expulsó, dejándolo a Racing con uno menos en la cancha y miles de palpitaciones en las graderías. Fabbiani se cansó de bajar pelotas en el área académica, pero no hubo quien las pusiera dentro del arco de Migliore. Y en los dos últimos minutos, el arquero se diplomó como nuevo ídolo tapándoles un mano a mano a Rosales y un cabezazo a Ferrari. Con la vara implacable de la justicia en la mano, acaso lo más justo hubiera sido el 1-1. Pero a la hinchada de Racing no le importaron los merecimientos que su equipo pudo haber acumulado. El 1-0 se celebró como una final. Al fin y al cabo, eso fue el partido para uno y para otro.

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Pablo Lugüercio celebra su gol, que significó el tanto de la victoria de Racing.
Imagen: DyN
 
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