EL MUNDO › APOYAN SU REELECCION EN BRASIL A PESAR DE LOS ESCANDALOS DE CORRUPCION

Los más pobres, firmes junto a Lula

A siete días de las elecciones, en el nordeste pobre, el apoyo para el presidente ronda el 70%. Allí influyen más las políticas sociales del líder petista que las noticias comprometedoras que aparecen en publicaciones de la clase media.

 Por Darío Pignotti
Desde San Pablo

En agosto del año pasado, cuando su principal ministro y la cúpula del Partido de los Trabajadores (PT) fueron barridos por un caso de corrupción, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se replegó en el nordeste, donde se encuentran los mayores bolsones de pobreza brasileña. Fue el peor momento de su gobierno. Estaba literalmente solo. La oposición, con el ex presidente Fernando Henrique Cardoso al frente, pedía su juicio político y la prensa señalaba que en su desesperación Lula incurría en prácticas “chavistas”, como agitar al “povao” (pueblada) en actos organizados casi a diario en las poblaciones más recónditas.

Las encuestas de ayer indican que un nuevo escándalo que involucra a miembros de su entorno le ha costado algunos puntos a Lula, pero sin socavar su popularidad de cara a los comicios del próximo domingo. Ibope muestra al presidente con 47% de intención de voto, 2 puntos menos que en la última medición, y a su rival Geraldo Alckmin, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) con 33%, un crecimiento de 3 puntos. Para Datafolha Lula vencería a Alckmin por 49% contra 31%. Ambas pronostican un triunfo oficialista en primera vuelta, pero no descartan el ballottage. Eso ocurriría si el vencedor no superara el 50% de los votos válidos.

Si nuevas acusaciones se probaran en estos días, la tendencia a la segunda vuelta aumentaría. Ayer aparecieron dos. Una implica al gobierno, dado que un ex director del Banco do Brasil habría violado el secreto bancario de un empresario corrupto. La otra, publicada en la revista Isto E, compromete a la oposición con el contenido de las citadas cuentas, en las que se registraron millones de reales a favor de funcionarios del gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1994-2002).

La consultora Vox Populi, por su parte, muestra las preferencias electorales por regiones, de donde surge que el voto petista duro se afinca en el nordeste, donde Lula logra un 70 por ciento de intenciones, frente al 16 por ciento de Alckmin.

En general la explicación de los especialistas en opinión pública y marketing a la indiferencia popular ante la cuestión ética está en la baja escolaridad y poca información de esa franja social.

“Los pobres no alcanzan a entender”, afirman, la complicidad de hombres directamente ligados al Palacio del Planalto, en un caso de espionaje político para adquirir por 1,7 millón de reales (800 mil dólares) de dudosa procedencia una maleta con documentos que comprometerían a la oposición y, según se supo en las últimas horas, al propio PT con un esquema mafioso.

Hay otras interpretaciones sobre el voto lulista cautivo, que escapan a los análisis en tiempo real, para indagar en variables históricas.

El columnista Franklin Martins propone repasar lo ocurrido desde que Brasil, en 1989, volvió a celebrar elecciones libres. Fueron 17 años de frustraciones, pero al mismo tiempo de pedagogía política, que permitieron a los más desposeídos forjar opiniones propias. En 1989, por ejemplo, la influencia de los medios en la victoria de Fernando Collor de Melo sobre Lula fue, por lejos, mayor que en esta campaña: “Los diarios dirigidos a las clases A y B hace tiempo que no crecen y los que apuntan a la clase C están aumentando. Quiere decir que hay más gente llegando al mercado y a la ciudadanía”, explicó Martins. Para el columnista, el liderazgo político y simbólico de Lula influyó contra el efecto que los demógrafos llaman “la piedra en el lago”, es decir, la dispersión automática de las opiniones desde las clases dominantes hacia las subalternas.

Martins entiende que en la fidelidad popular hacia el nordestino Lula también cuentan razones objetivas, entre ellas las mejoras socioeconómicas impulsadas por la Bolsa Familia, que distribuye dinero entre unos 40 millones de personas. El programa, que la oposición considera “asistencialista”, ha impactado drásticamente en las condiciones de vida de quienes apenas consiguen satisfacer sus necesidades mínimas, especialmente en el nordeste, el segundo colegio electoral con 34 millones de votantes sobre un total de poco menos de 126 millones.

La polarización electoral entre ricos y pobres se confirma en la ventaja de Geraldo Alckmin en la clase A, donde vence por el 40% contra 32% de Lula. En ese segmento poblacional, mayoritariamente afincado en la región sur, es mayor el impacto de los escándalos de corrupción conjugado con un viejo recelo hacia el candidato petista.

Ayer abogados del PT del estado sureño de Santa Catarina presentaron una denuncia ante la Justicia electoral por “prejuicio y discriminación” contra Lula.

En los últimos días proliferaron las calcomanías con una mano de cuatro dedos atravesada por una franja roja. Es una alusión al no voto en Lula, que en sus tiempos de tornero mecánico perdió su meñique izquierdo.

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El presidente gesticula durante una reunión en el 2005, como si supiera lo que vendría.
Imagen: AFP
 
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